No es común conocer la historia de un cambio de vida como la del madrileño Arturo Lodeiro Pedrero. Lodeiro consiguió sacar adelante una de las oposiciones más exigentes, las oposiciones a juez. Durante cinco años ejerció este trabajo, tres de ellos en los juzgados de Granadilla de Abona, en Tenerife. Con 33 años decidió cambiar de rumbo y se convirtió en coach, como ha explicado en una entrevista en ATLÁNTICO TELEVISIÓN.
-¿Qué le llevó a dar ese giro tan radical en su carrera?
“Día a día, fui acumulando pequeñas dosis de veneno. Hubo varios detonantes, quizá el más importante fue un sueño. Me encontraba en una barca, todo el mundo estaba remando y yo sabía, inconscientemente, que eso representaba a la administración, el trabajo, lo cotidiano, cómo enfocamos la vida…En ese sueño yo también remaba y no podía más. Entonces pensé: me rindo, ya no puedo seguir remando. Miré al suelo de la barca y vi un agujero, entonces comprobé que estaba entrando el agua y me di cuenta de que, por mucho que remásemos, no había una dirección clara. Todo el mundo estaba cansado de remar. Y pensé de nuevo: si convenzo a la gente de que tapemos el agujero, podemos remar hacia un puerto seguro. Y una voz me dijo en el sueño: están tan metidos ahora mismo en esto, su vida depende tanto de este sistema que no te pueden escuchar. Tienes que elegir tu opción personal, en la barca o fuera de ella. Y me dije a mí mismo, si te quedas en la barca, te hundes”.
-Sintió que estaba en una encrucijada…
“Sí, pero era muy fácil la solución, te quedas y te hundes o sales a flote, es arriesgado e incluso parece una locura, pero hay tierra firme. En el sueño decidí salir y eso es lo que estoy haciendo, intentar ayudar a la gente que está en la barca y decirles que hay un horizonte, que hay otra forma de vivir. Yo no me quedé en esa barca”.
-Ha hablado de veneno, ¿qué veneno exactamente?
“Esas cosas que uno tolera en el día a día, no estar a gusto, no sentirte cómodo, sentir que algo fallaba en mi vida. Hubo un momento en el que me di cuenta de que, al no estar bien, no estaba dando el cien por cien en mi función y eso estaba afectando también a mis compañeros y a los justiciables”.
-¿No había sido siempre su vocación ser juez?
“En ese momento creía que era la mejor opción que tenía. Durante ese trabajo crecí en muchos aspectos. Aprendí a abrirme, a trabajar en equipo, a pensar en los demás; pero no era la vocación de mi vida. Si lo fuese, seguiría allí. Mi familia me arropó en todo el proceso. Mi padre, que falleció de cáncer, tenía una fotografía mía en su habitación, y yo salgo con la toga puesta. Esa fue una de las grandes resistencias que tuve hasta que estuve preparado para decir, bueno, ¿cómo va a influir esto en mi familia? En este sentido, creo que cuando una persona lo tiene claro, tiene que seguir su camino, y eso es lo que he hecho. Ese es el mensaje que quiero trasladarle a mi familia; ellos me han educado y me han enseñado a escucharme a mí mismo, a confiar en mí. Creo que ese es el gran valor que me han inculcado. Saqué la oposición gracias a ellos, a mi preparadora, a la que fue mi pareja, pero creo que hay algo más, que es la oposición a la vida. Es decir, ¿para qué estoy aquí?, ¿cuál es mi posición en la vida? Y creo que uno tiene que centrarse en eso más que en un logro exterior, por muy grande que sea”.
-¿Cómo ha influido tu carrera como juez en tu actual trabajo?
“Mucho, me ha preparado para lo que estoy haciendo ahora; de hecho, tengo que estar muy agradecido al sistema de justicia, porque hice las paces con él. Un día pensé, quiero irme de aquí en paz, realmente todo el mundo me ha tratado muy bien. Y le pedí a la vida que me ofreciera otra imagen. Como conté antes, ya me había dado la imagen de la barca para salir, y le pedí otra para salir bien con todo el mundo. Meditando me vino la imagen de un huevo, y dentro de ese huevo estaba yo. Cuando llegué a la justicia era un polluelo, no tenía experiencia, era un poco egoísta, infantil, muy inocente, no tenía dinero propio, y gracias al sistema de justicia pude ayudar a muchísimas personas, tener un sueldo fijo, tener seguridad, abrirme a trabajar con equipos…Esto ha sido lo más positivo de los juzgados de Granadilla y de la escuela judicial en general. Abrirme a otras personas, a otras perspectivas, con independencia de si eres juez, letrado, funcionario…Eso ha sido lo más bonito. Volvamos a esa nueva imagen, la del huevo. Ahí pensé, bueno, te han nutrido hasta que has desarrollado tus propias alas. Tú no estabas preparado para volar hace cinco años; tú estabas preparado para hacer esto ahora. Si quieres salir tienes que volar por ti mismo. Fue la antesala de todo. Me he preparado para escuchar, para ver mis lados oscuros, para ser honesto conmigo mismo, para trabajar con equipos y para elegir lo que quiero”.
-Escuchar ha sido algo muy importante en tu trabajo como juez. Ahora como coach, la capacidad de escucha también es fundamental, ¿verdad?
“Sí, el ochenta por ciento es estar callado. Es la mejor manera de poder guiar a una persona. Cada uno tiene los recursos esenciales dentro de sí y sólo hay que saber activarlos. Hay que crear un entorno adecuado. La forma en que yo lo enfoco es a través del Coaching Holoespiritual , que reúne muchas técnicas potentes. Una de ellas, son las preguntas poderosas”.
