Josefina Gómez Palenzuela ha publicado su segunda novela, La conspiración de la luz (Acen, 2025) -la anterior fue El club de los inmortales. Crónica de un despertar (Universo de Letras, 2021)-, un relato que viaja a través del tiempo, que conduce al lector desde la época contemporánea hasta la medieval. “El arquitecto libanés Yamil Shadid recibe, en pleno siglo XXI, un insólito encargo desde las altas jerarquías de Francia y del Vaticano. Deberá encontrar un misterioso legado escondido durante la Baja Edad Media que le obligará a enfrentarse a conflictos insuperables y pondrán a prueba su vida”, puede leerse en su sinopsis.
En esta entrevista con DIARIO DE AVISOS, la autora tinerfeña brinda algunas de las claves de su obra, pero sobre todo conversa acerca de su pasión por la literatura, que en realidad son dos, la de lectora, que ha cultivado desde siempre, y la de escritora, a la que dedica buena parte de sus días, siempre con la voluntad de disfrutar, descubrir y aprender. La próxima presentación de La conspiración de la luz tendrá lugar el 29 de mayo (19.00 horas) en el Casino de La Laguna. En el acto la acompañará el también escritor José Zoilo.
-Un ‘thriller’ histórico en el que el París del siglo XXI convive con la Baja Edad Media. ¿Cuál fue el punto de partida, la idea inicial, que le llevó a escribir ‘La conspiración de la luz’?
“Todo parte de un viaje a Francia de unos amigos por la antigua comarca de Champagne y las catedrales góticas. Me interesé por lo que habían visto, en lo que creía que había sido un viaje turístico al uso. Pero quedé sorprendida, porque había mucho misterio en esa visita, como los laberintos de las catedrales, los pocos que quedan, pues en su día se eliminaban pensando que eran simples adornos en el suelo. En las de Chartres y Amiens, por ejemplo, aún se conservan. Todo eso llamó mi atención y también una historia que me contaron acerca de la ubicación de las catedrales de acuerdo con la constelación de Virgo. Como si trazáramos una línea vertical desde cada una de sus estrellas. Pocos días después, vi un documental sobre la construcción de la primera catedral gótica, la de Saint-Denis, basílica entonces. El abad Suger quería crear un templo lleno de luz, como se describe en el Apocalipsis. Esto me hizo investigar y me llevó a la Baja Edad Media, a Jerusalén, a la Orden del Temple y, en suma, a una serie de pasadizos de la historia. No tuve más remedio que ponerme a escribir”.
-El protagonista de su relato, el arquitecto libanés Yamil Shadid, asume un arriesgado reto que también tiene mucho de investigación. En el caso de la escritora, ¿cómo ha sido la labor de documentación?
“La trama principal de la novela transcurre en 2018. Es contemporánea. A Yamil Shadid le hacen un encargo prácticamente imposible de cumplir y para afrontarlo se pone a investigar la Baja Edad Media. Yo he tenido una ayuda inestimable, la de historiadores, investigadores, escritores, como Javier Sierra o Mariano Fernández Urresti, por ejemplo, que han hecho una labor muy interesante, porque formulan teorías e ideas que en algunas cuestiones no coinciden con la historia ortodoxa. Lo que hice fue nutrirme de todo ello, lo digo desde el principio de esta obra, consultar libros, ver documentales, viajar… De manera que sí, ha habido una documentación detrás, sin la menor duda, pero la investigación en sí la han hecho todas estas personas. No me quiero arrogar la autoría de esas tesis que proponen. Tesis que, al fin y al cabo, también concuerdan con la historia, porque en ella siempre intervienen opiniones, más allá de los testimonios de aquella época, de los que no nos han llegado demasiados y que en cierto modo no dejaban de ser interesados”.
“Las ideas que me atrapan como escritora tienen que ver con la pasión, la aventura y el misterio”
-¿Cuánto de planificación, de estrategia definida, y cuánto de dejarse llevar hay en su forma de entender el oficio literario?
