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Personas sin hogar y con problemas de salud mental en Tenerife: “Ni son más violentas que el resto ni hay que internarlas a todas”

La falta de información, el estigma y los prejuicios nos hacen actuar, en muchas ocasiones, de la forma menos correcta: "Los que peor lo pasan son ellos"
Personas sin hogar y con problemas de salud mental en Tenerife
Imagen de recurso de una persona en situación de sinhogarismo. Shutterstock

Las personas sin hogar con problemas de salud mental no son más violentas que el resto. En algunos momentos de crisis, pueden tener comportamientos más excéntricos que a los demás nos pueden dar miedo, pero en muchas ocasiones son ellas las que están aterradas y lo pasan peor. “Hay una parte de estigma y falta formación y sensibilización”, subraya Rita López, trabajadora social de AFES Salud Mental. La exclusión se agrava para los perfiles de patología dual: usuarios que, además de su problema de salud mental, padecen adicción a alguna sustancia. Y es que la escasez de programas y protocolos específicos impide a la mayoría de ellos el acceso a las viviendas supervisadas de la red de salud mental. “Al final, se quedan en un limbo donde nadie termina de unir fuerzas para hacer una atención adecuada”, apunta, por su parte, el coordinador de la Unidad Móvil de Atención en Calle (UMAC), José Antonio Díez.

El sinhogarismo en Tenerife se aglutina en el área metropolitana, si bien es un problema que afecta a todos los municipios. De hecho, la exclusión residencial extrema afectó a 2.738 personas en la Isla en 2022, según ha podido constatar Cáritas Diocesana de Tenerife. “La gente va a donde están los recursos especializados”, comenta López. Por ello, es más habitual encontrarnos en las calles de Santa Cruz y La Laguna a personas en esta situación e incluso una parte de ellas, las que además sufren problemas de salud mental, pueden mostrar su sintomatología, ya sea vistiendo de una forma excéntrica, hablando solas o gritando sin motivo aparente. El estigma y la falta de información hace que muchas veces “en lugar de avisar al 1-1-2 y decir que no se encuentra bien, se llame a la policía y se trate el caso desde una óptica coactiva y no centrada en el cuidado de la salud mental”, insiste la trabajadora social.

¿Por qué no se les interna?

Algunos se preguntan por qué no se interna a la persona en un centro especializado. Y la respuesta es que se trata de un proceso arduo, no solo médico sino judicial, con el que se debe proteger sus derechos. “Para hacer un ingreso psiquiátrico involuntario tiene que haber una evidencia clara de que está poniendo en riesgo su vida o la de los demás”, explica la trabajadora social de AFES. “Yo puedo ver que tiene un comportamiento muy excéntrico, que por ejemplo está desnudo en la calle, pero eso no supone un peligro”, añade. Lo correcto para los dos expertos consultados por DIARIO DE AVISOS sería analizar cada caso y trabajar en la mejora de la coordinación entre los diferentes servicios sanitarios y sociales, pues la mayoría de las veces se hace frente al problema con el ingreso en urgencias y, obviamente, el hospital no es un recurso alojativo. Asimismo, no hay que perder la perspectiva de que cuando una persona está en medio de una crisis, sufre. “Habría que abrir un debate sobre lo que significa una situación de peligro para uno mismo”, asevera Rita López.

Si acaba en urgencias y no tiene un problema de salud mental grave, como los mencionados anteriormente, deja de tener acceso a un sistema de mayor estabilidad. “No lo van a poner en planta de agudos ni lo van a derivar a un centro alojativo específico”, sostiene el coordinador de la UMAC. “Al final, le ponen en la puerta de la calle con el alta y, si se niega a tomar la medicación, simplemente se va”. Dicho de otra manera: vuelve a quedar en situación de calle sin estar vinculado a recursos especializado. ¿Qué ocurre con los que tienen depresión o ansiedad? Díez comenta que “el propio Sistema Nacional de Salud se ha posicionado en una atención casi exclusiva de las esquizofrenias y la bipolaridad. Y esto significa que cualquiera con una depresión crónica, un trastorno límite u otro tipo de patología recibe una asistencia externa a las unidades de salud mental”.

No diagnosticados

Parte de las personas que se encuentran en situación de calle y tienen enfermedades de salud mental ni siquiera están diagnosticadas. Y esto es algo que complica aún más su realidad, principalmente porque no tienen acceso a una medicación que es fundamental para evitar posibles crisis. Asimismo, “si no tienen un vínculo con algún profesional o entidad, no van a poder solventar ese problema”, asevera Rita López.

Además, pedir una cita con el médico de cabecera para que les deriven a la unidad de salud mental se convierte en toda una odisea para los profesionales que trabajan a diario con este tipo de perfiles. Y es que “cuando uno vive en la calle, debe apagar fuegos y sobrevivir”, señala la trabajadora social de AFES. “Debe haber un enfoque de intervención de todas las personas que trabajamos con ese colectivo, desde la policía a los servicios sanitarios y sociales, y un vínculo con la red de salud mental, que tarda mucho: desde que pedimos cita con el médico de cabecera hasta que llega a la unidad de salud mental de referencia pueden pasar dos o tres meses”.

Desde el Cabildo de Tenerife han confirmado a DIARIO DE AVISOS que se está ultimando la primera estrategia insular de inclusión de personas en situación de sinhogarismo para el que se ha hecho un proceso participativo, en el que organizaciones como AFES han demandado que haya canales y respuestas específicas para esta población extremadamente vulnerable. Un esfuerzo que se suma al trabajo que vienen desarrollando desde hace años los principales ayuntamientos del área metropolitana. Rita López hace hincapié en la necesidad de reducir los tiempos. “A estas personas las puedes perder mientras esperan y pueden quedarse sin su medicación o se la pueden tomar en un mal momento y de una manera no adecuada”, dice al respecto.

La vivienda, lo primero

Hay que matizar que no todos los usuarios que padecen alguna patología mental y se encuentran en exclusión residencial extrema tienen comportamientos excéntricos en la vía pública. Tampoco todos han llegado a la calle con dichas enfermedades. De hecho, hay quienes acaban teniendo problemas de salud mental precisamente por no disponer de una vivienda. “La propia calle genera problemas de salud mental”, afirma la trabajadora social de AFES. Aparte, es muy difícil acceder a una vivienda en general. Los precios del alquiler están por las nubes. Y encontrar un trabajo es mucho más complicado para los que padecen trastornos graves.

El acceso a la vivienda es fundamental para este tipo de perfiles, además de un seguimiento que quizás requiera enfoques menos normativos y recursos adicionales, como los de prevención de soledad no deseada, apoyos colectivos e incluso alternativas de ocio. “Podría haber un sistema más amplio y abierto que salga de los centros hospitalarios y se combine con el ámbito social para hacer una atención en calle o domicilio”, apunta el coordinador de la UMAC, José Antonio Díez, quien insiste en que “lo primero es conseguir que tengan una alternativa alojativa”.

Existen modelos, como el Housing First, que nació en Estados Unidos en la década de los 90, que convierten la vivienda en la máxima prioridad en los mecanismos de inclusión de las personas en situación de calle, acompañándolas del apoyo de un equipo técnico que se basa en el respeto y la autodeterminación, tal y como apunta la Asociación para la Inclusión Residencial y Social. “Cuando tienen un techo, ya se puede trabajar con ellas con un enfoque menos normativo porque la necesidad básica está cubierta”, señala López. Quizá habría que empezar por ahí.

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