cultura

Conversación inédita con el padre literario de Pepe Carvalho en el 50 aniversario del mítico detective (I)

Entrevista a Manuel Vázquez Montalbán, periodista y novelista fallecido en 2003
Manuel Vázquez Montalbán, periodista y novelista fallecido en 2003
Manuel Vázquez Montalbán, periodista y novelista fallecido en 2003

Cuando lo entrevisté en 2001 (murió en 2003 en Bangkok), supe por José Ángel Ezcurra, el histórico director de la revista Triunfo, que el autor de Galíndez vivía al galope, tras los achaques del corazón, al sentir que la muerte le pisaba los talones. De ahí que ahora que se cumplen 50 años de su mítico Pepe Carvalho, protagonista de la célebre saga negra del recordado novelista y periodista catalán, repaso con cierto escalofrío aquella entrevista que le hice cuando le restaban dos años de vida. Un circunspecto y, a ratos, bienhumorado MVM me habla de la heurística de su bigote: influido por el de Mastroianni (en Sostiene Pereira), granulado de pelos blancos, “como gusanos premonitorios”, se lo había rasurado. Luego derivamos hacia el barbudo Bin Laden, por entonces vivo, inasequible para un “detective peatonal” como Pepe Carvalho. MVM llegó a la cita con 62 años, ya centenario en libros, con fama de no dormir y escribir a todas horas, salvo los fines de semana de dolce far niente en que aquel columnista comunista de buen apetito cocinaba para los amigos. MVM, neólogo de apodos, nunca iba solo, era muchos heterónimos a la vez; o sea, que me senté a hablar con el consistorio al completo: con Sixto Cámara, Manolo V El Empecinado, Luis Dávila, José Ortega o Gasset, Manuel Sánchez Montalbán, ‘Jack el Decorador’… De pronto (¡ah, con aquel pathos futbolístico de izquierdas!), sacó la mirada de culé socarrón y confesó el calvario de las ligas in extremis de Cruyff en Tenerife. Éramos dos asiduos de Cuba, yo había devorado su libro Y Dios entró en La Habana sobre la visita del papa Juan Pablo II a Fidel. En la Selva Lacandona, de Chiapas, conoció al guerrillero universitario Subcomandante Marcos que desafiaba al poder en México bajo un pasamontañas y escribió otro libro sobre el encuentro. Se echa de menos al planeta MVM, su diegética ironía. Hoy tendría 83 años de edad y casi 60 de poeta.

El autor compulsivo de obras fundamentales se presentó ante mi aquel 20 de noviembre de 2001 sin poder disimular que los personajes le daban vueltas en la cabeza; eran la fauna de Erec y Enide, la que iba a ser última novela. Hablaba como si escribiera columnas en Interviú o El País y demás publicaciones de su progenie.

Ajenos los dos al desenlace que le aguardaba al cabo tan solo de un par de años, hablamos de la vida como si fuéramos a extendernos, de la literatura y cocina y hasta del fútbol como ficción culé, el fútbol fantástico de Cruyff. Y de las ligas…

¡Ah, las ligas de Tenerife! –dijo atendiendo mi insinuación

Las ligas de Tenerife eran los dos títulos que el Dream Team del holandés había alcanzado, a comienzos de los 90, gracias a las consecutivas victorias locales en la isla ante el Madrid. MVM todavía sufría al recordarlo.

¿Por qué pasamos a hablar del fútbol a la guerra, haciendo buena la máxima de que ‘el fútbol es la guerra por otros medios’, parafraseando a Clauwsewitz? No lo recuerdo bien, pero Montalbán se explayó sobre los talibanes (había escrito acerca de ellos un artículo esos días en El País), el conflicto de Afganistán, los periodistas en el frente bélico y aquel prófugo invisible que (si creemos a Obama) acabaría en el fondo del mar, Bin Laden… Al de Al Qaeda le quedaban diez años de vida, a MVM tan solo dos. En la respuesta, Montalbán especuló sobre la muerte del terrorista que era la pesadilla del mundo.

-¿Qué le sugiere Bin Laden?
“Los talibanes no son amigos de nada, del fútbol, de las canciones…, pasarán a la historia como uno de los representantes máximos de la intolerancia y el sectarismo. La propaganda y esta guerra espectacular de simulacro han convertido a Bin Laden en una especie de Dr. Fu Manchú, o de Dr. No, o de Capitán Nemo, para reflejar a héroes ocultos que quieren el control mundial desde un lugar secreto. Me parece completamente irrisorio que el problema se reduzca a eso, a que hay que capturar a Bin Laden, derrotar a los talibanes y que, muerto el perro, se acabó la rabia. No, no, eso no es cierto, y, por lo tanto, el que quiera creérselo, quiere engañarse.”