“Soy muy metódica. Necesito asentar las bases y para eso, como digo, leo mucho. En este caso, también hice un viaje a los lugares de los que escribo y recurrí a todo aquello que me sirviese para la novela. Pero llega un momento, tras cerca de un año de documentación y de ir confeccionando la obra, en el que comienzo a dejarme llevar. A veces, hasta casi me parece que alguien me está conduciendo en el proceso de escritura y voy descubriendo el camino que tengo que seguir. Sé cómo empieza, sé lo que quiero contar y sé cómo acaba, pero lo que va en medio lo voy elaborando conforme a lo que me va diciendo el propio texto y voy creando, teniendo siempre en mente la ruta que establecí al comienzo. Me dejo guiar por el instinto y por lo que me dicen los personajes. Algunos que de inicio no cuentan con demasiada transcendencia, que están como de paso, de repente veo, sin embargo, que han cobrado una fuerza que me hace sentirlos como si fuesen reales. Es difícil explicarlo”.

-¿Y cómo es el trabajo de la escritora? ¿Hay un un tiempo, un horario concreto, para escribir o el proceso es más espontáneo y tiene más que ver con eso que llamamos inspiración?
“Todos tenemos obligaciones. Me gusta escribir por la mañana, pero cuando los compromisos se imponen y esa mañana no me resulta fructífera, continúo haciéndolo por la tarde. He aprendido a adaptarme ante la necesidad. Pero si puedo, escribo por la mañana y la tarde la dedico a la documentación. Incluso cuando ya estoy escribiendo la historia, sigo documentándome. Vuelvo a leer los mismos libros, tomo muchas notas de lo que me interesa, hago esquemas con fechas… La metodología no la abandono. Y tampoco la lectura, que me encanta, pero llevo más de un año sin leer algo que no esté relacionado con la historia que quería contar. Todos los libros me conducen a ese sitio”.
-Si tuviéramos que hablar de sus referentes literarios, ¿qué autoras y autores mencionaría?
“Agatha Christie fue una de mis lecturas de adolescente y quizás la que me condujo ahora al thriller. También de esos comienzos mencionaría a Jane Austen, a Pearl S. Buck… De los contemporáneos, me encanta María Dueñas, devoro sus obras; Julia Navarro me gusta mucho también; el tinerfeño José Zoilo es maravilloso; Clara Montero; Javier Sierra; Mariano Fernández Urresti, que también es ensayista, Paloma Sánchez-Garnica, Kate Morton… Es una lista muy larga. Salvo momentos puntuales en los que debo abordar otro tipo de libro, a mí lo que me gusta es leer novelas”.
“Llega un momento en el que comienzo a dejarme llevar en la escritura y parece que alguien me va guiando”
-¿Qué tiene que tener una idea, un bosquejo de historia, para que le atrape de tal manera como para sentarse a escribirla?
“Para ser escritor hay que leer mucho. Eso te sirve, entre otras cosas, para interiorizar las estructuras de una novela, de un ensayo; aquí los clásicos me parecen fundamentales. También está la formación, pues lo tenemos todo por aprender, hacerse con un bagaje cultural, contar con una cierta mirada para traducir en literatura las cosas cotidianas que nos suceden… Yo no soy historiadora, pero acabo de escribir un thriller histórico. Eso requiere aprender de lo que otros nos muestran. En cuanto a la pregunta en sí, las ideas que me atrapan y me animan a ponerme a escribir tienen que ver con la pasión. Si no sintiese pasión por lo que escribo, dudo mucho de que me sentase cada día a hacerlo. De igual modo, las ganas por la aventura y por el misterio. A medida que escribes, estás creando personajes y también sus vidas. En esta novela, por ejemplo, he empleado una metodología cinematográfica. Hay una trama principal, el hilo conductor, pero ese hilo lo rompo continuamente y a lo mejor introduzco un capítulo que no tiene nada que ver con el anterior, para en el siguiente retomar esa continuidad. Es un recurso con el que me he divertido mucho. Hay una trama y unas subtramas, dentro de una misma trenza”.





