El fotoperiodista Walter Astrada, con más de tres décadas de experiencia documentando realidades y conflictos internacionales, aconseja a los fotógrafos y reporteros que vale más “la curiosidad, la empatía o incluso un buen par de zapatos que la cámara con la que se hacen las fotos”. Así lo manifestó este martes durante el taller intensivo sobre narrativa visual que ha impartido en el marco del Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras de Puerto de la Cruz, Periplo. Los numerosos premios que ha conseguido por su trabajo, entre ellos tres World Press Photo o el Bayeux-Calvados para corresponsales de guerra, dan buena cuenta de su teoría: la historia y la humanidad por encima de todo. Este miércoles se embarca en un nuevo viaje: contar a todas las personas que acudan a la carpa del Museo Arqueológico de la ciudad los entresijos de su proyecto más reciente, The Journey: la vuelta al mundo con una cámara y una moto. La aventura arranca a las 19.15 horas.
-Viajar por el mundo con una cámara y una moto. ¿Hasta dónde ha llegado The Journey?
“Ha llegado a nueve años y medio de viaje, 44 países y más de 240.000 kilómetros. Llegó mucho más lejos de lo que en un principio pensé que llegaría”.
-¿Qué buscaba al emprender este proyecto? ¿Lo ha conseguido?
“Al principio, cuando se me ocurrió la idea, no tenía un objetivo, ni siquiera tenía una idea de qué fotografiar. Mi plan era viajar, conocer, descubrir, dejarme llevar. Finalmente, como soy fotógrafo, comencé a tomar fotos y además de viajar, conocer, descubrir y dejarme llevar, terminé realizando un proyecto fotográfico. Logré algo como consecuencia de mi curiosidad y persistencia. Teniendo en cuenta que antes de comenzar a pensar en el viaje en moto no tenía ni moto ni carné de conducir motos, creo que he conseguido mucho más de lo que podía imaginar al iniciarlo”.
-¿Un fotoperiodista busca una historia o se deja sorprender por ella?
“Ambas cosas. Buscar historias y dejarse sorprender. Muchas buenas historias surgen a partir de estar atento y observar lo que nos rodea con ojos críticos y curiosos, acompañados de conocimientos e información previa. Por eso, es importante leer mucho, para tener información y conocimientos”.
-De todo lo que ha pasado delante de su objetivo en este proyecto, ¿qué es lo que más le ha sorprendido?
“No sé si sorprenderme es la palabra. Me ha encantado hacerlo, experimentar, recorrer tantos kilómetros y pasar por tantos lugares conociendo a tantas personas. Confirmar que, si algo te pasa, siempre hay alguien dispuesto a ayudarte y a echarte una mano. Y confirmar que el mundo es menos peligroso de lo que nos hacen creer, y que los seres humanos tenemos muchas más cosas en común y que nos unen que cosas que nos separan”.
-Tras 30 años en la profesión, ¿le siguen sorprendiendo las historias que se van cruzando en su camino?
“Me considero curioso y siempre estoy haciéndome preguntas sobre lo que observo y me rodea. Como no sé todo, me gusta preguntar todo el tiempo”.
-De todas las realidades sociales que ha logrado capturar con su cámara, ¿cuál le sigue impactando?
“Esta respuesta está más dirigida a mis proyectos personales. Y creo que el proyecto que realicé sobre violencia contra las mujeres en Guatemala, Congo, India y Noruega es lo que más me ha impactado”.
-¿Cuán importante es para usted la labor del fotoperiodista en la comunicación de un conflicto internacional?
“Es muy importante porque puede explicar los matices y los contextos de por qué se está desarrollando ese conflicto, para ayudar a las personas a entender por qué estamos en esa situación o por qué se ha llegado a ella”.
-En esta edición del festival ofrece un taller de fotografía documental, ¿qué necesita una persona para contar con imágenes? ¿Qué consejo le da a los fotoperiodistas noveles?
“Curiosidad, empatía, persistencia, capacidad de escucha, capacidad de análisis, capacidad de adaptación, leer mucho y estudiar. También les aconsejo hacerse preguntas, buscar respuestas, un buen par de zapatos, lo menos importante es con qué cámara vas a hacer las fotografías”.





