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Santiago Díaz-Bravo: “El Brexit significa hoy para los británicos lo que el Desastre del 98 para los españoles: asumir la decadencia”

El escritor tinerfeño afincado en Londres publica 'God save Froilán', una novela en la que vuelve a emplear el humor como herramienta para abordar un retrato del pasado y del presente
El escritor tinerfeño Santiago Díaz-Bravo (La Orotava, 1968). / Chris Kervin

La aspiración a la Corona del Reino Unido por dos postulantes españoles en pleno siglo XXI; la historia de Juan de Lepe, de quien cuentan que, en el tránsito del siglo XV al XVI, le ganó una apuesta a Enrique VII por la que se convirtió en rey por un día; la decadencia -o, más bien, la conciencia del ocaso- de dos imperios de anteayer y de ayer. Estos son algunos, no todos, pues hay más, de los elementos que dan forma a God save Froilán (Editorial Pie de Página, 2024), la nueva novela de Santiago Díaz-Bravo (La Orotava, 1968). Sobre ella, y también acerca del oficio literario, mantuvo esta entrevista con DIARIO DE AVISOS.

-Una partida de ajedrez a finales del siglo XV, un árbol genealógico y la aspiración al trono del Reino Unido, en el siglo XXI, por dos españoles. Hay que reconocer que, de entrada, el planteamiento de ‘God save Froilán’ es sorprendente. ¿Recuerda cuál fue el punto de partida que le llevó a escribir esta novela?
“Hay dos. Por un lado, conocer la historia -aunque no existen documentos que la avalen, es una especie de leyenda histórica- de Juan de Lepe, un marinero español que parece ser que naufragó en las costas del sur de Inglaterra, es atrapado y por alguna razón termina trabando amistad con el rey Enrique VII (1457-1509). Según el anecdotario histórico, ambos hicieron una apuesta, tampoco está claro que fuera en una partida de ajedrez, pudo ser jugando a las cartas…, en la que si el monarca perdía, Juan de Lepe ocuparía el trono durante 24 horas. Y la leyenda cuenta que Enrique VII perdió. No hay constancia de nada de esto, como digo, pero la historia en sí me pareció interesante. Por otra parte, God save Froilán también habla de la decadencia de dos imperios de dos países europeos en la actualidad. España, que trata de recuperar la gloria perdida y su decadencia llegó antes, y el Reino Unido, que pretende mantener la poca gloria que le va quedando. De manera que estos dos aspectos me llevaron a articular este relato, empleando, como en novelas anteriores, personajes reales y personajes ficticios, y ensamblándolo todo por medio del humor”.

“No hay nada mejor que el humor para contar las cosas serias de la vida, aquellas que son realmente importantes”

-¿Y de qué manera le sirve el humor para crear sus relatos?
“El humor, al contrario de lo que a menudo solemos creer, es una de las cosas más serias que existen en este mundo. Y no hay nada mejor que el humor para contar las cosas serias de la vida, las que son realmente importantes. A la comedia se la considera en muchas ocasiones como un género de segundo orden, pero incluso la historia de la literatura nos dice lo contrario. Uno de los más grandes autores de todos los tiempos, Cervantes, echó mano del humor en el Quijote. Y no es el único escritor sobresaliente que lo ha hecho. El humor es una herramienta de primer orden para contar la realidad. A mi me gusta recordar la frase “La vida es una tragedia cuando se ve en primer plano, pero una comedia cuando se ve desde lejos”, de Charles Chaplin. Es curioso que una de las mejores definiciones, en mi opinión, de lo que es la vida la haya dado un humorista. Eso es algo que vemos todos los días. Por eso considero que el humor es un grandísimo recurso literario y que, bien empleado, nos puede ayudar a comprender mejor el mundo que nos rodea y la naturaleza humana”.

-¿Qué halló en el sobrino de Felipe VI, Felipe Juan Froilán de Todos los Santos, que le hizo tan interesante como para ser unos de los protagonistas?
“Felipe Juan Froilán de Todos los Santos ha trascendido a su propia persona para convertirse en un personaje. Todos podemos recordar el día en el que el personaje apareció en nuestras vidas. Fue en la boda de los actuales reyes de España, Felipe VI y Letizia. Era uno de los niños que llevaban las arras y le propinó una patada a una de las niñas que lo acompañaban. Eso tan gracioso se comentó mucho. A partir de ahí, el personaje ha ido creciendo y, evidentemente, ha tenido un seguimiento desorbitado por parte de los medios. Igual que aprovecho el humor como recurso, me valgo de la realidad, de lo que hay alrededor. Así que, cuando la realidad me proporciona un personaje como ese para mis propósitos, no dudo en utilizarlo. En cierto modo, Froilán es un chico normal. Un joven de familia bien que ha tenido una educación excelente en los mejores colegios, que ha hecho tantas gamberradas como hemos podido haber hecho todos en la juventud… De igual modo, en él confluyen los defectos que aparentemente le impedirían convertirse en monarca, porque, lo mismo que cada uno de nosotros, no es ejemplo de nada. Ese contraste también me resultó especialmente interesante. Si recurrimos a la historia de España o de cualquier otro país, nos encontramos con que, a lo largo de los siglos, se han sentado en el trono personajes que han tenido tan pocas virtudes para hacerlo como Felipe Juan Froilán de Todos los Santos. Todo esto lo hacía incluso más interesante y apropiado para desempeñar el rol, digamos de centralidad, del libro”.

