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Aranza Coello: “Ángel Guimerá nos regala personajes femeninos que nos permiten hacer una lectura de nuestro tiempo”

El teatro de Santa Cruz de Tenerife que recibe el nombre del dramaturgo, del que se cumplen cien años de su muerte, estrena los días 22, 23 y 24 de noviembre 'Mala sangre', una obra en su homenaje escrita y dirigida por la actriz, directora y dramaturga
Aranza Coello. / DA

La capital tinerfeña celebra a partir de este lunes la Semana Grande en torno a la conmemoración del centenario del fallecimiento de Ángel Guimerá y Jorge (Santa Cruz de Tenerife, 1845-Barcelona, 1924), el dramaturgo canariocatalán que da nombre al principal teatro de la ciudad. El Organismo Autónomo de Cultura del Ayuntamiento capitalino y el proyecto Estudio Guimerá han venido recordando desde el pasado mes de abril su figura -y, sobre todo, acercándola a la ciudadanía- con una extensa y variada agenda de actividades.

Uno de los momentos culminantes de esa programación se producirá el próximo viernes (20.00 horas) con el estreno de Mala sangre, una obra escrita y dirigida por la actriz, dramaturga y directora teatral tinerfeña Aranza Coello, que también podrá contemplarse el sábado y el domingo en el Teatro Guimerá. Con la autora de este texto contemporáneo, inspirado en María Rosa, ha charlado DIARIO DE AVISOS.

-La próxima semana estrenan ‘Mala sangre’, un texto de su autoría que toma como punto de partida ‘María Rosa’, de Ángel Guimerá, con motivo del centenario de la muerte del dramaturgo y de los 130 años de la primera representación de esta obra. ¿Cómo ha sido el camino recorrido desde las primeras ideas para este nuevo montaje hasta su inminente estreno?
“Un camino largo y a la vez interesante. A partir de la propuesta que me hicieron desde Estudio Guimerá y el Organismo Autónomo de Cultura para escribir y dirigir el nuevo texto, traté de acercarme tanto a la vida como a la obra de Ángel Guimerá y, específicamente, a María Rosa. Ese itinerario, con una fase de documentación muy grande, ha sido fascinante. Ha pasado por Barcelona, con entrevistas a muchas personas: a académicos, a gente del teatro que tiene que ver con la obra de Guimerá… Ha pasado por el Teatro Nacional de Cataluña, por la Sala Beckett… En fin, han sido muchas aportaciones. Y después, claro, reflexionar sobre acerca de qué nos puede hablar en la actualidad María Rosa. Ese es realmente el punto de partida, el clic que me llevó a decir que sí a implicarme en este proyecto y el que me sigue conduciendo hacia el estreno de la obra la próxima semana. Ver cómo nos interpela hoy María Rosa”.

-¿De qué manera ‘María Rosa’ influencia a ‘Mala sangre’? ¿Qué vínculo existe con el texto de Guimerá y qué nuevos territorios ha querido explorar?
“Cuando leo María Rosa, hay un lugar, una reflexión, que me arrebata desde el inicio. El vínculo con el concepto de amor romántico que tenemos en la actualidad y cómo ha podido variar ese mito a lo largo de la historia. Al menos, durante los 130 años que han pasado desde el estreno de María Rosa en Barcelona y Madrid. Desde ese lugar es de donde yo empiezo a pensar. A pensar en ese personaje de María Rosa, en la manera en la que la obra aborda el deseo y en cómo se vislumbra el libre albedrío. Es decir, si realmente somos libres para escoger nuestras formas de desear. Y también de afrontarlas. Hasta dónde los condicionantes culturales continúan rigiendo nuestras decisiones. En este caso, a través de la mujer, pues Mala sangre presenta a tres mujeres que de alguna manera son las miradas que podría tener hoy María Rosa sobre esta cuestión: tres María Rosas contemporáneas”.

“Soy una actriz que escribe y dirige; fue la escena la que me creó la necesidad de buscar otras formas de expresión”

-¿Y qué nos dice hoy a nosotros, espectadores del siglo XXI, el teatro de Ángel Guimerá?
“Es una cuestión muy personal. Cualquiera que se adentre en la obra de Ángel Guimerá podrá realizar una interpretación completamente distinta a la mía. Pero sí que creo que en sus creaciones, sobre todo, en las más representadas, María Rosa, Terra baixa, La hija del mar y Mar y cielo, hay unos personajes femeninos que, si bien no siempre son los protagonistas, sí que son los detonantes de la trama, porque son los responsables de la reflexión ideológica, social, política y emocional que nos plantea. Eso me parece algo muy relevante en los textos de Ángel Guimerá y también un aspecto que resulta atemporal. Ese es el regalo que nos hace el dramaturgo para poder realizar una lectura de nuestro tiempo”.

