Hay muchos caminos posibles para acercarse a la figura y a la obra de Federico García Lorca (1898-1936). Aunque precisamente por eso, por ese número quizás infinito de posibilidades, en el paisaje de cada sendero que escojamos siempre vamos a contemplar un horizonte de libertad. Y de poesía y de universalidad y de ese espíritu cosmopolita que a la vez no deja de dialogar con el pueblo, de alimentar a una raíz que continúa extendiéndose. Y, claro, también podríamos hablar del genio, de una hipersensibilidad que -sería muy apropiado- podemos llamar duende.
Lolita Flores (Madrid, 1958) visita esta semana Tenerife, donde el viernes y el sábado (20.00 horas) representará Poncia en el Teatro Guimerá. Se trata de un monólogo basado en la obra del escritor granadino La Casa de Bernarda Alba, en el que Luis Luque ha querido dar protagonismo a la criada de la matriarca. “Poncia siempre me ha sugestionado como ningún otro personaje de los que habitan en la casa de Bernarda Alba”, escribe Luque en las notas sobre el texto. “Los personajes de las criadas encierran un enigma interesante: son testigos de los avatares de sus dueños y amos, conocen la verdad del interior de las casas y poseen la filosofía oculta de las clases populares”.
-Viene a Tenerife a poner en escena ‘Poncia’, la obra de Luis Luque basada en ‘La casa de Bernarda Alba’, de Federico García Lorca. ¿Qué ha supuesto, qué supone, para usted llevar a las tablas este montaje?
“Es un regalo del cielo. Los astros, el universo y Dios se han confabulado para que este monólogo llegase un día a mis manos y para que Luis Luque pensase en mí y pudiese hacerlo. Lo estoy disfrutando muchísimo. Primero, porque soy una gran admiradora de Lorca; segundo, porque La casa de Bernarda Alba es un texto completamente contemporáneo, las mujeres que están ahí dentro llevan ocho años de luto y esta obra denuncia, entre otras cosas y al contrario de lo que algunos todavía piensan, que la disciplina con sangre no entra; y tercero, porque Poncia es un personaje que no tiene pelos en la lengua y decide poner las cosas en su sitio”.
“Siempre hago gala de algo que me dijo mi madre: ‘Sé tú, pon el corazón en todo lo que hagas y déjate llevar”
-Como todo clásico, la obra de García Lorca no pierde vigencia. ¿Qué nos cuenta hoy a nosotros, gente del siglo XXI, el poeta y el dramaturgo?
“Cuando la literatura es tan genial como la de Federico García Lorca, no deja de hablarnos. En este monólogo no solo está presente La casa de Bernarda Alba, también hay, por ejemplo, fragmentos de los poemas de amor de Doña Rosita la soltera, aparte de los propios textos de Luis Luque, que ha puesto mucho de su cosecha y llega un momento en el que no se sabe muy bien qué es de uno y qué es de otro. Federico García Lorca era, como suele decirse, un adelantado a su tiempo. Cuando hablaba de la soledad de doña Rosita, de ese amor imposible que no llega, de esas mujeres encerradas en la casa de Bernarda Alba por un luto absurdo, de esa muerte por amor de Adela, prácticamente una niña, por la mentira, por la ocultación, por el miedo…, está hablando de cuestiones que aún hoy están vigentes, que nos afectan”.
-¿Recuerda cuándo y cómo se acercó por primera vez a la literatura del autor granadino?
“Conocí a García Lorca por mi madre. A ella le encantaba. Ponía sus libros en la mesita de noche de su cuarto, los cogía y me leía Poema del cante jondo, Doña Rosita la soltera, La casa de Bernarda Alba… Yo era muy pequeña. En aquellos años, en el colegio no nos enseñaban a Federico García Lorca, como tampoco daban a otros muchos autores, ya muertos o que estaban exiliados, contrarios al régimen que se vivía en España. De manera que, aunque no lo pude estudiar, aprendí su poesía y su teatro gracias a mi madre”.
-Luis Luque cuenta que el origen de ‘Poncia’ está en el proyecto del director teatral Miguel Narros, que no pudo plasmar, de poner en pie ‘La casa de Bernarda Alba’ con su madre, Lola Flores, encarnando precisamente a ese personaje. ¿De qué manera esta circunstancia influyó en su voluntad de interpretarlo?
