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Ahmed Abuzubaida Salwa: “El genocidio en Palestina no comenzó hace un año; Israel lo lleva a cabo desde 1948”

Nacido en Gaza y refugiado palestino en España, el próximo martes participa en Periplo, el Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras de Puerto de la Cruz
Ahmed Abuzubaida Salwa es uno de los invitados a la nueva edición del Festival Periplo de Puerto de la Cruz. / DA

Ahmed Abuzubaida Salwa nació en Gaza. Fisioterapeuta y trabajador social, en 2008 llegó a España como refugiado palestino y en la actualidad ejerce esta última carrera profesional en Madrid, en la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), en la que además forma parte de su comité ejecutivo. Antes, entre 2004 y 2008, fue coordinador de la Unión de la Juventud Progresista Palestina y, de 2012 a 2017, vicepresidente de la Asociación de la Comunidad Hispano Palestina Jerusalén. La próxima semana estará en Puerto de la Cruz para participar en Periplo, el Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras, cuya duodécima edición se desarrolla desde este lunes y hasta el próximo domingo. El martes por la mañana (12.00 horas), Ahmed Abuzubaida ofrecerá una charla formativa, mientras que por la tarde (18.00) será entrevistado por Ebbaba Hameida en un coloquio titulado El exilio infinito del pueblo palestino.

-Acude a Periplo el martes para participar en la charla ‘El exilio infinito del pueblo palestino’. ¿Cómo es ese relato de destierro, de desarraigo?
“El pueblo palestino lleva 76 años sufriendo un genocidio. Se tiende a hablar solo de lo ocurrido durante el último año, pero es una historia de ocupación, de violación de los derechos humanos, de todo tipo de agresiones y violaciones que casi ni podemos imaginar, que comenzó en 1948. Nuestro apego a Palestina nace de ese sufrimiento, de luchar para recuperar esa tierra y nuestros derechos. No solo el territorio, sino también los derechos que nos han ido eliminando durante todo este proceso colonialista que padece Palestina”.

-Usted llegó a España en 2008 y hoy es trabajador social en CEAR. Desde esa experiencia, al margen de las necesidades básicas de cualquier ser humano, ¿cuál es la principal demanda en el auxilio a los refugiados?
“Los refugiados palestinos demandan su derecho al retorno, recogido por varias resoluciones de Naciones Unidas. Es el más fundamental: que nuestros abuelos y abuelas, que fueron forzados a salir de Palestina en 1948, y luego también en 1967, tengan garantizado ese derecho. Y también la compensación. Retorno y compensación. No retorno o compensación. Porque todo el mundo tiene ese derecho a regresar. Muchos lo ejercerán y otros no, porque ya se han hecho su vida en otros sitios, y también a la compensación por el sufrimiento por el que han pasado en todo este tiempo”.

“¿Qué más da reconocer a un Estado si masacran a su gente, si carece de territorio, si no tiene soberanía? Eso no cambia absolutamente nada en la vida de los palestinos, por desgracia”

-Nació en un campo de refugiados de Gaza. Es la tercera generación de su familia que lo ha hecho. ¿Cómo es la vida en estas circunstancias? ¿Cómo es vivir en la Franja de Gaza?
“Vivir en un campo de refugiados en Gaza, o en Líbano o en cualquier otro sitio, es vivir sin derechos. En la Franja de Gaza la gente nace y muere sin tener los más básicos. El derecho a la vida, a tener una nacionalidad reconocida, al movimiento… Si cogemos la Carta Internacional de Derechos Humanos, vemos que los palestinos no gozan de casi ninguno de esos derechos. Es una violación continua, un día tras otro. Es sobrevivir a genocidios como el que está ocurriendo ahora. Y si sobrevives, quizás resultes herido y sufras una discapacidad permanente. No puedes plantearte un futuro. No debes pensar en el día de mañana, porque no sabes si vas a seguir vivo o te van a matar”.

