conversaciones en los limoneros

Antonio Tejera Gaspar: “Nos falta empuje para dar a conocer nuestras aportaciones a la historia”

Tiene un motón de libros publicados, de los que se ha hablado mucho en tantas ocasiones, pero quizá ustedes no conozcan su último trabajo: “San Cristóbal de La Laguna. El nacimiento de una ciudad entre dos siglos”
Antonio Tejera Gaspar junto a Andrés Chaves SERGIO MÉNDEZ

Es una delicia hablar un buen rato con el profesor Antonio Tejera Gaspar (El Río, Arico, 1946), catedrático de Arqueología jubilado de la Universidad de La Laguna. Premio Canarias de Patrimonio Histórico (2011), doctor honoris causa por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (2017) y Medalla de Oro de la Universidad de La Laguna (2018). Le agradezco a Antonio que lea con asiduidad mis artículos, según me ha confesado. Si yo trasladara aquí su currículo no habría entrevista, por lo que me guardaré de hacerlo. Sí diré que ha dedicado los últimos años a estudiar la relación de las culturas canarias con fenómenos similares en el Caribe y que, hace mucho tiempo, dejó en Tenerife a su esposa y a su hijo de ocho días para ejercer como profesor e investigador, en Sevilla y Huelva, del mundo fenicio y tartesio, que debe ser apasionante. Tiene un motón de libros publicados, de los que se ha hablado mucho en tantas ocasiones, pero quizá ustedes no conozcan su último trabajo: “San Cristóbal de La Laguna. El nacimiento de una ciudad entre dos siglos”. Yo me voy a ceñir a aspectos divulgativos de su trabajo y no meterme en el científico. Además, le comunico a Antonio mi convicción de que en su cabeza hay mucho de humanismo, pero también una enormidad de ciencia. ¿El arqueólogo es un científico al uso o acaso un cronista de lo antiguo? Ni él mismo me lo sabe responder; o mejor, me dice que “las dos cosas”. Y he aquí un hombre de una sabiduría contrastada, que se duerme cada noche con la radio puesta, que sabe como nadie de guanches, bimbaches y de las otras culturas insulares, que los ha estudiado a fondo y que es una autoridad mundial en los poblamientos prehispánicos de Canarias. Y, por supuesto, en el mundo tartesio y fenicio, como he dicho al principio. No me olvido de los viajes de Colón, que ha estudiado al milímetro. Pero primero voy a hablar de La Laguna.


-¿Por qué un libro sobre La Laguna?
“Cuando salgo por las tardes de mi casa, a lagunear, mi mujer me despide con una frase: “A ver cuántos agujeros descubres hoy”. Pero para mí es apasionante”.


-El libro no está en las librerías.
“No está en las librerías. Pero supongo que el Instituto Canario de Desarrollo Cultural lo distribuirá adecuadamente”.


-Lagunear, qué bonito término.
“Sí, y tiene un gerundio, que es laguneando, pero le falta un sustantivo, que es laguneante, aludiendo al que pasea por La Laguna, como yo”.


-Una tarea apasionante. Cada día, una cosa nueva.
“Lo es. Este libro es el fruto de mis reflexiones, de mis estudios sobre los viejos y los nuevos nombres, de mis lecturas, de mis consultas bibliográficas, dando rienda suelta a la curiosidad del historiador”.


-Muchos autores te han antecedido en la crónica lagunera.
“Claro, Rodríguez Moure, Adrián Alemán, Alejandro Cioranescu. Me pidieron un informe sobre La Laguna y aproveché.¿Tú puedes creer que don Elías Serra Ràfols, el famoso catedrático lagunero, un auténtico sabio, no tiene un busto en La Laguna?”.


-Tuve el honor de conocerlo y de asistir a sus charlas y a algunas de sus clases.
“Pues sus discípulos Manuela Marrero y Leopoldo de la Rosa, otros dos ilustres profesores e investigadores de nuestra historia, tampoco han sido reconocidos públicamente. Y no hay derecho, porque ellos lo publicaron todo”.


