El Teatro Leal de La Laguna se prepara para recibir este viernes (20.30 horas) a Piedra Pómez. O lo que es lo mismo, al tándem de humoristas conformado por Gregorio Figueras y Francisco Santana. Precisamente, La Laguna es el lugar donde comenzó todo, cuando ambos estudiaban en la Universidad. Años después, hace de esto ya 36, se subirían por primera vez a un escenario, trasladando y compartiendo un sentido del humor que les resultaba muy afín. Con Francisco Santana [en la imagen, a la derecha, junto a Gregorio Figueras] mantuvo DIARIO DE AVISOS esta charla.
-Visitan el Teatro Leal con el espectáculo ‘El punto Je-je’. Usted y Gregorio Figueras no tardaron en hallarlo. ¿Recuerda ese momento en el que decidieron que podían compartir el humor sobre un escenario?
“Nada más conocernos, en 1972, hubo un flechazo humorístico. Nos enhumoramos al instante. En aquel momento, en La Laguna, en el Colegio Mayor San Fernando, iniciamos el recorrido. Pero saber que eso podíamos llevarlo a un escenario fue sobre 1986. Tenía un programa en Radio Guiniguada e invité a Gregorio. Nos lo pasamos muy bien riéndonos y haciendo reír. Fueron los colegas de la enseñanza quienes nos animaron. Nos propusieron actuar en la gala de las elecciones sindicales del profesorado, en noviembre de 1987. ¿Y qué hicimos? Lo mismo que hacíamos en el Colegio Mayor San Fernando”.
-¿Cómo describiría el camino que han recorrido con Fefa y Sioni en estos 36 años?
“Es un camino muy grato. Nos ha hecho felices porque nos divertimos con lo que hacemos. Ya lo dice nuestro eslogan: Una pareja de amigos que se divierte en voz alta. Hemos hecho lo que hemos querido y hemos creado muchas cosas, en televisión, en teatro, en radio…, siempre con una impronta basada en la improvisación. Como si estuviésemos dando clase. Y lo más importante de todo es saber que haces a la gente feliz, no tienes más que preguntarle lo necesario que es el humor cuando están haciendo la declaración de la renta. Si van a ver a Piedra Pómez, estoy seguro de que se olvidan durante el espectáculo de sus problemas. Y eso es algo que ganan en salud. Y nosotros también, claro”.
“Debemos ser siempre muy exigentes y críticos con el humor, y pedirles a los humoristas que creen cosas nuevas”
-¿Cuál es la clave para mantener esta relación profesional y, sobre todo, personal?
“No es fácil, porque Gregorio y yo no convivimos a diario, ni Dios lo quiera. Sin embargo, estamos muy cerca y compartimos muchas cosas. Nos respetamos. Somos muy distintos, aunque coincidamos en muchos aspectos. A veces discutimos, pero nuestra relación se basa en ese respeto y en un gran cariño, en un afecto que se remonta a la juventud. Los amigos que conoces en esa época, nunca los olvidas. Aunque luego les pierdas la pista, cuando los vuelves a ver te pones al día. Gregorio y yo nos respetamos, cada uno conoce su papel. Con este carromato, yo lo guio un poco; él a veces coge las riendas, en otras ocasiones lo hago yo. Así que nos llevamos bien, pero con una distancia razonable. No nos empalagamos ni de amistad ni de nada. Cuando terminan las actuaciones, cada uno vuelve a lo suyo. Nos llamamos, quedamos para un café y lo pasamos muy bien juntos. De manera que la amistad es lo que ha salvado todo esto. Eso lo tenemos muy claro”.
-¿Cómo es el laboratorio de Piedra Pómez? ¿Cómo preparan un nuevo espectáculo?