El periodismo y la guerra

Le comenté algunos casos de periodistas abatidos en emboscadas afganas aquel mismo año (2001), como Julio Fuentes, de El Mundo, que había escrito en su última crónica: “No soy un héroe, pero necesitaba pruebas de que Bin Laden, tal como afirmó el pasado 10 de noviembre, tiene en su poder armas químicas y nucleares”. Y, al parecer, las vio con sus ojos en el campamento al que tuvo acceso. De periodismo y guerra, por tanto, continuó hablando:

“El periodismo tiene muchas razones para sentirse insatisfecho con las últimas guerras, porque han metido a los periodistas en una especie de laberinto formado por biombos y no les han permitido acercarse a las zonas donde se estaba cociendo realmente el conflicto. Piense usted que la retransmisión de la Guerra del Golfo parecía más bien una batalla de marcianitos en un bar. Solo veías signos luminosos, no se veía un muerto, un cadáver, absolutamente nada. En este caso se ha podido ver algo más por la rara competencia que estableció la cadena de Qatar, Al Yazira, con la CNN. No hemos visto todavía una escena de destrucción condicionada por bombardeos de Kosovo por parte de la OTAN. Está dentro de los programas de las guerras calculado el que no llegue al público, sobre todo a nuestro público, la imagen de la destrucción y de la muerte, no fueran a pedir la suspensión de los enfrentamientos, como ya ocurrió en la etapa final de la guerra de Vietnam. Cuando empezaron a ver que un general podía saltar la tapa de los sesos a un preso, o cómo una niña podía salir corriendo incendiada por el napalm. Eso se convirtió en un argumento para que la guerra se terminara.”

-Esa niña vive, es una prueba de cargo.
“Sí, es una mujer, y va por el mundo enseñando sus heridas ostensibles.”

Los gusanos del bigote

-¿En qué guerra perdió usted el bigote?
“En una guerra contra el espejo. Hicieron un reportaje póstumo, pocos días después de la muerte de Mastroianni, de la etapa en que estaba filmando en Lisboa Sostiene Pereira. Y al hombre, al que ya se le notaba la cara de enfermo, le había salido uno de esos bigotes horribles de pelos blancos, que son como gusanos premonitorios. Y me fui al espejo y me lo afeité. Me estaban saliendo pelos blancos en el bigote; en cambio, en la cabeza, no es solo que no tenga pelos, los pocos que tengo no son blancos.

-¿Recuerda cuando firmaba como Jack el Decorador?
“Lo recuerdo muchísimo, porque era la única oportunidad de trabajo. Como expresidiario y condenado por un tribunal por rebelión militar, no podía entrar en la prensa normal y corriente de la época. Intentamos montar una revista, que se llamó Siglo XX, y Fraga nos la cerró a los seis meses. Y solo me quedó esa vía de escribir en una revista de decoración (Hogares modernos), no sabiendo yo absolutamente nada del tema, y acabé escribiéndola entera. Ahí firmaba una sección como Jack el Decorador.”

-Ha tenido otros muchos seudónimos. Desde mi época de colaborador en la revista Triunfo, usted es para mí Sixto Cámara, por ejemplo.
“Sí, y he sido Manolo V El Empecinado, Luis Dávila…”

-Luis Dávila era el cronista deportivo.
“En efecto. En Por favor, como era una revista de humor, rizábamos el rizo, y ahí me llamaba José Ortega o Gasset.”

-Manuel Sánchez Montalbán…
“Eso fue en Mundo Obrero”.

-Usted hizo sucesos en un periódico. ¿Ahí nació Pepe Carvalho?
“No, lo que ocurrió es que en la etapa en que hacía prácticas, al acabar en la Escuela de Periodismo, el único medio en el que me aceptaron (porque ya me habían detenido una vez) fue, curiosamente, Solidaridad Nacional que era un diario del Movimiento, que usurpaba los talleres de ‘Solidaridad Obrera’, pero que aún conservaba personal anarquista, que había sido más o menos colaboracionista con el franquismo. Y un redactor jefe que me tenía aprecio, o consideraba que yo tenía futuro, me metió allí para hacer unos trabajos, pero llegó un momento en que hubo presión de la empresa y presión policial, y me trasladaron a La Prensa, para hacer solamente sucesos. Entonces, yo me encontraba en la siguiente tesitura: organizar con otros manifestaciones contra el Régimen, secundarlas durante unas cuantas calles, después apartarme de la manifestación e ir a la Jefatura Superior de Policía, recoger los sucesos del día y seguir en la manifestación. Menos mal que, cuatro meses después, el director me dijo, “si quieres pertenecer a la plantilla tienes que tener el carnet de la Falange”, y entonces le dije que mi capacidad de disimulo no llegaba a tanto.”

