Los 27º Premios Max volverán a tener acento canario y, por primera vez, todas las miradas estarán puestas en Tenerife. Si hace 15 años los galardones de las artes escénicas que convoca la Fundación SGAE visitaron el Archipiélago, con una gala celebrada en el Teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria, ahora la ceremonia se celebrará, el 1 de julio, en el Auditorio de Tenerife. El encargado de dirigirla será también un tinerfeño, el dramaturgo José Padilla (Santa Cruz de Tenerife, 1976), quien ha obtenido en dos ocasiones esta distinción [en 2017, por Historias de Usera, un texto en el que compartió dramaturgia con Alfredo Sanzol, Miguel del Arco, Denise Despeyroux, Alberto Olmos y Alberto Sánchez-Cabezudo; y en 2019, por Dados].
-Dirigir en Tenerife la gala de los Premios Max para un tinerfeño que los ha seguido, ha competido y ha ganado es como cerrar un círculo virtuoso.
“Los Max me han permitido desarrollar mi carrera de una forma que nunca pude llegar a imaginar. Las primeras veces en las que estuve nominado no me lo acababa de creer. Los veía en televisión cada año, cuando estudiaba teatro, y, de repente, verme ahí, formando parte de ese colectivo, refrendó algo muy importante para todo creador y toda creadora: si te atreves a avanzar en tu vocación, estas cosas pueden pasar. Estar en esa constelación de compañeros y compañeras, que son quienes dan forma a las artes escénicas, al teatro, vino a decirme que el camino que había emprendido años atrás era el correcto”.
“Mi gala ideal de los Max es aquella en la que el público, que le da sentido a lo que hacemos, se sienta representado”
-No conviene, no se debe, ‘destripar’ un espectáculo antes de llevarlo al escenario. Así que mejor será formular de otra manera la pregunta que nos ha venido a la cabeza. ¿Cómo sería para usted la gala ideal de entrega de premios de las artes escénicas, digamos, en el Auditorio de Tenerife?
“La gala ideal es aquella en la que no solo los premiados se sienten representados, sino que también lo están el resto de nominados, los espectadores que se encuentran en el recinto y, muy particularmente, todas las personas que la están siguiendo por televisión. Es esencial que pongamos el acento en querer compartir un trocito de lo que significa dedicarse a las artes escénicas y también, por qué no, hay que decirlo sin complejos, en entretener. Es importante que el público se sienta reconocido en esa gala, porque, al fin y al cabo, es el que da sustento y sentido a todo lo que hacemos nosotros. Sin el público, no somos nadie”.
-Poco más de dos semanas después, el 18 de julio, se cumplirá el centenario de la muerte de Ángel Guimerá (Santa Cruz de Tenerife, 1845-Barcelona, 1924). ¿Tendrá presencia en la ceremonia el dramaturgo tinerfeño que da nombre al teatro más antiguo de Canarias?
“Sí, sin duda. Ángel Guimerá es una figura que hay que reivindicar. Es alguien que si bien hoy en Cataluña tiene una sana presencia en los escenarios, en otros lugares no. Ya es hora de que eso empiece a cambiar. Y de manera más concreta, en Tenerife. En la Isla todos hemos oído hablar de él y vamos al Teatro Guimerá a ver espectáculos… Sin embargo, no es de común conocimiento, por ejemplo, el título de sus obras. Hablamos del tinerfeño, probablemente, más universal que hemos tenido en toda nuestra historia en lo que se refiere al teatro. Pese a eso, la placa que en su día hubo en la antigua calle Canales, hoy Avenida Ángel Guimerá, en el lugar donde nació, ya no existe y pocos saben quién fue esa persona. Es algo que tenemos que remediar. La gala de entrega de los Premios Max, que girará en torno a la autoría, a la creación, y que además se desarrollará en Tenerife, será un momento irrepetible para reivindicar, compartir y celebrar la figura de Ángel Guimerá”.
“Que el verbo ‘luchar’ esté asociado a las artes escénicas resulta agotador; de una vez por todas, esto debe cambiar”
-Usted siempre se ha expresado de forma contundente en defensa de las artes escénicas y de quienes se dedican a ellas en España. ¿Cuál diría que es hoy la situación de este arte que también es un oficio?
“Más allá del tópico de que el teatro tiene una mala salud de hierro, quiero pensar, sobre todo por esa gente que plantea sus ideas y está pudiendo, poco a poco y con mucha lucha, llevarlas a los escenarios, que la calidad del teatro en nuestro país está salvaguardada. No obstante, el que el verbo luchar esté siempre asociado a las artes escénicas resulta agotador. De una bendita vez por todas, deberíamos empezar a tener un sustrato que no solo representara un tremendo esfuerzo, una labor ingente de muchas personas, sino que todo fuera más orgánico, que estuviese más pegado a la sociedad. Eso es algo que en otros países está muy normalizado y no tanto en el nuestro. Por eso, cada vez que se me da la palabra, invito a hacer lo posible para que esto cambie”.
