Dan a conocer las últimas palabras del piloto de un avión británico que se estrelló contra las montañas de Tenerife, y donde fallecieron 146 personas hace 45 años.
Los tres pilotos que iban a bordo tenían años de experiencia a sus espaldas, pero el terreno accidentado y el mal tiempo en los alrededores del aeropuerto Tenerife Norte lo convertían en un lugar notoriamente difícil para aterrizar.
Sólo tres años antes de que sucediera la peor catástrofe aérea de la historia, cuando dos aviones colisionaron en la pista de aterrizaje en Los Rodeos, donde murieron 583 personas. En 1980, un cambio en la dirección del viento obligó al capitán Arthur Whelan, de 50 años, al primer oficial Michael Firth, de 33, y al ingeniero de vuelo Raymond Carey, de 33, a alterar su plan de aterrizaje y entrar por el lado opuesto.
Un trágico error de comunicación en las instrucciones hizo que los pilotos se preguntaran un minuto y seis segundos antes de estrellarse: “Maldita bodega extraña, ¿verdad?”
Mientras descendían por debajo de la altura de seguridad de 14.500 pies para las montañas, uno de los pilotos respondió “no es paralela a la pista ni nada”. Tras despegar de Manchester esa misma mañana, el vuelo no había experimentado ninguna dificultad en su viaje.
El 25 de abril de 1980, cuando los vientos del Atlántico que suelen soplar del oeste, se produjo un cambio de dirección que obligó al popular avión a entrar por la pista contraria. En ese momento, coincidió con otro que avión que iba por delante del vuelo siniestrado, fue entonces cuando el controlador Justo Camin se percató que existía un alto riesgo de colisionar en el aire. Por lo que tuvo que indicar a los otros aviones cómo redirigir su ruta ante la falta de radares, improvisando una pauta de espera para el vuelo de Dan Air.
Al vuelo 1008 se le dijo que entrara en un patrón de espera a la izquierda y continuara haciendo giros hasta que el otro vuelo estuviera fuera de su camino: “Entendido, el patrón de espera estándar Foxtrot Papa está entrando en dirección uno cinco cero, gire a la izquierda, le llamaré en breve”.
Pero aquí es donde las instrucciones de Camin resultaron poco acertadas: comentó “vira” en lugar de “gira” y había enviado el avión a una trayectoria de una segura colisión.
Así que el capitán Wheelan sólo hizo un pequeño giro en lugar de los 150 grados requeridos para el patrón de espera, dirigiéndose directamente a una ladera de montañas en el norte de la Islas, confundido por la baja visibilidad de la niebla.
En la grabación de la cabina se recoge cómo el equipo empieza a inquietarse y los expertos creen que si hubieran pedido al controlador aéreo que aclarara las instrucciones podrían haber tenido tiempo de desviarse de su camino hacia ese final fatal.
Camin pensó que el avión ese encontraba sobrevolando el mar, de ahí que recomendara al vuelo 1008 que podían seguir descendiendo otros 1.000 pies, esperando que aterrizaran lentamente sobre la pista. Fue entonces cuando el capitán Whelan le dijo a su copiloto: “Eso no me gusta”, a lo que este respondió: “¿Quieren que demos más vueltas, ¿no?”
Segundos más tarde, la alarma empezó a sonar: “¡Sube, sube!”, gritaban. El capitán Whelan giró rápidamente a la derecha en lugar de seguir hacia arriba, mientras el copiloto Firth le recomendaba otras rutas.
El ingeniero de vuelo Carey les decía “salgamos de aquí”, mientras el capitán seguía girando a la derecha, perdiendo así 300 pies de altitud. Esta fue la última oportunidad del avión para salvarse de su trágico destino.
El ingeniero de vuelo gritó “¡ángulo de cabeceo, ángulo de cabeceo!”, antes de que el CVR se cortara mientras el avión se precipitaba de cabeza en La Esperanza.
Los restos del avión se esparcieron por la cordillera y la sección de cola se desplazó varios metros antes de caer en picado por un barranco. No se llegó a encontrar ni un solo pasajero con vida, la mayoría de los cuerpos no pudieron ser identificados.
Los investigadores trataron de culpar a la tripulación de Dan-Air, a pesar de admitir que las instrucciones del controlador eran erróneas, mientras que los británicos argumentaron que Camin debería haber utilizado una pauta de espera que mantuviera los vuelos a 7.000 pies y haberse dado cuenta antes de que había un problema entre la separación de los dos aviones.
No obstante, reconocieron que la tripulación de Dan-Air debería haber cuestionado las instrucciones de los controladores o haber pedido aclaraciones.
Tras la tragedia, se estableció un procedimiento normalizado para todas las operaciones de vuelo, así como la necesidad de una comunicación clara entre pilotos y controladores aéreos que se repite.






