Ópera de Tenerife escenifica este martes, el jueves y el sábado (19.30 horas) el primer título de su temporada de abono, Ariadne auf Naxos, de Richard Strauss, una obra que constituye, además, el regreso de las producciones propias de gran formato al Auditorio de Tenerife. Con un elenco internacional de cantantes y la Sinfónica de Tenerife, el director de orquesta Diego Martin-Extebarria asume la dirección musical, mientras que la escénica y el diseño de vestuario corren a cargo de Nicola Berloffa. Acerca de este montaje, de la ópera y del papel que ejerce en el foso de la caja escénica un director musical, conversó DIARIO DE AVISOS con el maestro vasco.
-Se pone al frente de la Sinfónica de Tenerife y un elenco internacional de voces para dirigir ‘Ariadne auf Naxos’, de Richard Strauss. ¿Cómo está siendo la experiencia de plasmar esta producción propia del Auditorio de Tenerife?
“Muy intensa. Este es un título complejo. Musicalmente, la manera de escribir de Richard Strauss es densa, posee muchísimas líneas que se van cruzando entre sí. Además, hay un gran número de cantantes, es una obra muy coral. Aunque en el título solo aparece Ariadne, en realidad es una ópera en la que intervienen numerosos personajes, con mayor o menor protagonismo. La ópera es el gran espectáculo de la música clásica, porque no hay otro tipo de propuesta en la que intervengan tantas personas y en la que todas tengan que ser tan generosas como para que cada una de las partes que entran en juego se pueda lucir. Pero, bueno, cuando me preguntan por esta producción, comento que una de las cosas que me están haciendo más feliz es el buen ambiente de trabajo que tenemos. Todos están siendo muy amables, al tiempo que son conscientes del enorme reto que hay por delante, porque Richard Strauss constituye uno de los mayores desafíos para cualquier músico, y los que forman parte de esta producción están por la labor de que todo el mundo triunfe”.
-¿De qué manera ha querido acercarse a esta ópera? ¿Qué elementos más la caracterizan y ha querido potenciar?
“Cuando comencé a prepararla, lo más interesante, y también lo más intenso, está relacionado con el prólogo. Los primeros 40 minutos de Ariadne auf Naxos, que son prácticamente una pieza de teatro musical, pues se conforman a partir de un diálogo constante entre los diferentes personajes, resultan muy complejos. En este título de Strauss, tanto en ese prólogo como en la ópera en sí, lo más importante tiene que ver con la clarificación de líneas. Así como cuando escuchamos a Mozart o incluso ópera italiana, bel canto, normalmente tenemos muy claro que la orquesta es acompañamiento y los cantantes son el objeto del lucimiento, en el repertorio alemán posromántico todas las partes de la ópera tienen la misma importancia. La orquesta posee un papel dificilísimo y muy relevante, puesto que hay un montón de melodías que se despliegan al mismo tiempo que los cantantes sobre el escenario. De manera que encontrar ese punto intermedio, en el que todas las líneas se entiendan, tanto las de arriba como las de abajo de ese escenario, representa el gran objetivo en este repertorio”.
“España exporta músicos de un nivel altísimo; la lástima es que aquí no tenemos un mercado suficiente como para que se queden”
-Usted lleva 17 años viviendo en Alemania. ¿Recuerda ese momento en el que decidió hacer las maletas e iniciar esta aventura musical y personal?
“Sí, absolutamente. Fue una decisión peculiar. Tenía mi vida bastante organizada en Barcelona. Soy oboísta y tocaba en una orquesta. También daba clases de oboe en el Conservatorio de Tarrasa. Pero siempre había querido desarrollar mi carrera como director. A pesar de que en España hemos evolucionado muchísimo, sobre todo en la formación de músicos, aún no podemos competir con el volumen de mercado que hay para la música clásica en Alemania, en Austria, en Suiza, en Centroeuropa en general. Así que tomé la decisión. Me dije que era ahora o nunca. Así fue cómo me fui a estudiar y, afortunadamente, las cosas fueron bien y luego comencé a dar mis primeros pasos como director. Estoy muy agradecido a Alemania. Pero es verdad que en casa se siguen acordando de mí. Las primeras orquestas profesionales que me dieron una oportunidad fueron de Euskadi, porque yo soy vasco, y a continuación la de Tenerife. Por eso me hace tanta ilusión regresar a la Isla con un proyecto tan grande como Ariadne auf Naxos”.