Pepe Carvalho nació en la cárcel

-¿Y el germen de Carvalho fue antes o después?
“Sobre todo, fue en la cárcel. Primero vivir La Modelo, a comienzos de los 60, que era un aquelarre tremendo y más subdesarrollado que las cárceles de hoy día, o luego vivir en una cárcel agrícola, como la de Lérida, y que te pille allí la tramitación de las solicitudes por un indulto general, lo cual significa que como eres de los pocos que sabe escribir tienes que redactar las instancias de todos los presos, y cada cual te cuenta su vida, y eso es un tesoro de información extraordinaria. A veces, el paso de ser una persona normal a ser un delincuente, es un paso que ni siquiera das cuando mueves un pie, se entra en la delincuencia sin darte cuenta.”

-Si usted fuera Pepe Carvalho y no MVM, qué haría para detener a Bin Laden y cobrar la recompensa?
“Es que eso ya nos mete en el terreno de la superproducción de Hollywood, y Carvalho es un investigador peatonal; conserva un coche, pero de tercera o cuarta mano. Y capturar a Bin Laden significa movilizar a ejércitos, tanques, radares, satélites dirigidos, etc., y movilizar a todo un ejército de nativos para acabar la faena. Porque los que han preparado el comistrajo no se exponen. Y, claro, no está al alcance de Carvalho. Quizá aprovechando un momento en que Bin Laden pase, si no lo matan, a una vida menos oculta, se las podría ingeniar. Bin Laden pertenece a ese tipo de personajes que acaban creyéndose su caricatura y acabará pareciéndose a la caricatura que han hecho de él.”

-El hombre de las largas barbas…
“El hombre de las largas barbas y ese joven guaperas de estudiante rodeado de muchachas. Y, finalmente, ese santón muy bien enfocado, que ha transmitido una imagen como de santo islámico, que puede hacer la competencia al propio Mahoma. Surgirán movimientos que cuestionen que Mahoma sea el único profeta de Alá, porque le ha surgido un competidor en Bin Laden, y a eso ha contribuido muchísimo la propaganda norteamericana.”

La vida es una tómbola en la selva de Marcos

-¿Los líderes ya no son lo que eran? ¿Qué separa al Subcomandante Marcos del Che?
“La diferencia que hay entre Marcos y el Che es que el Che quería ocultarse, no salir nunca en televisión, porque se basaba en una guerra de guerrillas de ocultación, y Marcos, que empezó con una línea guevarista, como sus compañeros de Universidad, prácticamente exterminados, acaba descubriendo que, de vez en cuando, lo más rentable es reaparecer y lanzar un mensaje, porque te conviertes en una realidad mediática y si no, no eres. Yo creo que si el PRI paró la orden de cargarse al zapatismo, costase lo que costase, al comienzo de la insurgencia, fue al ver el eco mediático que había alcanzado. Ellos lo saben y usan mucho Internet para comunicarse con la red zapatista del mundo entero. Marcos es un comunicador excepcional…”

-Usted lo conoció.
“Estuve con él en la selva, y fue como encontrarte con un profesor no numerario de los años 70, con un nivel intelectual excelente, con un nivel de lecturas magnífico, con un sentido del humor extraordinario, con una capacidad de autoironía notable y que, además, es capaz de cantar ‘La vida es una tómbola’, de Marisol, en la selva por la noche. Era un producto muy extraño. Su discurso era muy interesante. Decía que ellos no iban, en realidad, a hacer ninguna revolución, que eran un grupo de rebeldes, pero lo que estaban provocando era que la sociedad civil mexicana reflexionara sobre qué significaba el PRI, qué significa una representación escasa de la democracia y que pensaran, además, que si ellos participaban escasamente en la democracia, 10 millones de indígenas no participaban nada y un 50% del país estaba en niveles de pobreza extrema. El problema de Marcos es hasta qué punto puede liberarse o no de la carga que presupone seguir manteniendo la representación teatral de la selva. Hasta qué punto eso no se haya quemado y entonces se tendría que ver su futuro político.”

Fidel, el Papa y el apagón

-Marcos, el señor de los espejos es su libro de aquel encuentro. Y Dios entró en La Habana es el que escribió sobre la visita de Juan Pablo II en Cuba…
“En aquel viaje no hablé con Fidel, en otras ocasiones sí. Me interesaba mucho más lo externo, el aparato que se montó. Fue un montaje extraordinario del castrismo. Si hubo algún beneficiario de este viaje fue Castro. Rompió el bloque de Miami, los dividió, porque se pronunciaron de distinta manera, se abrió a todas las televisiones del mundo. Fidel pareció una enfermera de la Cruz Roja al lado de un viejecito venerable, lo ayudaba continuamente; generó una participación ciudadana que presentó como una decisión adoptada libremente… El espectáculo yo creo que fue una inyección de futuro para el propio castrismo, que le sacó un partido mediático extraordinario. Desde ese punto de vista del futuro, del más allá de Castro, fue una oportunidad excepcional, por cuanto la Iglesia midió sus fuerzas, sobre su papel en la transición.”

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