-¿Tuvo claro desde un principio que, desde su experiencia personal como refugiado, quería dedicarse a ayudar a otras personas que se ven obligadas a dejar su tierra?
“Totalmente. Desde muy pequeño desarrollé labores en Palestina trabajando con los refugiados. El campo de refugiados, por desgracia, forma parte de nuestra identidad. No solamente es una condición, sino un aspecto de nuestra identidad a día de hoy. Cuando me presento, digo: ‘Soy Ahmed, refugiado palestino’. Antes incluso de terminar la carrera estaba ahí, participando en grupos de trabajo para luchar por las personas más vulnerables en la sociedad palestina. A los niños y a las mujeres les cae todo el peso de la ocupación, al igual que a todo el mundo, porque la ocupación no diferencia entre mujer y hombre ni entre niño y adulto, pero también he trabajado por derechos individuales entre la sociedad palestina”.

“El apego a Palestina nace del sufrimiento, de luchar para recuperar nuestra tierra y nuestros derechos”

-Tras la matanza del 7 de octubre de 2023, con unos 1.200 israelíes asesinados y 250 secuestrados, Israel respondió con una ofensiva en la que ya ha matado a más 42.000 palestinos, entre ellos, 16.000 niños. En los ataques en Líbano han muerto ya más de 2.000 personas. ¿Queda algún resquicio para la esperanza ante una masacre como esta?
“La pregunta está mal formulada. Habla usted de asesinatos y luego, cuando se refiere a los palestinos, habla de muertos. Esto es lo que nosotros, como palestinos, denunciamos de los medios de comunicación, el uso de este lenguaje, desarrollado para justificar el genocidio. Lo del 7 de octubre hay que cogerlo entre comillas. Hay muchas mentiras. ¿Por qué a los medios de comunicación les parece bien que un ucraniano, con todo el derecho del mundo, coja un arma y luche contra la invasión rusa, pero si un palestino ejerce su derecho a la resistencia lo llamamos acto terrorista? Muchas de estas personas, de estos israelíes, sobre los que pongo en duda el número de muertos, eran soldados que estaban en unos territorios ocupados, según el derecho internacional. De manera que en la pregunta, cuando habla de un ataque palestino y luego de la respuesta israelí, la palabra respuesta es una justificación del genocidio. Este genocidio se lleva a cabo desde hace 76 años, no comenzó el 7 de octubre. Hamás no es el problema, porque cuando Israel ocupó Palestina en 1948 no existía Hamás, y en 1967, tampoco. Ahora atacan Líbano, según dicen, como respuesta a Hezbolá. Cuando lo ocuparon en 1982 tampoco existía Hezbolá. De manera que si hablamos de la respuesta israelí, aunque luego añadamos que es indiscriminada, sigue siendo una respuesta. Y las cosas no son así”.

-… Y en cuanto a la pregunta, ¿queda algún resquicio para la esperanza ante esta masacre?
“Nunca vamos a perder la esperanza, porque eso significaría dejar de luchar. Como digo, llevamos desde el año 1948 enfrentándonos a esta ocupación militar, a este proyecto colonialista de reemplazar a la población palestina, de sacar a las personas de la tierra en la que nacieron y poner en su lugar a otras que han traído de todo el mundo porque supuestamente lo recoge un texto sagrado. Pero el problema es que allí ya vivía gente. Mi abuelo es de la ciudad de Jaffa, que hoy llaman Tel Aviv. Nació ahí, se crio ahí y tiene toda su vida ahí. De manera que seguimos luchando para recuperar nuestros derechos. La esperanza nunca se pierde. Es lo único que nos queda”.

“Lamentablemente, el campo de refugiados es parte de nuestra identidad. Cuando me presento, digo: ‘Soy Ahmed, refugiado palestino”