“Cuando pienso en un espectáculo, lo primero que escribo es el título. Busco títulos que impongan, que sean impactantes, qué sé yo… Una pareja feliz y contreinta, cuando cumplimos 30 años; Diga 33… aniversario y, ahora, El punto Je-je. En la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria dirijo el Aula del Humor. Ahí, en una ocasión hablamos de que habíamos descubierto el punto Je-je… Así que primero se le pone el título al nuevo espectáculo y luego se rellena. Recuerdo que con el 25º aniversario, las bodas de plata, estaba con el responsable del Teatro Cuyás y le dije que íbamos a celebrar nuestras bobas de plata. Y me compró ese título. Tenemos mucho material, porque Piedra Pómez lleva ya 36 años. Con el Aula del Humor, he hecho más de cien discursos… Todas esas ideas se van guardando y, en un momento dado, nos sirven para una nueva propuesta. Nosotros trabajamos con situaciones, hacemos una tormenta de ideas y vamos poniendo los golpes que se nos van ocurriendo… Eso va reposando y, más tarde, desarrollamos esas microideas. No nos aprendemos un guion. Sabemos de qué temas vamos a hablar, pero no qué palabras exactas emplearemos. Creo que el dedicarnos a la enseñanza nos ha sido muy útil. Atomizamos todos los contenidos y después los desarrollamos. Y también está la improvisación. El escenario nos motiva y nos hace crecer en el aspecto creativo. A mí me encanta esa sensación, esa adrenalina del escenario, porque es cuando mejor funciono”.
“Los juegos con el lenguaje y la improvisación nos permiten zigzaguear por los temas que queremos tocar en cada momento”
-Y una vez que ese proyecto toma forma y lo presentan por primera vez, ¿llega a evolucionar, es muy diferente esa primera puesta en escena que, por ejemplo, la número 100?
“Sí, siempre. Por eso nosotros no llegamos nunca a la función número 100. Cada año hacemos espectáculos, que no son distintos del todo, pero hemos dado con una fórmula que funciona. Empiezas a explicar un tema y lo desarrollas por partes. Los sketches pueden ser o uno solo o varios más breves. La improvisación siempre está ahí, porque cada tema nos sugiere un montón de cosas. Jugamos con el lenguaje, que nos brinda una encrucijada, una red de contenidos. Vamos zigzagueando por el lenguaje y por los argumentos que queremos tocar”.
-¿Qué es lo que más le divierte y qué lo que no le hace gracia a Piedra Pómez cuando echa un vistazo a la realidad?
“El sentido del humor es una cuestión íntima, como tu vida privada, como cuando vas al baño. Te puedes reír de un montón de cosas al observar el mundo. Y es impredecible, porque tu cabeza busca el humor sin tú pretenderlo. El humor siempre se está relacionando con tu vivencia. Por otro lado, las palabras tienen un sentido, pero en el ámbito humorístico pueden tener otro. El humorismo, que es el ejercicio público de esas relaciones que haces con las cosas, posee otras connotaciones. Ahí hay una realidad que te la impones tú mismo. Por ejemplo, por muchos chistes que se puedan hacer de pedófilos, nunca los haremos ante personas que han sufrido abusos. Existe el humor negro, que es inevitable, pero eres tú quien se fija los límites. Nosotros nos imponemos, primero, no decir palabrotas en el escenario. Yo he sido educador toda mi vida y no tengo por qué estar en una tele diciéndolas, aunque se haga. Nosotros optamos por hacer una crítica más divertida. No nombramos a un partido político en concreto, sino que hablamos del Coponaso, la Coalición Popular Nacionalista Socialista, una formación hecha por los transfugas de todos los partidos…”.
“Unas veces Gregorio coge las riendas y otras lo hago yo; la amistad y el respeto son lo que ha salvado esta relación”
-¿Dónde situaría el humor de Piedra Pómez? ¿Absurdo, inteligente, costumbrista?
“Piedra Pómez son dos personas en un contexto determinado. Nacidas en Canarias en el siglo XX, en un país que es España, con una educación occidental, donde hemos vivido lo que hemos vivido. Todo eso configura nuestra forma de ser y de pensar. Nos hemos educado con los juegos de palabras. El lenguaje es uno de los primeros juguetes que tenemos, un instrumento absolutamente prodigioso. El humor se basa en la parodia de la realidad, porque es ahí donde conectas con la gente. También hacemos humor del absurdo, porque es algo que nos gusta. Pero el humor costumbrista es diferente al nuestro, aunque siempre estemos mirando a nuestra realidad”.
-¿Nos tomamos poco en serio el humor?
“Sí. El humor se trivializa. Ahora hay unas nuevas degeneraciones de humoristas que creen que por subirse a un escenario y hacer un monólogo están haciendo humor. Ese fenómeno es un mal menor, pero es un mal. Está proponiendo una única versión, con un lenguaje absolutamente repetitivo, cíclico, recurrente… Yo creo que hay que ser exigente con el humor y exigirle al humorista que cree algo nuevo. Y luego, claro, también hay gente muy buena, como Abubukaka o El Supositorio, con un registro mucho más rico. Sin lugar a dudas”.





