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David Baute: “No hay argumentos para negar el calentamiento global, pero sí intereses de países y empresas negacionistas”

'Mariposas negras', el documental de animación del cineasta tinerfeño sobre las consecuencias del cambio climático, es candidato al Goya el 8 de febrero, tras lograr el Forqué
David Baute está al frente de los festivales tinerfeños Ficmec y MiradasDoc. / DA

Hace poco más de una semana, el 14 de diciembre, Mariposas negras fue elegido mejor largometraje de animación en los Premios Forqué. Y hace cuatro días, la película documental de David Baute (Garachico, 1974) fue designada candidata en ese mismo apartado a los Goya, que se entregan el 8 de febrero. Una categoría en la que también compite SuperKlaus, del estudio tinerfeño 3Doubles. La participación canaria en los Goya se completa con la cantautora palmera Valeria Castro, por su tema El borde del mundo, para El 47, el film con más candidaturas, 14.

Mariposas negras muestra los efectos del cambio climático por medio de la narración de la vida, de la dramática vida, de tres mujeres, Tanit, Valeria y Sheila, en otras tantas partes del planeta. Mujeres que a su vez representan a muchas personas que hoy son refugiadas climáticas al perderlo todo debido al calentamiento global. Sobre el cine como herramienta para ampliar nuestra mirada al mundo y para sustituir la indiferencia por la empatía, versa, en gran parte, esta entrevista.

-De algún modo, ‘Mariposas negras’ comenzó a gestarse en ‘Éxodo climático’, su documental de 2020, pero ¿cuándo surge el interés por narrar una cuestión tan acuciante como el cambio climático y hacerlo a través de la historia de tres mujeres?
“Tiene que ver con ese trasfondo que me ha interesado a lo largo de mi carrera y de mi vida. Cuestiones relacionadas con la migración, porque en Canarias somos una sociedad de migrantes: mis abuelos fueron a Cuba, mis tíos a Venezuela, hoy recibimos a muchas personas… Es un tema que siempre ha estado presente en el Archipiélago. También me he vinculado a colectivos medioambientales y dirijo el Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias (Ficmec). Son temáticas que llevas dentro y estás sensibilizado. Además, son las que abordamos en nuestra productora, Tinglado Film. A partir de ahí, hace casi 14 años empezamos a investigar sucesos vinculados al cambio climático y a cómo afecta a los seres humanos. Acudimos a los lugares donde se desarrolla Mariposas negras y estudiamos qué es lo que sucede, hicimos un seguimiento rodando historias y viendo qué iba pasando con cada uno de esos relatos”.

-Y más tarde decidió recurrir a la animación.
“Sí, porque no habíamos podido cubrir al completo, en el aspecto documental, lo que significaban esas historias. Necesitábamos alguna herramienta que nos ayudara a lograrlo y la animación era la idónea. Nos permitía plasmar el desarrollo de estas vidas, las de esas mujeres emigrantes climáticas. Además, debíamos buscar los recursos económicos, pues este tipo de proyectos de animación son muy complicados en ese aspecto, al ir destinados a un perfil de público adulto y no tanto familiar. Debíamos, asimismo, hallar la manera de encajar esa vertiente documental con animadores y artistas, para que se entendiera que el resultado era una historia real que se cuenta a través de la animación. Esto nos llevó unos cinco años de producción, con un proceso muy minucioso, muy cuidado, por parte de todos los departamentos. Yo era el que me encontraba en una situación más compleja, porque tenía que acercarme a los animadores, que están en un mundo diferente al del documental, que es el mío. Al final todos nos adaptamos y construimos un proyecto que a mi juicio es interesante”.

“Hacer ‘Mariposas negras’ no ha sido sencillo; ha salido adelante por los pequeños grandes gestos de muchas personas”

-¿Y esa idea de levantar un proyecto de cine de realidad a través de la animación tuvo más de reto o de estímulo?
“De reto. La mayor dificultad radicaba en que en la animación se construye un montaje inicial y a partir de ahí todo un equipo de artistas va trabajando. Y ya no se puede modificar nada. Mientras que en el cine documental de imagen real rodamos mucho material y luego nos sentamos ante una mesa de edición y hacemos la película. De modo que en mi caso prácticamente consistía en crear un largometraje justo al revés de la manera a la que estaba acostumbrado. Esto te deja muy poco margen a correcciones, a cambiar algún plano o a modificar tus planteamientos iniciales. Sin embargo, una vez que me acostumbré a esos procesos y fui viendo cómo la animación se creaba paso a paso, me sentí muy cómodo trabajando con el equipo de animadores. Desde un inicio pudimos marcar una planificación con la que todos estuviésemos a gusto, tanto la gente de animación como nosotros, que somos documentalistas”.

