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Máximo Huerta: “Las buenas historias también se pueden encontrar en cada rellano, en cada casa, en cada familia”

El escritor y periodista valenciano presenta el próximo viernes en el Centro Cultural El Sauzal su novela 'Adiós, pequeño', con la que ha obtenido el premio Fernando Lara
Máximo Huerta. / Fernando Andrés

Máximo Huerta (Utiel, Valencia, 1971) estará el próximo viernes, 22 de julio, en Tenerife. El Centro Cultural El Sauzal será escenario, desde las 18.00 horas, de la presentación y firma de ejemplares de Adiós, pequeño, una obra con la que ha obtenido el Premio Fernando Lara de Novela 2022. En un acto promovido por la Librería Barco de Papel, en la que se pueden retirar las invitaciones hasta completar el aforo, compartirá con el público este relato que, más que de autoficción, se sitúa, así él lo entiende, en la literatura de proximidad.

-En las entrevistas le suelen preguntar por la primera frase de su novela: “Mi madre habría sido más feliz si no hubiera nacido”. Vamos a intentar formular la pregunta de otra forma. ¿Cómo de diferente era la idea de felicidad de esas personas que usted retrata en ‘Adiós, pequeño’ a la que tenemos hoy?
“La felicidad entonces había que construirla de otra manera. A veces había que buscarla entre las rendijas. Muchas personas fueron felices en aquel tiempo, sin lugar a dudas, pero también está claro que la capacidad de elección y de decisión de esas generaciones era mucho menor que la que tenemos ahora. El qué dirán, el pueblo, la calle… Todos convivían en círculos estrechos, todo resultaba mucho más difícil que ahora”.

-¿Es posible acercarse al pasado, para explicarlo, pero también para explicárselo a uno mismo, y salir indemne? ¿El ejercicio literario marca la suficiente distancia como para que la memoria no resulte dolorosa?
“No salimos indemnes de nada. Ni de todo lo que hacemos ni de la vida en general. Cada cosa, cada hecho, cada situación nos marca. Pero volver atrás resulta en ocasiones necesario para saber mejor de dónde venimos. Además, en este caso, si con ello he podido construir una novela en la que otros se van a ver reflejados, pues bienvenido sea ese viaje hacia el pasado”.

“La infancia es eterna, no se acaba nunca; está siempre en nuestra cabeza y marca toda nuestra trayectoria en la vida”

-Ahora que se habla tanto de autoficción, usted prefiere hacerlo de literatura de proximidad. ¿Qué importancia han tenido los recuerdos y qué peso la imaginación para construir esta novela?
“La imaginación siempre es muy necesaria. Deberíamos entrenarla cada día como si fuésemos niños, como si fuera un ejercicio. Como correr, montar en bicicleta o cualquier otro deporte que practica hoy la gente. La imaginación hay que entrenarla. De niños surge de manera natural, pero de mayores tenemos que ejercitarla. Porque nos acostumbramos a todo y no deberíamos”.

-Mientras uno lee ‘Adiós, pequeño’, usted escribe que la está escribiendo. Como si fuera un diario. ¿Cuándo tuvo claro que la novela se iba a construir a partir de ese juego literario?
Adiós, pequeño es una novela que me ha invadido. Jamás pensé que la publicaría. Es una obra que se fue haciendo muy poquito a poco. Tardé en ser consciente de que la estaba escribiendo. Me ha invadido y me he dejado invadir, escribiéndola desde las tripas o desde el corazón, como se prefiera. El hilo narrativo responde a algo que ya hicieron antes otros escritores más grandes que yo. Lo hizo, por ejemplo, Juan Ramón Jiménez con Platero y yo, un autor y una obra que para mí son referentes. No me gusta el término autoficción para esta novela porque, por ejemplo, eso nadie se lo dijo a Hemingway cuando publicó París era una fiesta, ni a Proust cuando escribió En busca del tiempo perdido. No, los escritores buscamos buenas historias, que nos son más cercanas o más lejanas. A veces los relatos están muy próximos a ti y otras se hallan más distantes y entonces buscas documentación. En este caso, me di cuenta de que no tenía que irme muy lejos. Puedes encontrar buenas historias en cada rellano, en cada casa, en cada familia”.

-¿Y cómo acaba uno tras escribir un relato que, como afirma, le invadió?
“Sobre todo, he acabado satisfecho. Absolutamente satisfecho, diría. Con el resultado, con el Premio Fernando Lara de Novela que ha logrado, con la acogida que ha recibido de tantos lectores, con el abrazo que está teniendo… Por todo esto, de alguna manera, Adiós, pequeño me reconecta con esa faceta de escritor, de contador de historias que me hace tan feliz”.

-La infancia, y también lo que hace el tiempo con ella, está muy presente en toda la novela.
“La infancia es eterna, no se acaba nunca. Dura muy poco, pero en realidad está para siempre en nuestras cabezas. El peso de la infancia marca toda nuestra trayectoria en la vida”.

“Esta novela me ha reconectado con esa faceta de contador de historias que me hace tan feliz”

-¿Qué balance haría hoy ese niño del que habla en el libro?
“Creo que estaría contento”.

-¿Y ya en ese tiempo pasado a ese persona le gustaba contar historias o fue un hábito que adquirió de mayor?
“Siempre le ha gustado contar historias. En la casa del pueblo escribía un montón de cuentos, que grapaba, les hacía unas cubiertas… Eso siempre ha formado parte de mi recorrido. De hecho, también fue la razón de que decidiera estudiar periodismo, porque me parecía lo más cercano a ser escritor: tenemos las mismas herramientas, las palabras. Muchos escritores han sido antes periodistas”.

-Me gustaría saber cómo se desarrolla en su caso la actividad literaria. ¿Existe un trabajo previo, un diseño exhaustivo de la estructura o más bien parte de unas pocas ideas que le van conduciendo a lugares que no imaginaba que iba a visitar?
“Todos los días escribo. Tengo inicios de novelas, desarrollos de diálogos, posibles argumentos… Cada día me pongo frente al ordenador o ante las libretas en las que voy haciendo la arquitectura de una novela. Cuando tengo claro cuál va a ser su desarrollo, me dejo llevar y sigo adelante… Pero necesito saber qué va a pasar. Soy un escritor de mapa, me gusta tenerlo todo bien fijado con chinchetas hasta el final”.

-¿Hay muchas historias que relega, que finalmente se quedan por el camino?
“No. En cuanto una me agarra, me pongo a trabajar, y disfruto. Mientras, voy construyendo escenarios, personajes, diálogos…”.

-El próximo viernes estará presentando su novela en Tenerife. ¿Cómo vive estos encuentros con los lectores, eso de poner rostro a quienes leen sus obras?
“Además, en El Sauzal, en un acto organizado por la Librería Barco de Papel. Ya casi solo por ese nombre, estoy deseando ir. Un barco de papel para mí es algo muy importante, lo llevo tatuado. Para mí las novelas realmente adquieren tres dimensiones cuando te encuentras con sus lectores. Cuando te reúnes con un lector, con una lectora, surge una especie de intimidad improvisada: cuando te comenta que tu libro le dice algo, que le recuerda en algo a su vida, que le ha llegado, cuando te muestra un ejemplar subrayado… Las novelas sin lectores son cartas sin destinatario, cartas no recibidas. Así que en el momento en el que conoces a los destinatarios de lo que has escrito es cuando todo cobra importancia, porque siempre escribes para que te lean”.

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