-Como comenta, Centroeuropa es la gran referencia. ¿Resulta aún muy diferente la relevancia que se le da a la música académica, en el apoyo y en la forma de trabajar, pero también en la divulgación y en la programación, con respecto a lugares como España?
“El nivel de los músicos que se forman hoy en España es altísimo. En Alemania, prácticamente cualquier orquesta que dirijo cuenta con músicos españoles. Eso significa que, desde el punto de vista académico, ha habido un avance tremendo durante los últimos 20 años. En las pruebas de acceso a la Joven Orquesta de la Unión Europea y a la Joven Orquesta Gustav Mahler, de las más prestigiosas para jóvenes de hasta 25 años, siempre hay un porcentaje elevadísimo de españoles. ¿Qué es lo que no hemos conseguido poner al día en España? El público. Centroeuropa nos sigue ganando de largo. En Alemania, cualquier ciudad con más de 50.000 habitantes tiene una orquesta y un teatro de ópera. Aquí es muy complicado. Por eso es una maravilla lo que han hecho en Tenerife: conseguir más de mil abonados para la ópera. Eso habla muy bien de Ópera de Tenerife, del trabajo que hace con el público. España exporta músicos profesionales a todas partes. ¿Cuál es la lástima?, que aquí no tenemos suficiente mercado para absorber esa cantidad de buenos intérpretes que salen de los conservatorios”.
“Mi misión es convertir en un solo elemento a todos los que participamos y nos implicamos en un proyecto musical”
-¿Cómo entiende la labor de un director? ¿El mayor peso lo lleva el trabajo previo de análisis de la partitura o la evolución en el proceso de ensayos?
“El trabajo previo es ingente. La cantidad de horas que hay que pasar, sobre todo haciendo una ópera, donde hay tantos detalles en los que fijarse, es tremenda. No solo es la parte musical, también está el texto, entender qué está sucediendo escénicamente… Hay que tener una idea muy completa de todo. ¿Que después se complementará con la del director de escena?, por supuesto, pero durante el estudio ya debo tener una historia, tanto musical como textual. Y luego es cierto que en el periodo de ensayos la evolución es espectacular, pero tengo que llegar con todas las ideas clarísimas. El resto del equipo puede presentarse con dudas, que se irán solventando, pero tanto el director de escena como el musical deben acudir con ese trabajo hecho. Y, claro, todo luego se puede negociar, no se trata de ser un inquisidor. Nuestro trabajo es ayudar a todo el mundo. Resolver las dudas que puedan tener los demás”.
-¿Qué trata de trasmitir a los músicos en ese diálogo?
“Mi misión es convertir a todas las personas que se implican en el proyecto, cada una con una forma de pensar y entender la música, en un solo elemento. Que todos nos convirtamos en uno, que solo exista el grupo, más allá de cada individualidad”.
“Por mucho que tengas la música en tu cabeza, has de ser permeable a las ideas que plantean la orquesta y los cantantes”
-Y del otro lado, ¿cuál diría que es la principal enseñanza que adquiere de los intérpretes?
“Por mucho que uno se imagine previamente en su cabeza el sonido, al final, cuando te encuentras ante la orquesta y los cantantes, como director no puedes ser inamovible. Debes escuchar las propuestas que te plantean los intérpretes y analizar hasta qué punto esa oferta que te están haciendo encaja con la idea que tú tenías en mente. Siempre has de ser permeable a esas alternativas musicales que te van llegando de los artistas que tienes delante”.
-Justo hasta el pasado año fue director principal residente del Teatro de la Ópera de Chemnitz, en Alemania. ¿Qué elementos debe reunir, en su opinión, una temporada ideal de ópera?
“Tiene que poseer una serie de títulos que el público espera ver; una serie de títulos que el público no espera ver, pero los que nos dedicamos a ello creemos que van a ser de su agrado, y, por último, una serie de títulos sobre los que no sabemos cómo va a reaccionar ese público, pero para los que hay que asumir ciertos riesgos con el fin de que quien nos visita abra su abanico de gustos operísticos”.