-¿Cuáles son esas preguntas?
“Se enfocan en tres áreas. Quién quiero ser a nivel de crecimiento, a nivel contribución y a nivel experiencias. Luego tienes también el sistema Laser Coach con el que también me he formado. Son sólo 15 minutos en los que una persona puede transformar su vida”.
-¿En tan solo quince minutos?
“Es milagroso. Normalmente, en el coaching te hablan de sesiones de hora y media. Yo me formé con una persona que trabaja con un método muy potente a nivel intuitivo. En quince minutos se pueden conseguir resultados asombrosos. Te pongo el ejemplo de alguien que, en ese tiempo, pasó de querer abrir un restaurante pequeñito a decir, no, realmente lo que quiero es revolucionar la industria de la alimentación. O una persona que, por ejemplo, tenía un trauma desde hace 40 años y que consiguió liberarse en esos quince minutos”.
-¿Y todas estas sesiones son presenciales o también se pueden hacer de forma online?
“Yo las hago por teléfono, trabajo con flexibilidad. Pero también es cierto que hay gente que necesita abrirse y para ello necesita ver tu cara para sentirse más cómodo y generar más confianza. Así que puede ser por teléfono o por videollamada”.
¿Qué otras habilidades como juez le han servido en su nuevo camino?
“Como juez hubo un momento donde lo pasé muy mal, hablábamos antes de ese veneno interior. Cuando era juez pensaba: no conozco a nadie, se presentan ante mí en media hora o en tres horas de juicio y cada uno cuenta su historia, una versión, que obviamente es su versión, y yo tenía que encontrar la síntesis dentro de dos versiones que muchas veces son totalmente contradictorias. Esa habilidad que aprendí me está sirviendo mucho en mi trabajo actual”.
-Cuénteme algunos casos de éxito como coach.
“Estoy trabajando con una persona que está experimentando un cambio tremendo, desde cómo se viste, hasta cómo abraza la vida. El cambio ha sido muy potente. En una sola sesión, pasó de decir que quería abrir un pequeño negocio, a revolucionar la industria de la alimentación y generar un plan. Es muy satisfactorio ver que ese plan se mueve, y comprobar que la persona va en esa dirección y que empiezan a pasarle cosas que no le pasaban cuando tenía la idea anterior, que era más humilde. Trabajo con otra persona, que también es coach, y ser coach de un coach es maravilloso. Es una persona mayor, de más de 70 años. Te habla de que quiere tener un romance, volver a bailar…Y tienes otra sesión y te cuenta que ha salido con otra persona, que ha bailado…O que los problemas que tenía con el dinero se han solucionado. Ver ese crecimiento, ese cambio, es realmente hermoso”.
-Y personalmente, ¿cómo ha cambiado su vida después de este volantazo?
“Tengo más libertad, pero muchísima más responsabilidad; ahora elijo yo mi tiempo. Antes, era más sencillo, porque me decían cuándo trabajar, dónde, cómo, con quién, cuánto cobraba… Me presentaban el plato, me decían, este es el caso de hoy. Ahora es al revés, yo elijo con quién quiero trabajar. De hecho, yo elijo a los clientes, y trabajo con ellos con una meta específica, pero tienes que ser muy claro, muy concreto, decir, con esta persona quiero trabajar, con esta no y poner tus propios precios. Mi objetivo como coach es erradicar el sufrimiento humano, la justicia sólo me permitía calmarlo, de alguna manera”.
-¿Los elige usted? Qué delicado eso, ¿no?
“Soy muy claro. Les digo: creo que no soy para ti, pero tengo una red de coaches que te podrán ayudar. Procuro no dejar a nadie tirado nunca, los reconduzco. He de comunicarles que este sistema no cuadra con cualquier persona, no quiero ofrecerle a alguien, algo que no necesite”.
-Parece que en los últimos años mucha gente quiere ser coach, ¿pero qué cualidades se requieren?
“Escucha, paciencia y un punto de atrevimiento, ir más allá de intentar agradar. Hay veces que tienes que tocar a la persona dónde más le duele, pero esa persona está ahí por eso; tú sabes que ha llegado a un momento en su vida en el que dice, quiero que actives algo en mí que es muy incómodo, que nadie más se atreve, y tú sí. Un buen coach ha de tener esa conversación dura contigo”.
-¿Cuál es el mito sobre el coaching que le gustaría desmentir? Hay muchos…
“Que hay alguien que enseña al otro. Que hay dos personas separadas. Para mí el coaching es co-creación. De hecho, en la última sesión de coaching que tuve fue mi clienta, mi coach, quien me resolvió el problema a mí”.
-¿Qué ejercicio para usted es el más efectivo?
“La meditación. La conocí en la oposición. Pensé, mi herramienta es la mente. Si tengo que estudiar un temario de 322 temas, memorizarlo y cantarlo en 12, 13 minutos, y hacerlo cinco veces, debo tener mi mente afinada. Y empecé a meditar. Y no vale cualquier meditación. Hay gente que no está preparada para meditar y no debería. No todo el mundo está preparado”.
¿Qué hace falta para estar preparado?
“Querer, tener madurez y un llamamiento de la vida que puede ser por desesperación o por inspiración. Uno de las dos”.
-Cuéntenos la plataforma que está lanzando.
“El link de la página es cometounity.com/art. Para lanzarla estoy trabajando con la empresa Incubadora Despegue, que básicamente trabajan en comunicación disruptiva. A través de esta herramienta, las personas encontrarán respuestas a las preguntas más significativas de la vida. Estoy convencido de que ayudará a muchas personas. Os iré informando”.





