Estoy sentado con un director de cine que acaba de dirigir una película de dragones y princesas, “Damsel”, que costó alrededor de 42 millones de dólares y la han visto unos 252 millones de personas, porque ha tenido 126 millones de entradas en Netflix. Lo que oyen. El personaje al que me refiero se llama Juan Carlos Fresnadillo (Santa Cruz de Tenerife, 1967) y es mundialmente conocido y reconocido en el universo del celuloide. El crítico de The New York Times A.O. Scott dijo de su película “28 semanas después” (una cinta de infectados, o de zombis, como quieran): “La película es brutal y extenuantemente aterradora, como debería ser cualquier película de zombis respetable. También es muy inteligente tanto en sus ideas como en sus técnicas”. El corto de Juan Carlos Fresnadillo titulado “Esposados” fue candidato a los Oscar. Y el cineasta tinerfeño recibió el Goya al mejor director novel por “Intacto”, una película con un toque de surrealismo y una trama policiaca de casinos, muy interesante, que yo no había visto y que anoche me puse a ello y me encantó. Ha dirigido y escrito guiones para otras películas y series, pero si lo pongo todo no me cabe la entrevista y en ella dice cosas muy interesantes. Sé que rechazó un contrato leonino de Harvey Weinstein, por quien le pregunto. Pero en ese momento hace una finta y no se volvió a hablar más del asunto. Le encantaría hacer dos o tres cosas, una película de ciencia ficción y un thriller romántico; y también –¿por qué no?— una comedia romántica, al estilo de “Notting Hill” o de “Love Actually”. Es natural que admire a Hitchcock y a Buñuel y que le guste “Media noche en París”, de Woody Allen. Para crear el dragón de “Damsel” hicieron falta 500 personas y he sabido –no por él– que David Lynch vio la película y le encantó. La conversación fue enriquecedora con un hombre que estuvo no hace mucho comiendo con Hugh Jackman para hablar de un proyecto que luego no salió.
-Oye, Juan Carlos, ¿es más fácil para un director trabajar en Europa o en USA?
“Yo no diría que es más fácil o más difícil, sino que es diferente. Mira, hacer una película es muy complicado, sea en los Estados Unidos, sea en Europa. Siempre digo que el estado natural de una película es la no existencia, porque lo normal es que una peli no se haga. Es ingente la cantidad de obstáculos y dificultades que es preciso sortear para que una historia llegue finalmente a la pantalla”.
-¿Por qué?
“Pues porque la gran mayoría de los proyectos se quedan o bien en un cajón de tu casa o en el despacho de un ejecutivo del estudio. Aceptarlo es parte del aprendizaje de esta profesión. Respecto a un lugar y a otro, te diría que Europa te permite, como director y guionista, una mayor libertad creativa, más control; en tanto que en los Estados Unidos te permiten proyectos de mayor presupuesto y en los cuales puedes contar con recursos muy ambiciosos, especialmente si quieres hacer películas de fantasía y aventuras, como es el caso de “Damsel”, mi última película”.
-¿Las plataformas han matado al cine o han resucitado a la industria?
“Creo que las plataformas han potenciado el sector de forma muy notoria, han conseguido que se vean más películas que nunca, pero a la vez han cambiado la forma de consumirlo. Vemos la mayor parte del cine en el televisor de nuestra casa y evidentemente este nuevo paradigma cambia la producción y el contenido de las historias”.
-Todo ha cambiado, entonces.
“Claro, porque como espectador en una sala de cine, la inmersión en la historia que estás viendo en la gran pantalla es total: estar rodeado de gente y a oscuras provoca en gran medida que nuestra atención no tenga altibajos. En cambio en casa, nuestros niveles de atención se encuentran muy dispersos debido a la facilidad con la que podemos dejar la pantalla, tentados por un móvil que nos envía mensajes y llamadas o por el interés de buscar algo mejor en otro canal o plataforma”.
-Y todo parece nuevo.
“Sí, ha provocado que el cine que se produce últimamente busque en su mayor parte historias con más ritmo y efectismo para conseguir atrapar aún más la atención del espectador. Y quizá esto nos lleve a algo que puede ir en contra de una elaborada y sólida construcción dramática o de un buen desarrollo de personajes”.
-¿Y dónde manda más un director de gran nivel, en una película tradicional o en una serie?
“En las series de televisión, el creador-guionista, el llamado showrunner, es realmente quien corta el bacalao. Esta figura, que es una mezcla entre director y productor, es realmente quien tiene la última palabra en las decisiones creativas más importantes. Los directores, en este caso, somos más bien consejeros. El trabajo que puedas desarrollar en una serie va a depender del grado de confianza y de la química creativa que hayas podido establecer con el escritor/showrunner”.
-O sea, que…
“Yo creo que podemos decir que la televisión es el reino de los escritores en tanto que el cine sigue siendo el reino de los directores”.
-Sé de tu devoción por Buñuel y Hitchcock, ¿pero y los modernos?
“Pues ahora mismo te diría que entre los directores que están activos me quedaría con Paul Thomas Anderson, Jonathan Glazer y Yorgos Lathimos”.
(Quiero acercarme más a mi entrevistado. Por eso le hago una pregunta más personal)
-¿Cómo se siente un chicharrero, nacido en La Salle, cuando comprueba que una peli suya, como “Damsel”, la han visto 250 millones de personas?
