Donald Trump aprieta las tuercas al comercio internacional con su política arancelaria. En Canarias no es que cunda el pánico, pero hay una cautelosa inquietud por las repercusiones en sectores sensibles de la economía isleña. La amenaza atenaza las expectativas. Por muchos faroles que estén encendidos en la Casa Blanca para captar la atención, el revolcón se hace sentir en forma de temblores ante lo que pueda ocurrir.
La Unión Europea y Estados Unidos “mantienen la más amplia relación bilateral de comercio e inversión y la relación económica más integrada del mundo”, constata la CE. “En conjunto, representan casi el 30% del comercio mundial de bienes y servicios y el 43% del PIB. En 2023, el comercio transatlántico de bienes y servicios fue superior a 1,5 billones de euros”.
El Ministerio de Economía, Comercio y Empresa de España reseña que el giro en la primera Administración de Trump hacia un enfoque más unilateral “condujo a un empeoramiento de las relaciones comerciales” entre la UE y EE.UU. tanto en el ámbito multilateral como bilateral”. Dirigido actualmente por Marco Rubio, de ascendencia cubana y pretendidas raíces canarias, el Departamento de Estado norteamericano reconoce que España y EE.UU. son “aliados cercanos con unas excelentes relaciones basadas en valores democráticos compartidos, comprendida la promoción de la democracia y los derechos humanos”.
España “es hoy la quinta economía más grande de la UE y la cuarta de la eurozona”. España y Estados Unidos “tienen un tratado de amistad, navegación y comercio, así como un tratado fiscal bilateral, cuya implementación puede frenar la práctica de muchas empresas estadounidenses de canalizar sus inversiones y operaciones españolas a través de terceros países”.
El vínculo de Canarias con EE.UU. se remonta a la época de la independencia, que se logró en 1783. Cuentan las crónicas que George Washington brindó con vino canario, muy popular en aquellas tierras (sobre todo, los de Tenerife). “La agricultura, el vino y el queso son productos canarios” que han encontrado un espacio en Estados Unidos, resaltó ayer en el Parlamento el vicepresidente autonómico y consejero de Economía. “No es que haya una pérdida de competitividad si esto se produce”, transmitió Manuel Domínguez al portavoz de ASG, Casimiro Curbelo, en la sesión de control. “Es que incluso puede frenarse el crecimiento de las empresas canarias o desaparecer la exportación de esos productos a Estados Unidos, porque, en la estructura de costes, será inasumible por esos impuestos que se puedan establecer”. Ya lo había avisado en un pleno anterior la consejera de Hacienda, Matilde Asián, que alertó del riesgo de que el plátano y el tomate sean expulsados del mercado.
“A Canarias le afecta en la medida en que se van a incrementar los precios de los productos para la exportación”, expuso Curbelo. “Mayores costes para la importación y la exportación, la inflación, la pérdida del poder adquisitivo [con impacto en el turismo, asintió Domínguez], la inseguridad de las inversiones…”. En definitiva, apostilló, “hay que tomar en consideración esta realidad sin retroceder ni un palmo”. Domínguez le tomó la palabra: “Estados Unidos se había convertido en una oportunidad de expansión para las empresas canarias y, por lo tanto, desde ese afán de que ganen musculatura, miren al exterior y crucen el charco, lo vemos con preocupación”.





