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José Víctor Fuentes: “El cine que me gusta ver y hacer es aquel que atrapa por el estilo, no por el guion; por el cómo y no por el qué”

Director del Festivalito La Palma, el cineasta canario estrenó este año 'Un volcán habitado', un documental creativo que ha dirigido junto a David Pantaleón
El cineasta canario José Víctor Fuentes, director del Festivalito La Palma. / Virginia Park

José Víctor Fuentes dirige el Festivalito La Palma, en el que se ve y se hace cine. La cita participativa, que celebrará el próximo año, del 21 al 29 de junio, su decimonovena edición, está muy presente en esta charla. Pero no solo. El cineasta canario ha estrenado este año que ahora acaba Un volcán habitado, dirigida junto a David Pantaleón. Sobre el cine, y acerca de las posibles miradas que nos brinda, transcurre la entrevista.

-El Festivalito celebra en 2024 su decimonovena edición. ¿Se puede hablar de una cita consolidada o es más ajustado decir que es una experiencia que se reinventa cada año?
“Cuando termina cada Festivalito, no sabemos si habrá una nueva edición. Cada año contamos con un montón de apoyos, pero no están garantizados para el siguiente. Hay que renovarlos, como las ganas y el entusiasmo del público. A eso se une que no es un festival que organiza una institución pública, aunque varias lo respaldan, sino una empresa, la nuestra, Chukumi Studio. El Festivalito es atípico. Esa es su mayor virtud, pero también es uno de sus lastres. Lo hacemos porque conseguimos reunir toda la energía, la de organizadores, la de las administraciones que nos ayudan y la del público, el que es fiel y el nuevo”.

El cineasta boliviano Rodrigo Bellot dirige en el Festivalito a la actriz cubana Mirta Ibarra en el corto ‘La llegada’. / Virginia Park

-¿Qué ha cambiado y qué permanece desde su primera edición, en 2002, hasta hoy?
“Son muchos años haciéndolo, aunque tuvimos un parón de 2010 a 2014. Permanece el espíritu innovador, el de tratar de reinventarnos en cada edición, el deseo de atravesar fronteras y llegar a más gente. Siempre hemos buscado no ser un festival al uso. Hay una frase que lo define muy bien, de un director al que homenajeamos y estuvo con nosotros en 2016, el estadounidense Lloyd Kaufman: ‘El Festivalito no es un festival de cine, sino un festival donde se hace cine’. Al comienzo era un festival sobre todo interesado en el hecho cinematográfico, el de los films independientes, fuera de los cánones comerciales, pero poco a poco ha introducido elementos de conciencia en las películas y actividades que programamos. Es decir, films y propuestas que tengan que ver con la conciencia social y con la conciencia emocional. Eso ha cambiado. No se trata de convertirnos en una secta [ríe], pero me gusta pensar que el cine nos puede cambiar y nos puede salvar la vida. Hay películas que son puro entretenimiento, esa es su misión, y hay otras que te aportan algo más. En las obras que se proyectan buscamos que nos enseñen cómo es el ser humano por dentro y por fuera. Que nos formulen esas preguntas que nos hacemos en nuestra cabeza. Esa perspectiva se ha acentuado a partir de 2015, el inicio de la que yo llamo la segunda época del Festivalito”.

“Hay una frase de Lloyd Kaufman que me gusta: ‘El Festivalito no es un festival de cine, sino uno en el que se hace cine”

-Y está el aspecto lúdico.
“Sí. Festivalito viene de fiesta. A La Palma no hay que venir, o no solo, a ver pelis, tampoco a hacerlas, sino a compartir un estado de fiesta, un ambiente distendido, de convivencia. Y por convivencia entiendo la que se da entre los invitados, pero también en el público y entre ambos. No es un festival de alfombra roja que separa a unos y a otros. Además, todo el mundo quiere hacer una película al menos una vez en su vida, aunque sea de cachondeo. La convivencia es nuestro mayor tesoro y está presente desde la primera edición”.