-Esta puesta en escena representa la fase final de ‘Estudio Guimerá’, en el que usted ha participado de manera muy directa. ¿Cómo ha sido, cómo está siendo, esta experiencia de innovación, experimentación y participación ciudadana en torno a las artes escénicas?
Estudio Guimerá genera muchas actividades. El Organismo Autónomo de Cultura y el propio proyecto buscan integrar a la ciudadanía. Hallar espacios colectivos de reflexión sobre la obra de Ángel Guimerá y acerca de qué cuestiones nos plantea en nuestro tiempo. Para eso, por ejemplo, se han programado, y se programan a partir del lunes, en la Semana Grande, proyecciones de cine, debates, charlas… Se ha impulsado la iniciativa Guimerá Vital, que hace partícipes a nuestros mayores de este espacio de reflexión pública. Y lo mismo con los escolares. Desarrollamos Ensayo y Error, que los implica en el proceso de creación de Mala sangre. Estamos abriendo ese espacio íntimo de las compañías de teatro para escuchar a la ciudadanía en un ejercicio de prueba y error, con lo que las personas que acuden se convierten en asistentes de creación, al aportar sus comentarios y sus reflexiones sobre lo que han experimentado al contemplar la pieza teatral. De manera que hay un montón de elementos con los que Estudio Guimerá se acerca a la ciudadanía. De igual modo, subrayaría el vínculo que se desarrolla con el propio Teatro Guimerá: que todas estas personas se acerquen y se apropien del teatro más emblemático de su municipio es un aspecto que me resulta muy importante”.

-Actriz, directora, dramaturga. ¿Cómo es su relación con estas vertientes del arte teatral? ¿Tiene predilección por alguna de ellas en concreto?
“Suelo decir que soy una actriz que escribe y dirige. Aunque he escrito toda mi vida, es la escena la que me crea la necesidad de buscar otras formas de expresión más allá de interpretar las palabras de otros. Eso me llevó a la escritura y a la dirección, porque necesitaba contar desde otro lugar. No solo desde mi yo como intérprete, que lo sigo necesitando, sino para describir algo más de mi mundo, para expresar mi propia reflexión del mundo que me rodea. Es, en definitiva, interpretar esa realidad desde diferentes perspectivas. Cada vez conjugo más lo escénico con el resto de las disciplinas artísticas: con la escritura, con la dirección, con la interpretación, con la música, con la luz, con la escenografía… Hay un impulso que me hace extenderme hacia otros sitios. Siempre por esa necesidad de contar, de meterme en la piel de otras personas o en otros mundos. Y para eso busco herramientas”.

-¿Y cuál le exige más? ¿Cuál le plantea mayores desafíos?
“La escritura es muy desafiante. Para hacer un ejercicio de responsabilidad, debes ampliar tu visión. Desde la interpretación puedes jugar con lo que te ocurre a ti frente a los otros, pero en la escritura debes responsabilizarte de todas las visiones y no juzgar en ningún momento. De modo que el rango con el que has de trabajar tiene que ser mucho más amplio. La dirección te da un punto de vista, y es más fácil en ese sentido, pero la escritura, o cómo yo la siento, es un ejercicio constante de responsabilidad: humana, política, ideológica, dramática”.

“Sobre todo escribo acerca de la identidad y de la otredad, y también de la perspectiva y la ceguera de los seres humanos”

-Como dramaturga, ¿qué cuestiones le interesan abordar? ¿Cuáles son las constantes en su imaginario de escritora?
“En ocasiones, este tipo de respuestas vienen de fuera y luego tú reflexionas, porque el autor suele ser miope y el análisis del exterior puede incluso resultar más certero. Dicho esto, creo que sobre todo escribo acerca de la identidad y de la otredad. Y de la perspectiva y la ceguera humanas”.

-¿De qué modo asume la dirección de actores? ¿Existe mucho margen entre el texto que les plantea y el resultado que se obtiene tras el proceso de ensayos?
“Durante el proceso de ensayos de Mala sangre ha habido diversas modificaciones en el texto. Me gusta abordar procesos largos y que se produzcan interferencias, que haya, en definitiva, una evolución en ese desarrollo. Como autora no tengo ningún problema para ir cambiando el texto. Poseo otros orgullos, pero no ese. Si esa modificación va en beneficio de la obra, pues se hace. De igual modo, desde la dirección me agrada que existan aportaciones. De hecho, durante las dos primeras semanas de preparación de Mala sangre no llegamos a afrontar el texto. Las dedicamos a ahondar en los personajes. No me gusta empezar directamente con el texto porque, precisamente, lo desconocemos. De lo que se trata, en esos momentos iniciales, es de crear un equipo y un lenguaje escénico. Trabajo mucho a partir del cuerpo, del movimiento, e intento contar con personas que estén especializadas en ese ámbito, para poder definir y pulir poco a poco todo el material en bruto que queremos explorar. Quizás porque también soy actriz y me gusta trabajar desde ese lugar, el de sentirse intérprete y no un títere, me parece muy interesante todo este trabajo previo, que viene a ser una nueva lectura del texto y también de la dirección”.

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