Uno de los prostíbulos más famosos de la capital tinerfeña era el que estaba situado en la avenida de San Sebastián, en el barrio de Buenos Aires, del que ya solo queda su fama. La Casa La Húngara, en estado de abandono, acaba de ser derribada.
Durante muchos años, la gestión de este lugar estuvo a cargo de una señora muy refinada y elegante, reconocida como La Húngara. En este establecimiento, parejas de amantes se reunían discretamente, llegando en sus vehículos o taxis, para sus encuentros íntimos. En este espacio de encuentros discretos, una de las habituales era Concha la Paquete, que contaba con un admirador inglés con un peculiar sentido del humor. El cliente británico, de manera jocosa, solía olvidar el apodo de su musa y la llamaba cariñosamente Concha la Bulto.
Dentro de las numerosas historias que circulan acerca de esta leyenda urbana, se relata que una vez, una pareja de la Península, en plena luna de miel en Tenerife, se vio en apuros para encontrar alojamiento, ya que todos los hoteles estaban completos. Un taxista les recomendó Casa La Húngara, donde pasaron la noche, experimentando algunos momentos inusuales. Como gesto de gratitud, la propietaria del establecimiento solía recompensar a los taxistas con pequeñas comisiones por llevarles clientes a su casa.
Además, el inmueble disponía de estacionamientos exclusivos, y nadie tenía permitido entrar o salir de la residencia sin la autorización previa de la propietaria. Esta última se esforzaba por evitar cualquier contacto visual entre los distintos clientes, asegurando así un nivel total de discreción.





