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Niegan el supuesto trastorno mental del acusado del doble crimen de Adeje: “Era consciente de lo que quería hacer”

Los profesionales del Instituto de Medicina Legal han coincidido en que la imputabilidad de Handrick no se vio "ni alterada ni disminuida"

Los forenses que evaluaron a Thomas Handrick, el ciudadano alemán acusado de matar a su mujer y su hijo mayor en una cueva en Adeje, han negado el trastorno mental transitorio alegado por la defensa y ratificado este martes por un psiquiatra y dos psicólogos en sendos informes periciales de parte.

En la sexta jornada del juicio que se celebra en la Audiencia de Santa Cruz de Tenerife, en el que el fiscal pide la pena de prisión permanente revisable, de una parte, los profesionales del Instituto de Medicina Legal han coincidido en que la imputabilidad de Handrick respecto al doble crimen no se vio “ni alterada ni disminuida”.

Sostienen que el acusado era consciente de la situación y de lo que “quería hacer” cuando presuntamente mató a Silvia y Jacob, y que no actuó impulsado “por voces” que solo él pudiera escuchar en su cabeza.

De otra, los profesionales contratados por la defensa han señalado que el acusado “no fue consciente o estuvo bajo el influjo de muchas” circunstancias, que son como “piezas de un puzle” que acaban encajando unas con otras. “Si sumo todas, blanco y en botella”, ha afirmado uno de estos especialistas.

Entre esas circunstancias aluden a la depresión de Handrick, a un trastorno esquizoide que le diagnosticaron tras someterlo a un test cuya fiabilidad es “mayor que un escáner”; a unos rasgos de personalidad que podrían desembocar en un episodio violento, a su situación de conflicto familiar y de aislamiento social o a su excesivo consumo de psicotrópicos.

La diferencia en las evaluaciones entre unos y otros es que los trabajadores del Instituto de Medicina Legal no pudieron entrevistarse con Handrick porque éste se negó por recomendación de su abogado, o lo hicieron parcialmente, pues el acusado no se refirió a lo que sucedió el día del crimen.

Por contra, accedió a ser examinado por los especialistas autores de los informes de parte más de un año después de que sucedieran los hechos, a quienes aportó un relato de los mismos que es el que repitió en la primera jornada del juicio.

En opinión de los profesionales del Instituto de Medicina Legal, el acusado lo construyó a su favor durante su estancia en prisión.

Cuanto ellos lo entrevistaron, “intentó controlar aquello que le beneficiaba de manera consciente” y trató de “adelantarse” a cuestiones que pudieran surgir en la conversación, siendo esquivo cuando le convenía.

Lo han calificado como una persona introvertida, con dificultad para exteriorizar sentimientos, como por ejemplo tristeza cuando les habló de su mujer e hijo fallecidos; con escasa empatía, egocéntrico, perfeccionista y con tendencia a culpar a terceras personas y a “distorsionar la realidad a su favor”.

Y han recalcado que a pesar de todos estos rasgos de personalidad no apreciaron indicios de trastorno de la personalidad ni ninguna patología que le llevara a “distorsionar la realidad” de lo que pasó aquel 23 de abril de 2019.

El psiquiatra contratado por el abogado de la defensa han hecho hincapié en que el día del doble crimen Handrick sufrió, al menos parcialmente, un síndrome serotoninérgico por la mezcla de hasta once medicamentos que toma para sus dolores crónicos de espalda, entre ellos morfina, y contra la depresión.

La mayoría de esos medicamentos son opiáceos, con posibles interacciones que pudieron aumentar sus efectos y provocar en el acusado alucinaciones, desorientación y disminución de la memoria, entre otros.

Un “cóctel de drogas” que, a su juicio, casa con el relato inconexo, con fases “delirantes”, del acusado sobre lo que sucedió aquel 23 de abril de 2019.

Y por eso sostiene que tenía sus capacidades intelectiva y volitiva “anuladas o muy disminuidas”.

Respecto a sus rasgos de personalidad, dos psicólogos han hecho hincapié en su carácter obsesivo en cuanto al orden y la limpieza se refiere, contradictorio con el “desorden” observado en el escenario del crimen: la cueva en la que fueron hallados los cuerpos de Silvia y Jacob.

Preguntado por el fiscal si es posible que Handrik pudo volver a su casa tras andar 10 kilómetros por un camino que él mismo reconoció angosto, teniendo ese grado de intoxicación que indica la defensa, con pérdida de estabilidad, desorientación y alucinaciones, el perito del Instituto de Medicina Legal ha indicado que no.

Como tampoco haber tirado a la basura su ropa manchada de sangre y atender a la Policía cuando se presentó en su casa.

De haber sido su estado como relata el propio acusado, tras haber ingerido todos los medicamentos que dice haber tomado ese día, “habría que haberle ido a buscar al monte”.

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