-¿Qué le dice ‘Mariposas negras’ a un negacionista del calentamiento global?
“Me cuesta pensar que haya negacionistas del calentamiento global, personas con argumentos válidos, científicos, para serlo, porque es una evidencia demasiado grande como para que exista esa figura. La que sí que hay es la de negacionistas que adoptan esa postura por sus intereses. Cuando vemos a millones de personas que deben desplazarse, cuando observamos cómo la temperatura del planeta aumenta, cuando conocemos los desastres medioambientales que se producen, todos somos conscientes de lo que ocurre. El problema es obvio. Viene de ahí y con una película no vamos a cambiar a quienes lo niegan, países y grandes empresas, que no son muchos y, sin embargo, son responsables de cerca del 90% de las emisiones a la atmósfera de dióxido de carbono. Esto quiere decir que si esa gente redujera las emisiones, nos iría mejor a todos. No hay que cambiar la conducta de 8.000 millones de personas, aunque también hay cosas que modificar, sino que son unas pocas empresas y países las que generan el calentamiento global. Y lo saben, no pueden no saberlo. Con este tipo de películas, a lo mejor podemos lograr que haya más gente que se sensibilice acerca de lo que les ocurre a otras personas. Somos seres humanos. Si ves que hay otras personas que sufren una tragedia en la que lo pierden todo y se ven obligadas a dejar atrás su hogar para estar tiradas en la calle, donde son víctimas de violencia, donde son tratadas casi como esclavos, donde se dedican a la prostitución para salir adelante, quizás te convenzas de que es necesario plantearse otro modelo de consumo, de vida, que nos lleve a un mundo más habitable. A esa causa es a la que queremos aportar nuestro granito de arena con Mariposas negras”.

Imagen de ‘Mariposas negras’. / DA

-Usted ha dicho que este proyecto es el resultado del trabajo y la ilusión de mucha gente durante mucho tiempo. Si no me equivoco, más de 13 años. ¿Cuál fue la clave para que se plasmara y no decidieran tirar la toalla?
“El proceso de conseguir la financiación tuvo momentos muy complicados, a pesar de que se trata de una película de bajo presupuesto para lo que es habitual en el mundo de la animación. Hay cintas nominadas al Goya en la misma categoría que la nuestra que tienen un presupuesto 10 veces superior. De modo que no fue sencillo recabar los recursos económicos para contar con el equipo de personas que necesitábamos. También es cierto que quienes conformaron ese equipo decidieron que esta película había que hacerla. Fue algo muy bonito, porque éramos conscientes de que podían trabajar con otras productoras en otros proyectos de animación, durante más tiempo y cobrando mucho más, y sin embargo quisieron implicarse. Ese es uno de los regalos que nos llevamos. Hay un claro componente emocional en esta película que hizo que saliese adelante. Cuando pensabas que quizás no iba a ser posible, ocurrían este tipo de cosas. Regalos como la banda sonora de Diego Navarro, que tuvo que adaptarse a las circunstancias. Está acostumbrado a grabar su música con grandes formaciones sinfónicas, pero aquí tuvo que trabajar con muchos menos intérpretes. También fue mágico que Rubén Blades compusiese una canción para Mariposas negras. El largometraje se ha construido a partir de pequeños grandes gestos. Eso ha sido lo más bonito: el regalo de tantos para construir entre todos Mariposas negras. Por eso, cuando logramos un premio o una nominación, la alegría es mayor aún si cabe, porque se trata de un reconocimiento coral, a un grupo de amigos, a los miembros de una gran familia”.

-La película ganó el Forqué al mejor largometraje de animación y ahora acaba de ser nominada a los Goya. ¿Confiaban en que ‘Mariposas negras’ iba a tener un recorrido tan notable o han ido de sorpresa en sorpresa?
“Todo han sido sorpresas. La primera fue poder presentarla en Annecy (Francia), en el festival de cine de animación más importante del mundo. Llegamos muy justos, porque de hecho Mariposas negras casi no estaba acabada. A continuación la seleccionaron en IDFA (Ámsterdam, Países Bajos), el principal festival de cine documental del planeta, algo muy relevante para nosotros, porque venia a decir que teníamos una película de animación, pero que a la vez otras personas también la veían como un documental. Hemos podido proyectarla en festivales de categoría A, en el de Mar del Plata (Argentina) y en el de Goa (India), que no son de animación, por lo que también situaron a Mariposas negras en un escalón muy interesante… Se ha podido ver en certámenes históricos como los de Montreal (Canadá) o La Habana (Cuba), en España se estrenó en el de Sitges…”.

