“Mi padre ha vivido la vida que ha querido”, afirma Argólida, una de las hijas de Antonio Rivero, el hombre que fue capaz de meterse en la piel del auténtico Chiquito de la Calzada desde 1995 hasta 2013, demostrando sus habilidades humorísticas e interpretativas en cada edición del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Su familia y allegados le despiden este martes en la sala 3 del tanatorio Santa Lastenia, desde donde sacan toda la fuerza posible para contar, en DIARIO DE AVISOS, cómo fue el hombre que siempre les hizo reír a carcajadas con sus chistes y ocurrencias.
Antonio nació el 16 de marzo de 1934 y se marchó anoche, a los 89 años, debido a las consecuencias del Alzheimer, enfermedad que le fue diagnosticada en 2015. “Nunca se ha comentado, pero era hijo de una brasileña. Mi abuela era muy carnavalera. Lo tenía en la sangre. Yo creo que se lo transmitió al primero de sus hijos”, cuenta Argólida. Y es que al Chiquito de Tenerife siempre le gustó el vacilón.
Antes de imitar al humorista y actor malagueño, que falleció en 2017, le conocían como ‘El Manena’, como a su progenitor, Eladio, un cambullonero que quitó mucha hambre en el barrio chicharrero de Santa Clara. “De él aprendió chistes graciosos, medios picarescos, y contaba muchas anécdotas”, desvela su hija.
Argólida tiene en su mente un sinfín de anécdotas de su padre, como cuando se lanzó al mar en Valleseco con betún en el pelo y salió con casi todo el rostro pintado de negro. Cuando se dio cuenta, precisa, “se puso a cantar ‘Soy minero’; tenía esas cosas”. Antes de convertirse en el Chiquito de Tenerife, Antonio trabajó como cobrador en las guaguas perreras (las azules), en las que llegó a subir un burro por 25 pesetas, y en Litografía Romero.
“Vivía el Carnaval todo el año”
Antonio Rivero imitaba tan bien a Chiquito de la Calzada que empezó a actuar como él. “Vivía el Carnaval todo el año, no solo en enero y febrero. Eran idénticos. Y empezó a hacer sus propios chistes, imitando los gestos y la forma de caminar del personaje real”, asegura su hija. Así, llegó a convertirse en uno de los ilustres del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, entre los que se encuentran otros como Charlot, la Lecherita, Miss Peggy, Cantinflas, Fidel Castro, Harpo, Doña Croqueta, Don Ciruelo, el Caballero de la Palmatoria y el Cura del Carnaval.
“Eran una piña y siempre estaban de aquí para allá”, apunta Argólida. Y es que parte del éxito de la gran fiesta chicharrera radica en esas aquellos que han dedicado su tiempo y esfuerzo para meterse en la piel de tan icónicos personajes. El secreto, según la hija de Antonio Rivero, es que “todos se identificaban con sus personajes”.
“Mi madre, doña Esther, que era buena costurera, le hacía las camisas estampadas de colores, que son las que sacaba, año tras año, en las galas. Todos le apoyábamos un montón”, añade Argólida. Y así vivió Antonio su vida, un hombre sincero y abierto que siempre fue feliz.
También era habitual ver al Chiquito de Tenerife en el Heliodoro Rodríguez López, siempre con su bufanda blanquiazul colgada en el cuello. Luis, otro de sus hijos, recuerda que “entraba en el estadio, antes de los partidos, y lo recorría tirando caramelos y animando”.

Muestras de cariño
La noticia del fallecimiento de Antonio Rivero, el Chiquito de Tenerife, ha traído consigo numerosas muestras de afecto hacia su familia, si bien “desde que está ingresado hemos recibido todo el cariño por parte de la gente”, apunta.
Antes de despedirse, Argólida y Luis quieren agradecer el trato exquisito que han recibido por parte de los profesionales sanitarios de Quirón Salud. “Queremos dedicarle un gran aplauso a todos ellos y especialmente al personal, enfermeras, médicos y auxiliares de la planta 3. Se llevan un 10”.