-¿Cuándo podemos decir que se fundó La Laguna?
“Pues esta es una de las grandes fechas de mi libro. Lo descubrí cotejando informaciones de Viera y Clavijo. Y concluyo que fue el día del Corpus Christi de 1496; esto es, a finales de mayo de ese año, terminada la conquista de la isla de Tenerife. El 20 de enero de 1531 recibe el título de ciudad”.


-La historiadora Maisa Navarro, a la que yo le tengo mucho aprecio, se extraña de que no fuera amurallada, como otras urbes fundadas en su tiempo.
“La Laguna estaba en el interior y no se encontraba expuesta a los ataques por mar. Leonardo Torriani, que fue enviado a Canarias por Felipe II para estudiar y emplazar sus defensas, dijo, además, que “al ser (La Laguna) tan grande y desordenada costaría demasiado su fortificación”.


(La historia de La Laguna, “una ciudad de conventos” como la llama en su obra el profesor Antonio Tejera Gaspar, es apasionante. Y la bibliografía consultada para escribir “otra” historia de la ciudad, como él ha hecho, yo la catalogaría de trabajo monumental, a pesar de sus solo 111 páginas. “Yo me considero un adoptado”, me dice, “pero vivo en La Laguna muy a gusto, a pesar de haber nacido en El Río de Arico, a donde voy de vez en cuando, porque no es malo recordar la infancia y la juventud de uno”. La Laguna es, en su origen urbano, una dípolis, con la Villa de Arriba, en el Lomo de la Concepción, y la Villa de Abajo, hoy zona de la Plaza del Adelantado).


-Dejemos, si te parece, La Laguna, al menos de momento. Y vamos a saludar a los guanches. ¿Cuándo se inició el poblamiento prehispánico?
“El descubrimiento de las Islas se produjo en el siglo I antes de Cristo. Y el poblamiento duró desde finales de este siglo I a.C. a mediados del siglo I después de Cristo. Abreu y Galindo ya lo dijo, que los primeros habitantes fueron traídos y desterrados de sus tierras, en el norte de África, apartados de ellas por los romanos”.


-Y abandonados aquí a su suerte.
“Las Islas Canarias eran muy conocidas por los estudiosos y navegantes de la época. Existen datos evidentes de que su descubrimiento se remonta al citado siglo I antes de Cristo. Y a los guanches los soltaron aquí, tras las insurrecciones indígenas en el norte de África, con cabras, ovejas, cerdos y perros. Tampoco abandonados a su suerte”.


-¿Poseían algún bagaje cultural?
“Hubo avances, tras llegar a Canarias, aunque ya tenían ciertos conocimientos y en según qué islas el desarrollo fue más rápido. En donde más, en Gran Canaria. Su relación con el territorio necesitaba un equilibrio y una dignidad. Comían todos los derivados de los animales, además de setas y raíces de helechos, pescaban en zona costera exclusivamente, mantenían una cierta organización y respetaban la jerarquía”.


-¿Eran gente pacífica o guerrera?
“Las fuentes dicen que los problemas entre pueblos se limitaban a asuntos de pastos y de robos de animales, pero eran escaramuzas, nunca podrían catalogarse como guerras”.


-En el caso de Tenerife, ¿quiénes fueron los jefes preponderantes?
“Hubo varios, pero parece que los más fuertes, los de mayor influencia fueron Bencomo por el norte y Añaterve por el sur. Luego existían jefes vamos a llamarlos secundarios, con menor influencia entre la población”.


-En la historia del poblamiento las investigaciones del profesor don Juan Álvarez Delgado resultan fundamentales.
“Él investigaba en soledad, pero el tiempo y el progresivo conocimiento científico de los hechos le ha dado la razón. Naturalmente que nosotros, los autores de “Bereberes contra Roma” (Le Canarien, 2018, profesores Antonio Tejera Gaspar y Alicia García García) planteamos diversas alternativas, a partir de los datos que se poseen”.


-Vamos a ver, profesor, ¿eran los guanches unos seres escuálidos o se trataba de individuos fuertes y bien alimentados?
“No, de ninguna manera eran seres escuálidos, como tú dices. La bio-antropología nos ayuda a determinar que en sus cuerpos había restos de proteínas, o sea que comían carne, que bebían leche de cabra y que seguían una dieta equilibrada. Los que nos hemos criado en medios rurales sabemos mucho de esa alimentación”.