“Pues con la sensación de haber conseguido algo muy difícil, de haber logrado que algo que sólo estaba en mi cabecita y en las de unos pocos colaboradores llegue y emocione a una audiencia tan masiva. No creo que exista una sensación tan satisfactoria para un creador de historias como la de llegar al corazón de tanta gente”.
-¿Y?
“Pues que dicho esto, por qué no, ¡viva el barrio de La Salle y la madre que me parió!”.
-¿Te sientes bien viviendo en Lisboa?
“Me encanta esa ciudad. Es muy inspiradora”.
-Joder, yo tengo la misma sensación.
“De hecho, el diseño artístico de los decorados y los palacios en “Damsel” fue una inspiración directa del estilo arquitectónico manuelino que descubrí en Lisboa. La primera vez que lo vi fue en la torre de Belem, junto al río. Me quedé tan fascinado que logré convencer al director artístico y al estudio de que los exteriores de la película tenían que rodarse en Portugal. En Lisboa tienes todavía la sensación de vivir en una ciudad que aún no ha sucumbido del todo al paisaje globalizador y mercadotécnico de casi todas las grandes capitales. Caminando por sus calles puedes encontrar singularidades que te hacen sentir que estás en un lugar único y especial”.
-Cuéntame un secreto, ¿ciencia ficción o thriller romántico en tu próxima película?
“Todavía es pronto para decidir, pero me gusta desarrollar varias historias a la vez”.
-¿Por qué?
“Pues porque es una forma de tantear diferentes territorios antes de comprometerte durante muchos años en algo muy concreto. Piensa que hacer una película, al menos en mi caso que soy un poco de cocina lenta, suele durar de tres a cinco años. Y sí, estoy desarrollando actualmente unas historias que se enclavan en estos dos géneros que dices, de los que soy muy apasionado. Pronto veremos, en el proceso de desarrollo, cuál de esas películas coge más “cuajo” y este será el momento de la decisión”.
-¿Es verdad o leyenda que para construir el dragón de “Damsel” hicieron falta 500 personas?
“Sí, es cierto, porque diseñar y modelar una criatura de la envergadura de un dragón supone una tarea muy compleja. No solamente necesitas, en la post-producción, un importante grupo de técnicos y animadores de varias compañías de efectos y animación repartidas por todo el planeta. También necesitas, durante el rodaje, generar toda una serie de trucos y técnicas para conseguir que la interacción del dragón con el mundo tangible sea real y poderosa. Con lo que se hace preciso otro grupo de técnicos en el set que te ayuden a generar los elementos necesarios para que la integración posterior de la criatura resulte muy realista”.
-¿Cuántos años de trabajo se emplearon en “Damsel”?
“Mira, leí la primera versión en 2018 y entré definitivamente en el proyecto al año siguiente”.
-Y entonces llegó la pandemia y mandó a parar.
“Nos pilló, sí, la pandemia por medio, pero nosotros aprovechamos el parón para seguir preparando y diseñando la película. En total han sido cinco años de trabajo”.
-Parece mucho tiempo.
“Sí, parece mucho tiempo pero una película de esta dimensión requería una enorme preparación y planificación, además de un larguísimo proceso de post-producción para ir definiendo y generando los efectos visuales y una de las estrellas de la película, el propio dragón. “Damsel” es una película de fantasía, pero también es un film de animación, así que se unieron en ella los dos géneros más laboriosos que existen en el arte cinematográfico”.
-Juan Carlos, ¿sueñas con la alfombra roja, como ocurrió con “Esposados”?
“Ahora mismo sueño con las historias que estoy tramando para hacer la siguiente aventura para la pantalla”.
-¿Y con nada más?
“Nunca he sido mucho de soñar con premios y laureles. Pero no quiero que me malinterpretes: cuando llegan son muy bien recibidos y el reconocimiento por parte de compañeros de profesión y por la industria es muy halagador, pero te aseguro que el abrumador éxito de público que hemos tenido ya me parece un premio insuperable”.
(Recientemente, la ciudad de Santa Cruz nombró a Juan Carlos Fresnadillo pregonero de las Fiestas de Mayo. Ya leyó su relato, junto al mar de Santa Cruz. Y fue un éxito, una pieza literaria preciosa, que quedará bien guardada en los archivos de la ciudad y que destila amor por ella. Como es él, sincero, evocador, imaginativo, así es su pregón. Le pregunto por lo que sintió al trasmitirlo, rodeado de tanta gente amiga).
“Pues mucha emoción, al recordar y reconocer todos los lugares, amigos, familiares y artistas de esta ciudad y de las islas, que son en definitiva los que han inspirado y hecho posible que pueda estar hablando contigo ahora de mi carrera como cineasta”.
(Y algo curioso: el país donde más se vio “Damsel”, en el primer fin de semana desde que entró en Netflix, fue en Filipinas. Luego ya se ha equilibrado, en cuanto a espectadores, en otros países. Juan Carlos se considera supersticioso y yo les digo que es cordial, afable y que le gustan las ostras, pero sólo se come tres, siempre. Por cierto, deliciosas las de Los Limoneros. Estamos ante uno de los grandes directores de cine españoles, con una proyección mundial incuestionable. Es joven aún para hacer grandes cosas y les recomiendo a ustedes, desocupados lectores, que vean “Damsel”. Es tan hermosa la película como deliciosamente irreal. ¡Y dirigida por un tinerfeño, nacido en La Salle!).
Juan Carlos Fresnadillo: “La televisión es el reino de los escritores y el cine sigue siendo el de los directores”
Director de ‘Damsel’, una película que han visto ya 252 millones de espectadores en Netflix