El director argentino Miguel Ángel Cárcano y los actores Sergio Villanueva y Elena Corredera en el rodaje del largometraje ‘Entre islas’, en el festival palmero. / Virginia Park

-¿Qué le sigue sorprendiendo al director del festival, pero también al cineasta y al cinéfilo que es usted?
“Que cada vez hay más gente que quiere venir al Festivalito. Un día dijimos: ‘Venga, vamos a crear un festival de cine donde hagamos pelis y no solo las proyectemos’. Cuando nació el festival, era el único que hacía eso. Nos preguntábamos si la gente querría venir a La Palma. Y descubrimos que sí, que nuestra idea podía cuajar. La mayoría de quienes acuden al Festivalito lo hace pagándoselo todo. Invitamos a una serie de personas con lo que nos da el presupuesto. Suelen ser las que proyectan películas o las que dan talleres o charlas, pero eso es como una cuarta parte de los participantes, que en la pasada edición fueron casi 300. Mucha gente, en especial la que trabaja en la industria audiovisual, planifica con antelación el viaje, porque supone una gran experiencia en cada edición. Para mí es la mejor semana del año. Me gusta más hacer pelis que verlas. Me gusta hacer cine en la playa, como me decía un profesor. Sería genial jugar la Champions, pero también te puedes divertir jugando al fútbol en la playa. Solo necesitas una pelota y compartir tu afición con otras personas”.

-¿Cuáles son los retos o, si prefiere, los sueños que le quedan por alcanzar al festival?
“Muchísimos. Una vez dije que mi sueño era tener un presupuesto de un millón de euros, para hacer lo mismo pero llegando a más gente. La promoción del festival es mínima, porque no tenemos dinero para ello. Si tuviésemos el triple o el cuádruple, lo daríamos a conocer mucho más en la Península y lo promocionaríamos en el extranjero; continuaríamos llevándolo fuera. Con el Tour Festivalito hemos estado, por ejemplo, en Nueva York y en Antofagasta, pero nos gustaría que su espíritu se contagiase más. Hay festivales que nos emulan. Nos encanta que la idea de celebrar un festival de cine rodándolo se plasme ahora en otros sitios. Nos gustaría crecer más, traer a más invitados, proyectar cada año en los 14 municipios de La Palma, llegar a toda Canarias, traer más películas relacionadas con las estrellas, con la astronomía, que es una de las vertientes del Festivalito…”.

“Según rodaba, me di cuenta de que no solo debía mirar hacia dentro; lo que ocurre fuera de ti también sucede en el interior”

-¿En qué va a consistir la alianza del Festivalito La Palma y la Fundación DIARIO DE AVISOS?
“Nos ha surgido la oportunidad de trabajar con la Fundación DIARIO DE AVISOS, que es el periódico decano de Canarias y se fundó en La Palma, con lo que estábamos predestinados a juntarnos. Vamos a ofrecer una muestra de los cortos que rodamos en la isla, que podría llamarse El Festivalito presenta, a través de Atlántico Televisión, y diferentes piezas que hablen de este cine que nosotros proponemos. Cuando haces un cortometraje, quieres que lo vea la gente, y cuantos más recursos tengas a tu alcance para ello, mejor. Eso irá acompañado de la promoción del Festivalito en los restantes medios del Grupo Plató del Atlántico, el propio periódico, Atlántico Radio… Será nuestro media partner, algo fundamental en ese deseo de reforzar la promoción del Festivalito”.

