La madrugada del domingo 16 de marzo marcó un antes y un después en la vida de muchas personas. Lo que ocurrió en la calle Aceviño, en la zona de La Paz del Puerto de la Cruz, aún está bajo investigación. Un empujón, un puñetazo, una agresión sin provocación… los detalles no están del todo claros. Pero lo cierto es que Juan Francisco Rosales Santana, conocido como Fran, perdió la vida tras ser atacado sin motivo aparente, según relatan sus allegados.
Fran, de 59 años, era una figura muy conocida en la ciudad. Durante años estuvo al frente de los negocios familiares ubicados en la calle La Hoya, como la popular tasca Simpson —también llamada “la taberna de Mou”— y La Cantina, un local en manos de la familia desde 1975. Quienes le conocieron coinciden en lo mismo: era una persona tranquila, querida, sin conflictos. Por eso, su muerte ha dejado una estela de consternación y rabia entre sus seres queridos, quienes, impotentes, piden ayuda ciudadana para esclarecer lo sucedido.
Aquella noche, Fran se encontraba en compañía de un amigo, Juan, con quien había compartido una copa en el City, una tasca habitual para ellos. Al salir, se dirigieron al coche de Fran para recoger las llaves e irse en taxi. Fue en ese momento cuando, según el testimonio de su amigo, un individuo procedente de un grupo de jóvenes, aparentemente sin motivo, le golpeó con tal fuerza que acabó en el suelo, en estado crítico. Los servicios de emergencia llegaron rápidamente, pero Fran no logró recuperarse. Falleció dos días después en el hospital por muerte cerebral.
El ataque no se limitó solo a Fran. Su amigo también fue increpado, aunque, según relató, uno de los acompañantes del agresor intercedió para que no continuara la agresión. A pesar de que el suceso tuvo lugar en una calle concurrida y en una noche festiva, con bares abiertos y numerosos viandantes por la zona, no ha aparecido ningún testigo clave ni imágenes de cámaras que ayuden a resolver el caso.
Elisabet Rosales Santana, hermana de Fran, decidió ayer hablar con DIARIO DE AVISOS desde su casa en La Orotava, donde vivía junto a su madre de 83 años, su esposo y sus dos hijos. Aunque asegura que no lo hace desde el odio, su dolor es profundo y su única motivación es encontrar respuestas. Describe a su hermano como alguien pacífico, familiar, que no bebía más de una copa y evitaba cualquier conflicto. “No tenía enemigos, ni asuntos pendientes. Nada”, insiste.
Consciente del riesgo de hablar públicamente, Elisabet se ha volcado en los medios de comunicación con la esperanza de que alguien recuerde algo, que algún testigo anónimo dé un paso al frente o que incluso alguno de los acompañantes del agresor se arrepienta y colabore. “No puedo quedarme callada mientras la persona que hizo esto sigue en la calle. Alguien tuvo que haber visto algo, es imposible que no sea así”.
Según los datos que ha podido recabar, la agresión fue rápida y brutal. Fran cruzaba la calle cerca de los apartamentos Massaru cuando, sin mediar palabra, fue golpeado. No hubo restos de botellas ni otros objetos contundentes, lo que refuerza la idea de que fue un solo impacto, fatal. La familia también ha tenido conocimiento de que ese mismo día se produjeron actos vandálicos en la zona, como la rotura de papeleras, lo que podría contextualizar el entorno violento del momento.
Elisabet explica que su hermano llevaba un estilo de vida tranquilo. Había reducido su jornada laboral para pasar más tiempo con su madre y sus sobrinos. Viajaba con ellos siempre que podía, como en su último viaje a Santander. Y era habitual que los fines de semana llevara a su madre a pasear por Las Caletillas.
El relato de lo ocurrido ha sido un golpe devastador para la familia. Su madre, aún en shock, fue informada poco a poco por su hija, ante el temor de una reacción emocional grave. Ayer, la mujer salió al porche de su casa para expresar su dolor, con entereza, pero dejando claro que esa herida, la de perder a un hijo de forma tan violenta, no se cerrará fácilmente.
Días atrás, Elisabet escribió unas líneas en redes sociales que resumen su lucha: “Mi hermano no murió por accidente. Fue asesinado. Alguien decidió quitarle la vida sin razón. No podemos permitir que estas cosas pasen sin consecuencias. No podemos acostumbrarnos a vivir con miedo. Exigimos justicia, por él y por todas las víctimas que, como Fran, son olvidadas en estadísticas que nunca deberían existir”.
Con esta declaración pública, la familia Rosales Santana busca algo más que justicia: pretende evitar que una tragedia así vuelva a repetirse. Reclaman más seguridad, más vigilancia, y una respuesta efectiva por parte de las autoridades. Porque, como dice su hermana, “la vida de mi hermano importaba, y la de todos nosotros, también”.





