La desaparición de la campana de la ermita de Sant Hilari tiene a los vecinos de Cardedeu, en Barcelona, con una gran incógnita: ¿dónde está? Lo que antes era un símbolo sonoro de la comunidad, ahora es solo un hueco silencioso en el campanario. Hace una semana, unos ladrones se la llevaron, dejando no solo un vacío físico, sino también un profundo pesar en el ánimo de todos los residentes, según informa Antena 3.
Los vecinos especulan que los ladrones treparon hasta el tejado y que la campana cayó al suelo al ser descolgada, dejando un agujero considerable como prueba del esfuerzo necesario para arrancar este elemento tan significativo del campanario.
La campana en cuestión tiene un valor histórico y sentimental profundo. Fue refundida a partir de una campana original que databa del año 1415 y, durante la Guerra Civil Española, fue escondida para evitar que fuera fundida y utilizada como armamento. Con un peso de 90 kilos y hecha de bronce, logró superar incluso un devastador incendio en 1936. Sin embargo, no pudo resistir el reciente robo que la ha apartado del pueblo que tanto la aprecia.
Para el alcalde de Cardedeu, Josep Quesada, “además del valor de la campana, pesa más el valor sentimental”. Esa opinión la comparten vecinos como Josep Serra y su hijo Hilari, quienes nos mostraron el interior de la ermita, destacando que, aunque hay otros objetos de valor dentro, el único objetivo de los ladrones fue claramente la campana.
La ermita de Sant Hilari está ubicada en una zona aislada del pueblo, lo que facilita el acceso sin ser visto. La única manera de llegar a ella es a través de una pequeña carretera, circunstancia que fue aprovechada por los delincuentes para llevar a cabo el robo sin ser detectados. Este entorno tiene un gran valor simbólico para los vecinos, ya que allí se celebra anualmente una romería conocida como ‘L’aplec de Sant Hilari’, en la que participan hasta 700 personas.
La campana siempre ha sido el centro de atención durante esta festividad; cualquiera que lo deseara podía tocarla y ser parte de la tradición que ha pasado de generación en generación. Sin embargo, este año la historia será diferente. “Sin campana, tendremos que tocar el acordeón”, lamenta una vecina, incapaz de comprender cómo alguien pudo llevarse algo tan importante para el pueblo.
Algunos residentes creen que la campana ya ha sido fundida y que no será posible recuperarla. A pesar de ello, el pueblo mantiene la esperanza viva y, en sus plegarias, piden que se la devuelvan para que su sonido vuelva a resonar y la tradición continúe, devolviendo a la comunidad una parte de su alma.