-Y se ha proyectado incluso en Naciones Unidas.
“Sí, tuvimos la suerte de que la ONU se fijase en la película e hiciera un pase oficial en su sede de Nueva York. Ese sello de Acnur [Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados] significa que a la ONU le interesa Mariposas Negras porque muestra una realidad y contribuye a generar una conciencia en el mundo sobre el calentamiento global y los refugiados climáticos, que lo sufren en sus vidas de una manera dramática. Con esta película todo está siendo maravilloso. Hemos sido afortunados en las últimas semanas, porque hemos podido hacer preestrenos en Barcelona, Madrid, Valencia, Sevilla…, en muchos lugares, con personalidades que la han presentado, como Jordi Évole, en Barcelona, o Dani Rovira, en Madrid. Y ahora ha ganado el Forqué, algo que no nos esperábamos”.

“Me siento cómodo haciendo cine donde no hay actores que cuentan algo, sino personas que tienen una historia que contar”

-Tanto su filmografía como los festivales que dirige, el Ficmec y MiradasDoc, se centran en el documental. ¿Qué ha encontrado en el cine de realidad?
“Me gusta el cine en sus diferentes formatos. Aparte de que hoy las fronteras entre los géneros se han difuminado. En mi caso, siempre me he sentido cómodo con el cine de lo real, con ese en el que no hay actores ni actrices que cuentan algo, sino personas que tienen historias que contar. A mí me motiva mostrarlas. Es un cine útil, necesario. Al igual que entiendo que hace falta el otro, el cine más creativo, más experimental, más próximo a la ficción, yo necesito acercarme al cine documental, el más próximo a las personas, el que me transmite más verdad, el que muchas veces cuenta historias que no podríamos conocer de otra forma. Ese es también un compromiso para quienes nos dedicamos a la cultura: ilustrar cuestiones que por otros medios, en este caso, distintos a los audiovisuales, serían difíciles de entender. Fijar la mirada, por ejemplo, en asuntos que debemos mejorar entre todos”.

-¿Y existe algún vínculo, algo común, en el fondo o en la forma, entre las obras que van conformando su filmografía?
“Al principio no eres muy consciente de ello, pero hace muy poco, en unos talleres, nos dimos cuenta, en la productora y yo mismo, que hacemos un cine que se acerca a lo social a través de cuestiones muy concretas, como la migración o el cambio climático. Por ejemplo, nuestra anterior producción, Sugar island (Johanné Gómez, Guasábara Cine, Tinglado Film, 2024), que se estrenó en Venecia, habla de emigrantes haitianos en República Dominicana, que trabajan casi en régimen de esclavitud. Esta relación temática no es premeditada, pero sí que con el tiempo se ha ido convirtiendo en un rasgo que nos identifica”.

-Está ya inmerso en el rodaje de un nuevo trabajo. ¿Qué puede contar de este proyecto, sobre el que supongo que no conviene desvelar demasiado?
“Es un proyecto pequeñito, con el que llevamos ya varios años, acerca de una persona mayor. Transcurre en una pequeña casa, con su patio canario y su huerto, porque también habla de ese lugar, que refleja una forma de vida, ya no tan común, donde se asienta un pasado familiar que de algún modo nos construye a nosotros. Esta persona es la última de una familia, además, es pariente mío, que ha habitado en esa casa los últimos 200 o 300 años. Es una película familiar que nos habla de un mundo en el que todos convivían de una manera muy cercana. A la vez, creo que puede transmitir algo universal, pues tiene que ver con esas personas mayores que quieren despedirse de la vida de una manera digna”.

Baute dirige la productora Tinglado Film. / DA

TINGLADO FILM: MIRAR A LOS OJOS, CONTEMPLAR LA HONESTIDAD

Formado en el Instituto de Radio y Televisión Española, la Escuela Universitaria de Artes TAI de Madrid y la Escuela de Cine de La Habana, David Baute ha ligado desde un inicio su trayectoria al cine de no ficción, un arte que forma parte del séptimo y se sumerge en lo real para contar historias. Relatos que se sirven del documental para ser compartidos, como los de Rosario Miranda (2002), Ella(s) (2010), La murga, ópera popular (2014) y Éxodo climático (2020), títulos que integran su filmografía.

Con esa misma idea, Baute, al frente de los festivales tinerfeños Ficmec y MiradasDoc, dirige Tinglado Film, una productora que da cabida a sus proyectos, pero también a los de otras y otros cineastas. En cuanto a la querencia por el cine social, quienes la conforman lo explican en su sitio web: “Tinglado no pretende ser únicamente beligerante, no se eligen los temas con el propósito de denunciar: la búsqueda tiene que ver con otro valor que, aunque relacionado con la idea de dar luz, define mejor los propósitos de la productora. Se trata de mirar al mundo desde el mirador de la honestidad: mirar a las cosas a los ojos”.

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