-¿Qué función desarrolla o debe desarrollar hoy el teatro, como espacio para la reflexión, para pensar y para pensarse, en un mundo que da la impresión de que va demasiado rápido?
“Sí, puede ser que el mundo vaya demasiado rápido y puede ser que en el futuro vaya más rápido de lo que va hoy… Precisamente por eso, entre otros muchos factores, el teatro es un lugar único para la reflexión colectiva sobre todo aquello que concierne al ser humano. Es un lugar en el que uno se adentra, en el que comparte con otras personas una historia, en el que respira al mismo tiempo que quienes le acompañan entre el público y también que los que observa sobre el escenario… Es un foro único, y cada vez lo es más, porque un grupo de personas se reúne en pos del arte. Personas que quieren pasar juntas dos horas para contemplar un hecho artístico. Esto a mí me parece profundamente emocionante. Justo en esa singularidad reside la capacidad que tiene el teatro de proponer una reflexión calmada, pausada, que a la vez trasciende las paredes del propio recinto teatral. Esa es la razón por la que el teatro sobrevive y por la que, en cierto sentido, es un medio de comunicación mucho mejor que el cine y la televisión”.
“La ceremonia del 1 de julio será un momento irrepetible para reivindicar, compartir y celebrar a Ángel Guimerá”
-En 2022 acudió a los Premios Max con ‘Papel’, la obra con la que cerró la trilogía ‘Veloz’. Y luego llegó ‘Ruido’. ¿Qué nuevas aventuras escénicas ha vivido, está viviendo, José Padilla?
“La gala de los Premios Max va a ser una invitación a todos los que nos vean alrededor del mundo, pero especialmente a los tinerfeños, a que nos apoderemos de las creaciones que hacemos desde nuestra realidad, ya estemos en Tenerife o en Islandia. Ha habido varias candidaturas tinerfeñas en los Max de este año y nadie ha dicho nada en la Isla. Esto lo digo porque una de las obras que he hecho en este tiempo es Cuatro salvajes vestidos de verde hiedra [un proyecto pedagógico para la escena, con dirección y dramaturgia de José Padilla, que ha escrito una historia a partir de textos del Siglo de Oro], que es una coproducción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Ventrículo Veloz, y es candidata a los Max. Kevin de la Rosa, un tinerfeño, de Güímar, es candidato a mejor actor [por su trabajo en Vive Molière]… De manera que invito a todos y todas a que nos hagamos dueños de nuestra creatividad, porque Canarias, y Tenerife, es un lugar de una capacidad creativa irrebatible a través del tiempo. Por ejemplo, ahora mismo hay un creador tinerfeño en Nueva York, que se llama Edu Díaz y acaba de estrenar un espectáculo interpretado, escrito y producido por él. Dicho esto, ahora mismo estoy preparando un proyecto del que no puedo avanzar mucho más, solo que será en Pamplona y con la compañía In Extremis. Aparte, claro, de que todos mis esfuerzos están puestos en la gala del 1 de julio”.
-Si uno observa su trayectoria, aprecia una doble querencia, la que tiene que ver con los clásicos y la que plantea una búsqueda permanente, eso que llaman nuevos lenguajes y nuevas dramaturgias. ¿Qué le permite al dramaturgo y al director esa mirada al pasado y esa voluntad de explorar nuevos caminos?
“Es lo mismo. Responde al anhelo que siempre ha tenido la humanidad de contar historias. Yo solo intento aportar mi pequeño grano de arena. Más allá de eso, creo que en los clásicos está todo. Son una piedra de toque irrenunciable. Estar con la mirada puesta en los clásicos está alimentando, a su vez, la mirada contemporánea. Del mismo modo, al tratar de proponer algo para el ciudadano de hoy, puedes desandar el camino y llegar a los clásicos. Se debería tratar a los autores clásicos como si fueran contemporáneos y a los contemporáneos, como si fuesen clásicos. En ese puente es donde trato yo de desenvolverme lo mejor que puedo y sé”.
“Mi empeño como autor teatral es fijar la mirada y analizar todo aquello que se nos vende como real, pero no lo es”
-¿Cuáles son las cuestiones que le interpelan hoy de forma más directa? ¿Qué aspectos de la sociedad que contempla le interesa llevar a las tablas?
“No es fácil responder. Quizás tiene que ver con la capacidad de reflexión, con detenernos y analizar las cosas, no como nos dicen que son, sino como realmente son para nosotros. Hay algo que nos suele superar, puede que debido al fragor de estos tiempos y al exceso de información, y el teatro, como decía, es el mejor de los sitios para que eso no ocurra. Mi empeño es poner la mirada en acontecimientos y en formas de entender la vida cuando se imponen fórmulas que no responden a la realidad. Tiene que ver todo esto, por ejemplo, con las fake news y con lo que se nos vende como real, pero no lo es”.





