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Javier Pérez Campo, periodista, escritor y reportero de ‘Cuarto Milenio’: “En Roma, los fantasmas de los niños eran especialmente temidos porque eran muy vengativos”

Todas las culturas albergan referencias a la existencia de espectros, surgidas de la contemplación y experimentación de fenómenos que interpretaron como producto de una supervivencia tras la muerte
Javier Pérez Campo, periodista, escritor y reportero de 'Cuarto Milenio'
Javier Pérez Campo, periodista, escritor y reportero de 'Cuarto Milenio'. DA

Por muy cuestionado que pueda estar el tema de los fantasmas hoy en día, y ello a pesar de que los casos se siguen produciendo ajenos por completo a la incredulidad de muchos, y a la sistemática negación de la ciencia dominante, la realidad es que estamos ante una creencia que nos acompaña desde la más remota antigüedad. Todas las culturas albergan referencias a la existencia de espectros, surgidas de la contemplación y experimentación de fenómenos que interpretaron como producto de una supervivencia tras la muerte. A lo largo del último siglo se han realizado estudios rigurosos sobre el tema, en el marco de la casuística postmorten, que además de la pretendida visión de fantasmas, incluye la lucidez terminal, las experiencias cercanas a la muerte, las vivencias de los moribundos, familiares y personal sanitario en el lecho de muerte, la mediumnidad, la transcomunicación instrumental, etc.

De una faceta especialmente tabú e inquietante, contra natura en grado extremo, hablará mañana, 20 de junio, en la sede del Consulado de México en La Laguna el periodista, escritor y reportero de Cuarto Milenio Javier Pérez Campos, quien en su trayectoria profesional se ha enfrentado a diversidad de casos en los que los supuestos fantasmas serían espectros de niños.

Algunos de esos episodios forman parte de la casuística clásica, y muchos, de viejas tradiciones, pero la realidad es que hoy en día continúan ocurriendo, causando enorme desconcierto.

-Visitas Tenerife para participar en el evento ‘La Laguna Encantada’, promovido por la Concejalía de Turismo, así que la primera pregunta es evidente, ¿maridan bien las historias de fantasmas y el turismo?
“Sin duda, hay muchos ejemplos de ello, los más conocidos en Escocia, donde se habla con normalidad de estas historias en los tours. Algunas ciudades con castillos encantados en España también aprovechan su potencial, aunque de momento de forma tímida. La Laguna tiene un enorme potencial, como bien sabes”.

-Estarás este viernes hablando de fantasmas de niños, un tema al que le dedicaste un libro que presentarás allí, ‘Inmaturi’. ¿Es un libro distinto al resto de los tuyos?
“Seguramente sea mi historia más personal porque cuando nacieron mis hijos, hace ahora casi cinco años, pues de alguna manera cambió mi vida. Pero no de la manera más obvia, que es como nos cambia la vida a todos, sino porque además se cruzó en mi camino el fenómeno de las apariciones infantiles, que yo evidentemente ya había investigado, porque llevamos años ya en esto y quieras que no, pues bueno, te llegan estos casos. El nacimiento de mis hijos me hizo abordar el fenómeno de las apariciones infantiles de un modo distinto, paradójicamente, desde una perspectiva quizá más humana”.

-Es un tema especialmente temido, tabú, del que se evita hablar, de eso no hay duda, Javier.
“Sí, de hecho, fíjate, a mí me costó especialmente conseguir documentación sobre este tema. Ya no solo por el tema de las apariciones de los fantasmas en sí, sino por lo que supone para la sociedad la muerte del niño. Mi libro empieza con una frase que dice algo así como que cuando muere un niño, un número infinito de posibilidades llega a su fin. Digamos que es una realidad que no queremos afrontar, que no queremos ver, que somos incapaces de comprender, que como sociedad es el mayor fracaso que nos puede ocurrir”.

-Afirmas que ese temor no es algo exclusivo de nuestro tiempo.
“Así es, no es algo que nos impacte o nos impresione en exclusiva a las sociedades del siglo XXI, es que ya los íberos, o los romanos, tenían una manera diferente de tratar a los niños que morían. De hecho, el título de la conferencia que vamos a impartir, Immaturi, hace referencia a la forma en la que en la Antigua Roma se denominaba a los fantasmas de los niños, Immaturi, es decir, muerto antes de tiempo. Estamos ante el muerto que era especialmente temible porque era muy vengativo, generaba un miedo que no se parecía a ningún otro, porque los mayores nigromantes, los magos de la Antigua Roma que eran los más temidos, eran los que tenían la capacidad de invocar a los fantasmas de los niños para lanzarlos furibundos contra su enemigo”.

-Creencias y tradiciones, sustentadas en vivencias, que difícilmente pueden dejar indiferente a tus lectores y seguidores.
“Claro. Este viaje mío hacia el fantasma del niño, lo que representa y los miedos que despierta tan atávicos, es un viaje a lo largo de la historia, del arte, la arqueología y la antropología. Aunque parezca lo contrario, va a ser muy bonito y revelador, porque a la charla voy a llevar unas fotografías, documentos inéditos que no aparecen en el libro, que permitirá al público comprobar cómo crece una investigación después de publicarse un libro”.

-Este tema genera un doble estigma, el propio de las apariciones en sí, que ya son un asunto cuestionado, pero además le añadimos el dolor ante la muerte de un niño. En casos de nuestros días, existe la posibilidad de que sus propios padres sigan vivos, y esto tiene que ser todavía aún más difícil de gestionar como periodista.
“Sí, de hecho, en ocasiones incluso ha ocurrido que son los propios padres los que creen estar siendo asediados por el fantasma del niño que murió trágicamente, evidentemente, de manera traumática. A este respecto hay también un viaje que yo abordo desde el ámbito de la psiquiatría, es decir, si los traumas de duelo pueden inferir de alguna forma en la creación de estos fantasmas, casi como un fenómeno de la propia psique. Sin embargo, a mí me interesa más el fenómeno de la persona que no tiene una conexión con ese niño fantasma y que, sin embargo, sin saberlo, está obteniendo datos de un pasado, del lugar, que eso es muy interesante, cómo personas que no tienen vínculo directo con ese fantasma del niño, de alguna manera, obtienen información sobre ese lugar.”

-¿Por ejemplo?
“Yo cuento el caso, muy resumidamente, de una mujer, un médico de Badajoz, que yendo una mañana al trabajo, muy temprano, se encuentra con un niño vestido con un traje de romano, con ropa antigua. Cuando va a parar el coche para ver si necesita ayuda, se da cuenta de que el niño no tiene rostro, de que está todo ensombrecido, y entonces la mujer aterrorizada se marcha de allí a gran velocidad. Ella no lo sabe, pero cuando nosotros después vamos a investigar al sitio, resulta que a pocos metros de allí se había encontrado la tumba de Mirinus, que era un niño esclavo romano cuya sepultura podía observarse en el Museo de Arte Romano de Mérida. Por tanto, fíjate qué curioso, cómo una mujer que no sabía nada de la historia de ese lugar concreto, tuvo acceso, de alguna forma, a través de una visión, a través de ese flashazo que le llegó en ese momento, de algo que había ocurrido allí”.