-En unos casos por ponerse de perfil y en otros por ser directamente ignorada por el Gobierno de Benjamín Netanyahu, el papel de la comunidad internacional ante estos crímenes contra la humanidad no deja de ser cuestionado. ¿Cómo lo considera usted?
“El problema de Palestina no reside en un Gobierno israelí de derecha o de extrema derecha como el que hoy dirige Netanyahu. Israel ha tenido Gobiernos del Partido Laborista, que se consideraba de izquierdas, y fueron igual de sangrientos para la población palestina. Ahora ya sale más a la luz y se habla de la política de exterminio que practica el Gobierno de Israel contra el pueblo palestino. Pero no es un problema con Netanyahu, sino un problema con un proyecto colonialista. Una respuesta internacional ha sido colaboradora total con Israel, como es el caso de Estados Unidos, estableciendo abiertamente un puente aéreo de armas. En absoluto actúa de mediador, sino que, por el contrario, es partícipe, un socio, un aliado, en este genocidio, en esta masacre en Oriente Medio. Otros países también han brindado apoyo en armamento y en materia de seguridad, como Reino Unido, Alemania e Italia. Y otros se han mostrado más tibios, en la Unión Europea, condenando a las dos partes. De modo que la respuesta ha sido entre colaboradora con el genocidio y otra, si se quiere más tímida, que simplemente ha intentado justificarlo, como se hizo al principio, dando alas y legitimando al Gobierno de Israel”.

-Durante muchos años se ha expuesto la solución de dos Estados: una Palestina conformada por Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este, como alternativa al conflicto. Sin embargo, por una razón o por otra, todo ha quedado en papel mojado. ¿Qué impide o, mejor, qué hace falta para que esta idea se plasme?
“En realidad, esa solución es nefasta, porque entrega el 80% del territorio palestino a la fuerza ocupante. Pero no solamente es una cuestión de porcentajes. Va incluso en contra de las resoluciones de Naciones Unidas: si tú aplicas un Estado israelí sobre ese territorio, tendrías a la gente que vivía allí, a la comunidad palestina, sin derecho al retorno. Eso, por un lado. Por otro, el Estado de Israel ha seguido negando sistemáticamente esta solución, no la acepta. Eso lo han declarado sus representantes por activa y por pasiva. Así que, incluso dentro de este marco, continúan buscando invadir y ocupar otros territorios. Cuando en 2012 la ONU reconoció al Estado de Palestina [de facto], el embajador de Israel en la Asamblea General de Naciones Unidas manifestó que no podía reconocerlo porque Dios prometió esa tierra a los israelíes. Así que al otro lado tienes a fanáticos que contemplan para Israel el territorio que está entre dos ríos, el Nilo y el Éufrates, las dos líneas azules de su bandera. Es decir, que su proyecto colonialista no afecta solo a Palestina, sino también a Egipto, Jordania, Siria, Líbano e Irak. No se puede hablar de la solución de dos Estados mientras una parte te dice que esto es solo una primera fase para lograr luego el resto de la tierra prometida”.

-España reconoció este año al Estado de Palestina. Más allá de su simbolismo, ¿qué importancia tienen iniciativas como esta?
“Como ha dicho, posee un valor simbólico. ¿Qué más da reconocer a un Estado si masacran a su gente? ¿Qué importancia tiene si carece de territorio, porque Israel se lo come cada día con sus asentamientos? ¿Qué relevancia posee si ese Estado no tiene soberanía? Este tipo de reconocimientos lo podemos llamar como queramos, hasta lavado de conciencia, pero no cambia la realidad, no modifica absolutamente nada en la vida de los palestinos, por desgracia”.

-En Occidente asistimos a un auge de la ultraderecha y, con él, de los discursos xenófobos. ¿Cómo se desmontan esas ideas que consideran al otro, al que viene de fuera, alguien extraño, totalmente ajeno a nosotros e incluso un criminal en potencia?
“Sí. Lamentablemente, vivimos un momento histórico en el que la ultraderecha está en apogeo. Sin embargo, la mayoría de quienes vienen de fuera aportan una riqueza que tiene que ver con la cultura, con la economía… Añaden mucho. Una teoría muy básica de la sociología es la que dice que los pueblos que se mezclan son los que más resisten, los que más progresan, frente a los que se cierran. Diferente no es ni mejor ni peor. Cuando entendamos esto, avanzaremos mucho y nos quitaremos prejuicios de encima. Si relacionamos la palabra diferente con conceptos como mejor, peor, más radical, menos radical…, ahí vamos a tener problemas. Si, por ejemplo, consideramos mejor a quien tiene la piel blanca frente al que la posee de otro color”.