“De algún modo, hemos cogido la idea de Miguel Narros, y el deseo de mi madre, y Luis la ha convertido en un monólogo. Aquí es Poncia la que habla y la que recrimina a Bernarda Alba un montón de cuestiones. Es, por ejemplo, la que está a favor de Adela, no por haber decidido suicidarse, sino por ese amor que ella sentía y por la convicción de que hay que amar libremente, sin ataduras. Y si uno se equivoca, pues se equivoca; y si hay que meter la cabeza por la pared, pues se mete la cabeza por la pared. No somos jueces, no debemos juzgar a nadie por amar libremente”.
“En mi carrera me guío por las charlas que tuve con dos grandes artistas que se llaman Lola Flores y Antonio González”
-¿Cómo es el trabajo con Luis Luque, teniendo en cuenta esa cercanía en la que, además del director, es el autor de la obra?
“Y el amigo. Con él ya había hecho Fedra. Trabajar junto a él es fácil, porque me conoce bien y yo sé lo que él busca. Más que un trabajo, ha sido un juego. Un juego en el que él va incorporando cosas y yo le ofrezco otras. Un toma y daca constante: ¿qué te parece si hago esto? o haz esto otro, a ver si me gusta… Al final de ese juego, que se desarrolla durante los ensayos, sale una obra como esta, como Poncia”.
-Subir a un escenario para un montaje de estas características no debe de resultar sencillo. ¿Cuáles son las mayores exigencias, los desafíos, de abordar en solitario la interpretación?
“Lo más complicado ha sido estudiar, estudiar muchísimo, y los viajes. Eso es lo que más me duele, lo que más me jode la espalda, digamos [ríe]. Son muchos kilómetros los que me tengo que hacer. Sin embargo, cuando salgo al escenario no me duele nada. Ni la espalda ni las piernas, ni la cabeza ni nada. Ni estornudo, siquiera. Cuando estoy haciendo algo que me gusta y tengo en mis manos un regalo como este que me han dado, el de Poncia, por muchos kilómetros que haga, por mucho que me queje y diga: ‘¡Hay que ver qué lejos está esto! ¡Cinco horas de tren! ¡Cuatro horas de avión!’, me doy cuenta de que todo el esfuerzo vale la pena”.
-¿Cuál ha sido la evolución de esta obra desde que la abordó por primera vez hasta hoy?
“A esto sí que no puedo responder. Cuando salgo al escenario, hago, pero no pienso. Me convierto en Poncia e interpreto el texto. Si ese día creo que lo he hecho mejor que la primera vez, pues me alegro. A peor no va, desde luego, porque ya tengo ese papel mucho más metido en mi vida, en mi sangre y en mis entrañas. No obstante, creo que soy la persona menos indicada para opinar. Soy muy mala como crítica mía. Siempre voy a encontrarme faltas, de manera que prefiero no pronunciarme”.
“Trabajar con Luis Luque en ‘Poncia’ es un juego, un toma y daca constante que da como resultado una obra de teatro”
-Desde siempre, usted ha convivido con el arte. ¿Cuál ha sido la principal enseñanza que ha recibido, tanto de su familia como de otros artistas?
“Mi guía son las charlas que tenía con dos artistas muy grandes que se llaman Lola Flores y Antonio González, que son quienes me han marcado el camino. De los otros artistas he podido aprender cosas que he visto, cosas que han dicho, pero realmente es con mis padres con los que más he charlado y más me han orientado sobre esto a lo que me dedico. No me gusta hablar de recibir consejos, porque creo que nadie escarmienta en cabeza ajena y hay que tropezar varias veces con la misma piedra para que te des cuenta de que no debes pasar por ese camino. Mi madre me dijo una cosa de la que siempre hago gala: ‘Sé tú, pon el corazón en todo aquello que hagas y déjate llevar”.
-¿Y qué papel ocupa el teatro en su vocación?
“Ahora mismo, es mi vida. El teatro es el que está fijando este itinerario y es lo que estoy haciendo. La televisión también. Estrenamos el próximo viernes la nueva edición de Tu cara me suena [Antena 3]. Como siempre, la gente se lo va a pasar muy bien viéndolo, pero creo que este año, como estamos todos un poco más mayores [ríe], tenemos más experiencia y va a ser aún mejor. Los concursantes van a sorprender muchísimo a todos. En definitiva, que estoy muy a gusto con lo que hago. Soy de esas personas a las que se les nota si no lo están pasando bien, de las que se les pone cara de acelga si tienen que hacer algo que no les gusta. Y ahora estoy disfrutando mucho. Tengo gira con Poncia hasta 2025, y luego hay otros proyectos que todavía no puedo contar”.





