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José Miguel Pérez-Sierra: “Soy una pieza del puzle, una tesela del mosaico de la orquesta; necesaria, pero como cualquier otra”

El nuevo director musical del madrileño Teatro de la Zarzuela dirige este sábado en el Auditorio de Tenerife una versión en concierto de la ópera 'Samson et Dalila', de Camille Saint-Saëns
El director José Miguel Pérez-Sierra se pone al frente del título con el que Ópera de Tenerife despide el año. / Ofelia Matos

El Auditorio de Tenerife ofrece mañana sábado (19.30 horas) un nuevo título de su temporada de ópera, Samson et Dalila, en versión de concierto. La música de Camille Saint-Saëns se escuchará en el espacio escénico de la mano de la Sinfónica de Tenerife, el Coro Titular Ópera de Tenerife-Intermezzo y un elenco de cantantes encabezado, en los roles protagónicos, por el tenor Ivan Gyngazov y la mezzosoprano Yulia Matochkina. José Miguel Pérez-Sierra (Madrid, 1981), recién nombrado director musical del madrileño Teatro de la Zarzuela, se pone al frente de esta propuesta musical con la que Ópera de Tenerife despedirá el año. Días antes, conversó con DIARIO DE AVISOS.

-Se pone al frente de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, un elenco de voces y el Coro Titular Ópera de Tenerife-Intermezzo para afrontar una versión en concierto de ‘Samson et Dalila’, de Camille Saint-Saëns. ¿Cuáles diría que son los desafíos, los retos y las dificultades que posee la partitura?
“Es una auténtica obra maestra de Saint-Saëns, en la que se aprecia su vocación sinfónica y de oratorio. Él comenzó a pensar en un oratorio sobre este argumento, aunque luego entendió la teatralidad que mostraba el libreto y finalmente elaboró una ópera. De cualquier modo, el segundo acto es el que resulta más lírico, más operístico. El primero y el tercero podrían ser dos grandes movimientos de oratorio o sinfónicos corales. Presentan una unidad increíble a nivel de tempi, de cómo evoluciona un tempo unitario. La comprensión de todo eso es, quizás, el desafío que te lanza este título”.

-¿Le resulta muy diferente abordar una ópera asentada en el repertorio, en este caso, con cerca de 150 años de historia, de la que existen muchas referencias, a hacerlo con un título contemporáneo, en el que ese recorrido es mucho menos extenso?
“La vocación siempre es la misma: tener un contacto directo con el autor en la medida en que se pueda. Cuando hacemos obras contemporáneas, normalmente contamos con la suerte de tener al compositor con nosotros, que nos asesora, nos aconseja y con el que cambiamos impresiones. Se elabora el proyecto de forma conjunta. Pero, además, es curioso: cuando trabajo en obras de compositores vivos, me doy cuenta de que tienden a aceptar de buen grado las ideas del intérprete. Mi experiencia hasta ahora es que el autor de la partitura, de forma habitual, se divierte cuando hacemos cosas diferentes, cuando desarrollamos detalles en los que incluso no había pensado antes. Eso me inspira, a su vez, para pensar que un Saint-Saëns, un Verdi, un Puccini, el que queramos, disfrutaría con esos aspectos distintos que podemos hallar en sus partituras. El objetivo es encontrar la verdad, que en la música no es una, sino la de cada intérprete. Lo más importante es afrontar la partitura con honestidad, hacia uno mismo y, sobre todo, hacia el autor”.

“El objetivo es hallar la verdad, que en la música no es una, sino la de cada intérprete: afrontar la partitura con honestidad”

-¿En qué consiste, o mejor, cómo concibe usted, el diálogo entre el director musical y los cantantes e instrumentistas cuando se ponen a la tarea de sacar adelante un nuevo proyecto?
“Dirigir una ópera y dirigir una orquesta es un acto de música de cámara. Me siento una pieza más del puzle, una tesela más del mosaico. Necesaria, pero como cualquier otra. Me gusta mucho escuchar lo que tanto la orquesta como los cantantes me quieren ofrecer, tratar de respetarlos y sacar lo mejor de ellos. Esa es mi labor. Así concibo la dirección”.

-Ha tenido la oportunidad de trabajar con numerosas orquestas. ¿Qué características más específicas encuentra en la Sinfónica de Tenerife?
“Es una orquesta magnífica a todos los niveles. En el apartado técnico son músicos extraordinarios y conforman una orquesta muy dúctil. Están acostumbrados a hacer ópera y es muy fácil trabajar con ellos. También con los cantantes del coro. En sus interpretaciones poseen una calidez muy particular. Todo esto resulta interesante: no solo reúnen esas cualidades técnicas, sino que además constituyen una orquesta que, cuando existe una buena simbiosis con el director, toca con mucha emoción. Eso a mí me parece que es fundamental”.

-Es de suponer que en las colaboraciones puntuales con una formación musical de estas características el tiempo, es decir, la falta de él, debe ser uno de los principales obstáculos a los que se enfrenta un director de orquesta. ¿Cómo salva este tipo de dificultades? ¿Cómo prepara un concierto o una ópera en esas circunstancias?
“Vivimos en un mundo musical que está extraordinariamente profesionalizado. A estos niveles, casi siempre vas a encontrarte con orquestas perfectamente preparadas, que no necesitan muchos ensayos para tocar la obra ni para entender la interpretación que tú buscas. Las orquestas hoy en día poseen un grado de técnica que es cada vez mejor. En general, se logran muy buenos resultados en poco tiempo. Los directores también estamos acostumbrados a movernos. Llevo 19 años dirigiendo y he estado prácticamente siempre de freelance. Eso te aporta mucha riqueza: te ves obligado a trabajar con orquestas diferentes, con distintas idiosincrasias y maneras de tocar. En cada ocasión debes adaptarte a esa orquesta y tratar a la vez de llevar a los músicos a tu terreno, con lo que ese proceso también te proporciona a ti ductilidad”.