“Hay un momento en el que los personajes rechazan el alma que quieres darles y solo te queda aceptar sus caprichos”

-Al abordar una ficción que se adentra en la historia, y también en la leyenda, hasta qué punto la realidad condiciona lo imaginario y viceversa?
“Muchísimo. Cuando uno escribe, sobre todo una ficción, lo que plasma negro sobre blanco es el producto de sus propias experiencias. He sido periodista la mayor parte de mi vida y el periodismo, más que una profesión, es una forma de vida. Aunque yo lo haya dejado, me parece que él no me ha dejado a mí. Cuando me pongo delante de un papel o de una pantalla, ese pasado me influye al escribir. Eso, por un lado. Al mismo tiempo, entiendo que la realidad es lo suficientemente rica e interesante como para no obviarla. Día tras día, somos testigos de hechos que en ocasiones exceden incluso a lo que consideramos ficción, desde el punto de vista de la incredibilidad o de la sorpresa que puedan causarnos. En este caso, uno de los objetivos de God save Froilán era plasmar la situación de decadencia dos imperios. Esto me ha conducido a que la ficción estuviese muy influenciada por la realidad. Quizás también por el pasado periodístico, me siento cómodo hablando de sitios que conozco, de ambientes en los que he estado, y creo que escribiendo y reflexionando acerca de ellos soy mucho más productivo”.

-Ha señalado que le interesa explorar géneros y formas de escribir en cada nuevo proyecto. ¿Qué acerca y qué aleja a ‘God save Froilán’ de obras anteriores, como ‘Las intrusas’ (2021) o ‘Un secreto a voces’ (2022)?
“En mis libros mezclo muchos estilos. Desde el narrador omnisciente hasta el narrador en primera persona; empleo textos periodísticos, reproduzco noticias y, en el caso de God save Froilán, incluso comunicados de prensa de Gobiernos… Cuando narro en tercera persona, trato de que el lenguaje se adapte a lo que estoy contando. Por ejemplo, en esta novela no es lo mismo hablar de lo que ocurre en la cafetería en la que trabaja el descendiente legítimo al trono de Inglaterra que narrar lo que sucede en una reunión de aristócratas. En suma, procuro que cada uno de los renglones del libro tenga interés y, a la vez, que no se trate de una narración plana. Uno de mis objetivos desde el punto de vista formal es enriquecer esa narración con diferentes giros, con distintos tipos de lenguaje. Eso creo que se aprecia en la lectura de esta novela, especialmente, por el choque de ambientes, de personajes, de caracteres…”.

“Felipe Juan Froilán de Todos los Santos ha trascendido a su propia persona para convertirse en un personaje”

-Vive desde hace 12 años en Londres y eso le permite tener una doble perspectiva, la de España y la de Reino Unido, que se refleja en su literatura. ¿Qué paralelismos plantea entre ambas naciones en el caso de ‘God save Froilán?
“Son muchos los que aprecio. Desde hace muy pocos años, estamos presenciando en el Reino Unido el Desastre del 98 español. En España nos percatamos de que habíamos dejado de pertenecer a la aristocracia mundial con la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898. Nos dimos cuenta entonces de que no éramos tan importantes como pensábamos. Eso supuso una crisis que todavía hoy tenemos presente. No han pasado tantas generaciones desde entonces. De hecho, los de mi edad somos la tercera o cuarta después de esa crisis y sus consecuencias. Este sentimiento de pérdida, parecido al que puede sentir quien antes fue rico y ahora ya no lo es, lo llevamos muy adentro en el imaginario español y en nuestra forma de ser. Pues bien, ese mismo proceso lo está experimentando ahora Reino Unido. El predominio internacional que tenía se ha ido aminorando bastante desde principios del siglo XX hasta hoy, pero, curiosamente, cuando ha comenzado a percatarse de que ya no es lo que pensaba que era, y que de hecho lleva tiempo no siéndolo, es ahora, tras el Brexit. Por eso digo que el Brexit es el 98 de Reino Unido. Su sociedad está dándose cuenta, por ejemplo, de que una de sus antiguas colonias, la India, es una gran potencia a la que ni siquiera puede tratar de tú a tú. Así que, de igual manera que la crisis del 98 afectó a la idiosincrasia española del siglo XX y del XXI, creo que con el Brexit ocurre el mismo fenómeno en la sociedad británica. Esto lo he querido plasmar en God save Froilán: España trata de recuperar la grandeza perdida y Reino Unido intenta mantener en pie lo que ve que se le está desmoronando”.

-¿Cómo se ha desarrollado la escritura de esta nueva novela? ¿Varía mucho el método de creación entre un libro y el siguiente o el proceso suele ser similar?
“Uno toda su vida es un aprendiz. Publiqué mi primer libro hace 20 años y me embarqué de forma más seria en la carrera literaria en 2018. He publicado cuatro novelas y creo que he ido mejorando en mi aprendizaje en cuanto a la creación de historias. Mi bagaje periodístico me ha servido de mucha ayuda. Cuando uno es periodista también cuenta historias, aunque en la medida de lo posible no se las inventa [ríe]. Durante muchos años investigué las fórmulas de trabajo de grandes autores. Y lo que más me llamó la atención fue, precisamente, las diferencias que había entre unos y otros. Así que concluí que no existe un método por excelencia, que cada cual tiene que buscar el suyo. El mío es trabajar, sobre todo, en las horas de la mañana. Me gusta madrugar. Avanzo en la obra, paro y vuelvo atrás, vuelvo a avanzar y a regresar… Es una continua reescritura para mejorar las tramas y, algo muy importante, dotar de alma a los personajes. Y en esto existe algo mágico: hay un momento en el que los personajes rechazan el alma que tú quieres darles y solo puedes aceptar sus caprichos. El escritor se convierte entonces en un testigo”