Burnin’ Percebes rodando en el Festivalito. / DA 

-En apenas dos años ha estrenado dos películas muy alejadas, o quizás no, entre sí: ‘A veces el amor’, definida como un diario fílmico rodado durante 20 años, y ‘Un volcán habitado’, un documental creativo, junto a David Pantaleón, en el que cobra presencia la erupción volcánica de La Palma. ¿Es usted un buscador de historias o más bien los relatos salen a su encuentro?
“Empecé buscando historias y tratando de inventármelas. Ponía primero en un papel cosas que tenía en mi cabeza dando vueltas. Mis sueños, mis ilusiones, mis miedos, mis fracasos, mis verdades, mis mentiras… Pero, a medida que rodaba, sentía que eso no era de verdad. Lo que quería contar era verdad, pero el cómo lo contaba, no. Poco a poco empiezo a descubrir que tal vez no se trataba solo de mirar hacia dentro, sino de hacerlo también hacia afuera, porque lo que ocurre fuera también sucede dentro. Así que en estas dos últimas películas, A veces el amor y Un volcán habitado, simplemente he puesto la cámara y, casi sin darme cuenta, me he retratado más adentro que nunca. La primera es un diario fílmico, pero de autoficción. Cuento una mentira para llegar a una verdad. Parece un documental, pero no lo es. Esa fórmula me parece más honesta, más sincera. Después pasó la erupción volcánica. Ahí descubrimos otra historia. No solo porque el volcán estalló a menos de dos kilómetros de mi casa, sino porque cada uno en la isla ha visto en él sus sueños y sus pesadillas. Con David Pantaleón coincido en muchos sueños y en muchas pesadillas, y al mirar al volcán nos encontramos también a nosotros. Es una forma de hacer cine muy liberadora”.

-¿Cómo suele ser el proceso entre esa primera idea más o menos vaga y el momento posterior en el que se pone tras una cámara para plasmarla?
“Ahora el lápiz y el papel se han convertido en mi cámara y mi equipo de sonido. Voy con una cámara por la vida, a veces es la del móvil y a veces es más profesional, pero no sé lo que voy a registrar. La escritura es el rodaje, ya no utilizo el papel y suelo ir a los sitios sin ninguna idea preconcebida. Cuando algo me llama la atención, saco el móvil y me pongo a grabar. En un volcán habitado, íbamos David y yo con una cámara cada uno, pero no sabíamos a priori qué es lo que íbamos a hacer. De ese algo que te llama la atención tienes que ir tirando del hilo. Cuando en tu casa revisas el material es cuando tratas de dar forma a lo que has grabado siguiendo un impulso más o menos racional. El sentido lo buscas en la edición. Grabamos esa película en dos meses, pero estuvimos un año editándola”.

“La cámara y el equipo de sonido son lo que antes eran el lápiz y el papel; afronto los rodajes sin ideas preconcebidas”

-¿Qué tipo de cine le interesa?
“Casi desde el primer minuto sé si una película me gusta o no. No me suele atrapar el cine convencional que se hace ahora. Otra cosa es el clásico, porque lo veo con otros ojos. Me gusta el cine que usa nuevas narrativas audiovisuales: a la hora de contar la historia, de mover la cámara, de la estética… Por el guion no me entran las películas, sino por el estilo, por el cómo más que por el qué. Esas son las pelis que queremos traer al Festivalito. Me gusta un cine diferente, no narrativo. Lo que ocurre es que en ocasiones se trata de películas muy duras, muy difíciles, muy crípticas, y esas tampoco me suelen gustar. En todo caso, me gustan las películas que arriesgan en la forma cinematográfica. Y eso es lo que trato de aplicar en las mías también”.

Rodaje de un corto durante el desarrollo del festival. / Virginia Park

-¿Qué papel ocupan cuestiones como la libertad, el azar o, por el contrario, la voluntad de construir un discurso en cada rodaje?
“A mí me encanta la palabra caos, que en este caso no tiene que ver con desorden. Creo que soy una persona bastante organizada, pero me desenvuelvo bien en el caos, en variables que se mueven de forma aleatoria. En eso de no sé qué va a pasar, pero tengo que estar preparado para cualquier cosa. No me gusta que todo esté predefinido. Es algo que me aburre. Pero, como digo, hay que estar preparado, hay que trabajar y entrenar mucho para dejarse llevar por el azar, por la improvisación y por lo que ocurre a tu alrededor, sin ningún prejuicio. No es sencillo. La libertad es esencial, en el sentido de hacer lo que nos sale de dentro, no lo que nos da la gana. Trato de hacer un cine que no esté encorsetado por nada”.