“Samson et Dalila’ es una obra maravillosa para quien desee acercarse por primera vez al mundo de la ópera”

-Hace muy poco ha sido nombrado director musical del Teatro de la Zarzuela de Madrid. Al plantearse en qué consistirá su labor en un teatro de tanto prestigio y solera, ¿qué virtudes desea potenciar y qué impronta le gustaría contribuir a dejar en él?
“He sido nombrado director musical, pero después de haber dirigido 130 funciones en el Teatro de la Zarzuela. Esa es la gran suerte que tengo. Además, sinceramente, creo que debería ser siempre así. En los nombramientos de directores musicales que ni la orquesta ni el teatro conocen, o conocen muy poco, ignoras cómo va a salir, cómo va a funcionar: puede ser una sorpresa positiva, pero también puede ser negativa. Cuando se produce un nombramiento como este, después de haber trabajado tanto con ese teatro y con esa orquesta, hay ciertas garantías. Evidentemente, ya todos me conocen y desde el momento en el que me han nombrado saben muy bien quién soy y cómo trabajo. En cuanto a los objetivos, el primero, como siempre, es hacer las cosas bien a nivel musical. Hablamos a menudo del proyecto y nos olvidamos un poco de que la labor fundamental de un director musical es dirigir. Aspiro a continuar haciendo buenos espectáculos en el Teatro de la Zarzuela, a mejorar, a estrechar cada vez más mi relación con los miembros de la orquesta [Orquesta de la Comunidad de Madrid (Orcam)] y con los del coro, a obtener resultados cada vez mejores en ese sentido. El Teatro de la Zarzuela no es un teatro normal, porque además es el representante de todo un género: es el único de zarzuela del mundo. La zarzuela se hace en toda España, de vez en cuando, en Latinoamérica y otros lugares, de vez en cuando… Pero nosotros tenemos una temporada pura y exclusivamente de zarzuela. Eso es una responsabilidad hacia todo un género, hacia la música española. Está también muy relacionado con lo que hemos hablado antes acerca de esa riqueza que me ha brindado el ser freelance, algo que no quiero perder. Al menos en la mitad de mi calendario, quiero seguir saliendo fuera, de Madrid y de España, y también llevar la zarzuela al exterior. Pretendo aprovechar mi actividad internacional para ver en qué medida podemos lograr coproducciones con teatros importantes en el extranjero. Creo que eso es esencial para el género. Fuera de España, de la zarzuela se conocen casi únicamente las romanzas que interpretan nuestros grandes cantantes en sus conciertos. En China a lo mejor escuchan el No puede ser de La tabernera del puerto (Pablo Sorozábal), pero no saben lo que es una zarzuela y no conocen La tabernera del puerto entera”.

-¿Cómo es para usted como director una temporada ideal? ¿A qué compositores le cuesta renunciar en una programación?
“Tanto en ópera como en zarzuela hay que equilibrar. La dirección de Daniel Bianco, que ha sido magnífica y ha dejado el Teatro de la Zarzuela en un nivel extraordinario, representa una gran responsabilidad para Isamay Benavente, la nueva directora artística, y para mí, pues se trata de tomar el relevo allí donde él lo ha dejado. Tenemos claro que queremos velar por la nueva creación. También habrá recuperaciones de zarzuelas que en su momento se perdieron o se dejaron de hacer. En los archivos de la SGAE [Sociedad General de Autores y Editores] hay música extraordinaria, esperando a ser resucitada. Pero tampoco podemos perder de vista a los abonados y al repertorio de siempre. Precisamente, como somos el Teatro de la Zarzuela, lo tenemos que hacer. Chapí, Vives, Barbieri, Sorozábal, Moreno Torroba… Esos tienen que estar siempre. Por otro lado, en cualquier temporada de ópera la situación es algo diferente, porque no tienes la misión extra de velar por un género entero. Eso hace que te puedas permitir una programación más personal y hacer apuestas más arriesgadas. No obstante, los Verdi, Puccini, Massenet, Saint-Saëns, en este caso, Wagner, Bellini, Donizetti, Rossini… también han de estar presentes”.

“Casi siempre he estado como ‘freelance’; eso te enriquece, pues has de conocer la idiosincrasia de muchas orquestas”

-¿Y posee algún reto, alguna obra en particular que sueñe dirigir y aún no ha tenido la oportunidad de hacerlo?
“He tenido la ocasión de realizar casi todos esos retos que me planteaba desde que era estudiante. Sin embargo, hay dos obras en concreto que me apasionan y todavía no ha surgido la ocasión. Una es Otelo, de Giuseppe Verdi. Incluso tenía proyectos para hacerla, pero con la pandemia se cancelaron. Otra es, a nivel sinfónico, la Novena Sinfonía de Gustav Mahler. He hecho Mahler, pero la Novena, que es mi sinfonía favorita, de él y probablemente de todas las sinfonías, aún no he podido. Esas son las dos cosas que todavía tengo apuntadas en el debe”.

-¿Qué podrá descubrir en ‘Samson et Dalila’ quien acuda al Auditorio de Tenerife?
“Escuchará a una Sinfónica de Tenerife en estado de gracia; al Coro Titular Ópera de Tenerife-Intermezzo, que es magnífico, y a un elenco internacional de voces con cantantes que son ideales para sus respectivos roles. Tenemos los mimbres para que sea un gran Samson et Dalila. Es una obra que, como apuntaba, se adapta muy bien a la forma de concierto y, además, es maravillosa para acercarse por primera vez a la ópera”.

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