El Festival Boreal ofrecerá en septiembre en Los Silos la oportunidad de disfrutar por primera vez en Tenerife de la actuación de Francisco, el Hombre, una de las bandas referentes de la nueva era de la cultura folclórica latinoamericana, mixturada con rock, punk, ska y MPB. Se autodefinen como una banda de pachanga-folk con canciones rítmicas que invitan al baile y a eliminar fronteras. Su música es un cóctel explosivo, mezcla de la tradición de las músicas brasileñas y afrolatinas con punk-rock psicodélico y electro-punk. La misma actitud transgresora con la que defienden el derecho a la felicidad y a la libertad del individuo a autodefinir su identidad. Mateo Piracés-Ugarte, voz y guitarrista de la banda, pone en alerta al público de Tenerife: “Vamos a hacerles bailar, abrir ruedas, cantar en brasileño, español y todo…”.
-Septiembre está a la vuelta de la esquina. ¿Podría adelantar algo de lo que se escuchará en el debut de la banda en Tenerife?
“Estamos en una gira dupla. Hay dos cosas que comentar sobre el concierto en el Boreal. Lanzamos un disco nuevo, Hasta el final. Es un álbum muy enfocado en la energía de nuestro concierto en vivo. Entonces va haber mucha energía, mucho baile, mucha mezcla de batucada con rock, cumbia con ska y más. Es un disco enérgico y así será el concierto. A la vez, es una gira que hacemos antes de una pausa, por lo que hay un carácter emotivo que hace que cada concierto sea aún más especial. Vamos a entregar todo”.
-Los directos de Francisco, el Hombre se caracterizan por su dinamismo y complicidad con el público. ¿Qué es lo mejor de estar sobre un escenario?
“No hay concierto sin público. Lo mejor es el público. Nosotros venimos de hacer conciertos en la calle: si no hay intercambio con la audiencia, no hay espectáculo. Queremos promover la catarsis colectiva y para eso vamos a Tenerife, sí o sí, a conectarnos mucho con el público. Vamos a hacerles bailar, abrir ruedas, cantar en brasileño, en español…”.
-Llevan más de una década en los escenarios. ¿Cuál ha sido la evolución del grupo?
“Empezamos tocando en la calle. Entonces, el gran cambio es que después de 10 años estamos tocando en una tarima. Es decir, tuvimos la chance de aprender mucho con la universidad del músico callejero y llevar esa energía para un escenario con miles de personas escuchándonos. Somos una banda que siempre entendió la música como un instrumento de comunicación, de mensaje. La gran diferencia es que ahora tenemos un micrófono, una tarima y un público que nos escucha. Eso lo valoramos en cada concierto”.
-Aunque la banda está compuesta por mexicanos, se les puede identificar más con Brasil. ¿Cuál es el estado de la vida cultural en este país?
“En este momento estamos viendo un Brasil con mucha música emergente. Durante la época pandémica y de los gobiernos de Temer y Bolsonaro, hubo un ataque directo a la cultura que casi mató la escena musical pequeña y mediana. Las bandas pequeñas no tenían dónde tocar, dependían de redes sociales que no ayudaban en nada a difundir su trabajo. Muchos festivales aparecieron, pero todos con el mismo line-up y poca apuesta de artista nuevo. No había ni siquiera un Ministerio de Cultura y, mucho menos, apoyos estatales. Se hizo muy difícil. Con eso se creó una burbuja de la escena musical que ahora está explotando. Muchos festivales se están cancelando, así como conciertos grandes o giras enteras. Es obvio: es imposible sostener el mainstream sin haber una escena underground de base. La música se hace de abajo para arriba, si no, no se sostiene. En ese sentido, estamos viendo aparecer ahora nuevas soluciones, muchas viniendo de las periferias, de los bailes funk, de las raves con música marginal, de los nuevos artistas de MPB (música popular brasileña), que están creando nuevos formatos de rodaje para hacer gira por el país”.
“No hay concierto sin público; lo mejor es la gente. Si no hay intercambio con la audiencia, no hay espectáculo”
-Afirman que los sentimientos de rabia e ira son muy importantes, pero que quizás a la hora de componer es mejor liberarse de estas emociones. ¿Es por esto que la fiesta, el baile y la alegría siguen siendo parte de su ADN?
“Es muy importante estar cerca de cualquiera de las emociones. La entrega a la emocionalidad es necesaria porque, si no es para darlo todo, ¿para qué lo hacemos? En segundo lugar, hay una responsabilidad que viene del poder del micrófono. ¿Qué queremos hacer con esa atención que nos dan? Yo quiero construir un futuro mejor”.
-No dudan en significarse políticamente. ¿Han tenido algún reproche del público?
“Hemos tenido tantos que nunca sabremos en qué medida cambiaron nuestra carrera. El reproche ha sido pasivo, con censuras veladas, y activo, con amenazas, ataques físicos y virtuales, juicios, tentativas de arrestarnos… Pero, honestamente, eso no es nada comparado con el apoyo que nos ha dado el público por decir lo que decimos. Por no demostrar miedo. No es nada comparado con dormir tranquilo sabiendo que hicimos nuestra parte”.