-¿Cuál consideras tu mayor logro en las investigaciones que has realizado?
“El estudio de los grabados rupestres en la isla de Tenerife, junto a Rodrigo de Balbín. Y descubrimientos posteriores. La escritura líbico-bereber es un indicio de la procedencia de nuestro pueblo. Son muy importantes también los grabados hallados en Gran Canaria y en El Hierro”.


-¿El mítico árbol Garoé existió, Antonio?
“Sí, claro, un rayo lo destruyó en 1637, pero queda un entorno magnífico, lleno de pocetas artificiales; de ellas se proveían los habitantes de la isla de El Hierro de agua fresca y limpia. No hay secretos: el árbol herreño estaba situado en la entrada del alisio, en la cota de los 600 metros, y atraía la humedad. Ahora queda un paisaje bellísimo, con esas pocetas llenas, en una zona húmeda de gran belleza, aunque el árbol sea otro”.


-¿Colón se llevó a América alimentos de Canarias?
“Claro, sobre todo en el segundo viaje, el de las 17 naves, en 1493. Iban unas mil quinientas personas que recalaron en Gran Canaria y en La Gomera. Y se llevó para América cabras, ovejas, cerdos, vacas, gallinas, naranjas. Recuerdo que en un congreso celebrado en Santo Domingo, un famoso antropólogo, el doctor Fernando Luna Calderón, se acercó a mí para confesarme, cuando yo expuse esto, que nunca habían sabido que esos animales fueron traídos de La Gomera a La Española”.


-El puerto de Palos se lleva la fama. Pero, ¿y La Gomera?
“Es verdad. Colón no partió de Palos –ya se conoce la ubicación exacta de ese embarcadero— para descubrir América. Partió de La Gomera, que fue la última tierra dependiente de la Corona de Castilla desde la que salieron sus naves. Deberíamos reivindicar más y mejor el papel de la isla de La Gomera, y de nuestra historia en general, en el Descubrimiento de América”.


-Y, además, el almirante tuvo amores con doña Beatriz de Bobadilla. Lo digo por hacer algo de crónica rosa.
“Bien, lo dice la leyenda, sin que yo tenga que poner ni quitar nada. Beatriz de Bobadilla era la gobernadora de la isla de La Gomera, esto está claro, y también que conoció a Colón. Ya lo ha contado don Antonio Rumeu de Armas mejor que nadie”.


-Quieres decir que nos falta empuje para reivindicar nuestro papel en el Descubrimiento.
“Efectivamente, nos falta empuje y nos falta divulgar las aportaciones hechas por los canarios y por Canarias a la historia. Seguir el ejemplo de la Casa de Colón de Las Palmas, en donde puede verse, incluso, una reproducción de una de las carabelas de Colón, La Niña”.


-Y eso que tenemos grandes historiadores en Canarias. ¿Por qué no se promociona más su obra?
“Por supuesto y cito a dos, pero hay otros, muy interesantes, muy rigurosos. Cito a dos para ponerlos como ejemplo, don Antonio Ruméu de Armas y don Francisco Morales Padrón, que ejerció la docencia en la Universidad de Sevilla, donde yo lo conocí”.


-¿Reconocemos a nuestros historiadores? ¿No es preciso ponderarlos más?
“No, no los reconocemos como se merecen. Este no es, habitualmente, un pueblo agradecido. Ya te dije al principio de nuestra conversación que don Elías Serra Ràfols no tiene un busto en Aguere, algo que recuerde su paso por la Universidad de La Laguna y su magisterio”.


-Vuelvo brevemente a tu interesantísima crónica histórica de La Laguna. Hablas de la horca y de la picota.
“Sí, eran instrumentos de castigo. Fíjate que la picota se encontraba en la plaza del Adelantado. Solían ser columnas de piedra sobre las que se exponían a los reos ejecutados por el poder civil, o simplemente sus cabezas”.


-¿Y cuándo podrá la gente acceder a este libro tan interesante?
“Supongo que estará bien distribuido en los próximos meses porque yo creo que San Cristóbal de La Laguna se merece esta recopilación sobre su trayectoria y también las aportaciones que yo haya podido hacer a su historia, basándome en mis propias investigaciones y reflexiones”.

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