La mañana comenzó con un ritmo frenético y, cuando los bombos del Teatro Real llevaban menos de una hora dando vueltas, La Chasnera ya aparecía en las televisiones nacionales con varios premios. Un cliente con aspecto desaliñado entró al bar, dirigió su mirada a la pantalla y preguntó: “¿Dónde cayó?”. La respuesta llegó ipso facto desde una mesa donde una pareja sorbía un par de barraquitos: “Donde siempre, en la gasolinera del Sur”.
Era una mañana más fría de lo habitual. La gente llegaba abrigada. Acababa de nevar en el Teide y en la barra y la terraza se dividía la atención entre quienes no quitaban ojo a los niños y niñas de San Ildefonso y los que optaban por contemplar en sus móviles la estampa del fino manto blanco caído en la cumbre que comenzaba a circular por las redes sociales.
En una de las mesas hubo quien vislumbró vasos comunicantes entre la tragedia y la buena suerte. “Este año, el Gordo se va a Valencia, fijo; acuérdate, eso no falla, donde hay una desgracia, toca”. Otro comensal preguntaba a su interlocutor frente a un croasán de jamón y queso: “Si te tocara el Gordo, ¿tú lo dirías o te lo callarías?”. “¿Yo? A mí se me nota todo, no sé disimular ni decir mentiras; además, qué coño, eso hay que pregonarlo y restregárselo a más de uno en la cara”.
La mañana avanzaba entre el desfile humeante de bandejas y el sonsonete permanente de la televisión: “Miiiil euroooos”. De pronto, aparecieron de golpe en la terraza los tópicos de cada 22 de diciembre: “A ver si me toca, aunque sea un pellizco”, comentó un cliente. “Yo, con que tenga salud, me vale”, soltó otro. Y a un tercero se le escuchó decir: “Esto no es como antes, si te toca el Gordo te da para tapar agujeros y poco más; ¿tú has visto cómo están los pisos?”.
A las 10,27 saltó la noticia más esperada y el ‘patio de butacas’, donde ya costaba encontrar sitio, clavó sus miradas en la gran televisión. ¡¡72.480!!, ¡¡Cuatro millones de eurooos!”. La combinación de los dos bombos descargó una lluvia de 772 millones en la administración número 6 de Logroño. El profeta que había señalado en el mapa de la fortuna a Valencia no dijo ni mu, mientras su compañero de mesa no pudo evitar exclamar: “¿La Rioja? Pero si esa gente ya tiene dinero…”
Cuando solo faltaba por vender el pescado del segundo premio, aparecieron cuatro clientes con gorritos de Papa Noel. Uno de ellos prolongaba los colores rojo y blanco que lucía en su cabeza en una camiseta a rayas verticales con un escudo estampado en el pecho del Atlético de Madrid. Se acercó a la barra y con sorna se dirigió al camarero: “Jose, qué le pasó ayer a tu Barça?”. “Pedri no lo puede hacer todo”, se escuchó al otro lado del ‘muro’ lleno de cafés con leche preparados para servir.
El cliente colchonero, venido arriba, lo remató con una predicción que dejó flotando en el ambiente. “La liga 2020-21 la ganó el Atleti y ese año el Gordo empezaba por 72.000, igual que este. Ahí lo dejo”. A esa hora, en la que Guía de Isora le arrebataba el protagonismo a La Chasnera, apareció otro cliente con aire de despistado: “Jose, ¿a qué hora juega el Tete?”. La respuesta no tardó ni un segundo: “¡Te lo regalo!”.





