La fotoperiodista Elvira Urquijo Álamo, nacida en Las Palmas de Gran Canaria, ha capturado momentos clave de la historia reciente. En 1993, fue la primera mujer fotoperiodista de la Agencia Efe. Su trabajo, marcado por su sensibilidad y compromiso, le ha valido reconocimientos como la Insignia de Oro de la Asociación de Informadores Gráficos de Prensa y Televisión de La Rioja en 2025. En esta entrevista, concedida a ATLÁNTICO TELEVISIÓN, repasa su carrera profesional.
-¿Cómo pasó de contar historias a través de la redacción a narrarlas mediante la fotografía?
“Fue un proceso determinado por unas circunstancias que, al final, hicieron que la decisión fuera muy clara. Trabajaba como redactora, pero también ayudaba a mi padre, que era fotógrafo de prensa. Durante un tiempo logré compaginar ambas cosas. Tras su fallecimiento, tuve que elegir. En ese momento tomé la decisión y me quedé con la fotografía, que no solo representaba mi pasión, sino también una forma de honrar su legado.”
-Claro, su padre fue también el fotoperiodista Félix Urquijo.
“Sí, mi padre fue fotógrafo de prensa en Canarias. Trabajó en el periódico El Eco de Canarias, en la Agencia Efe, en Televisión Española y en muchos otros medios. Aprendí de él desde muy joven. Tenía el laboratorio en casa y, con apenas cuatro años, ya revelaba fotos a su lado. Mi padre me sentaba en una banqueta y me decía: Mueve ese tanque y mira cómo del papel va a aparecer una imagen. Y para mí era pura magia ver cómo, de un papel en blanco, de repente surgía la cara de un señor.”
-Cuéntenos. Es muy curioso cómo se enteró de que era la primera mujer fotoperiodista de la Agencia Efe.
“De pura casualidad. He trabajado toda mi vida en la Agencia Efe. Comencé en mi primer año de carrera haciendo prácticas y luego continué con más prácticas, realizando fotos y textos. Un día, alguien que estaba investigando sobre el fotoperiodismo en Canarias y en España me preguntó: “Averíguame quién fue la primera mujer fotógrafa en plantilla de la Agencia Efe.” Llamé a mi jefe en Madrid para consultarlo y, tras pensarlo un momento, me dijo: Pues creo que eres tú. Me quedé sorprendida. Lo supe hace apenas seis o siete años. Llevo 35 años trabajando en la Agencia Efe y nunca me lo había planteado. Ha habido otras mujeres, pero es cierto que la que se ha mantenido en el tiempo soy yo.”
-Pues ya forma parte de la historia.
“Sí, un poquito sí”. (Risas)
-¿Cuál fue su primera cobertura fotográfica?
“Mi primera cobertura fotográfica, más allá de acompañar a mi padre al fútbol y otros eventos, ocurrió en un momento inesperado. Mi padre no estaba aquel día, y coincidió con la entrega a la justicia del presunto asesino de Eufemiano Fuentes, conocido como El Rubio. Recuerdo que fue un 15 de agosto, y cuando lo llevaron a la Audiencia Provincial a prestar declaración, me tocó cubrirlo a mí.”
-Pasó mucho tiempo hasta que se supiera quién era, además.
“Sí, sí. Había estado huido de la justicia durante 14 años, viviendo en Brasil. Un día regresó y se entregó voluntariamente en la comisaría de Santa Catalina. A los pocos días pasó a disposición judicial y tuve que ir a la Audiencia para hacerle las fotos. Me acuerdo perfectamente de correr por los pasillos para capturar aquella imagen.”
-¿Han descontextualizado alguna vez alguna de sus fotografías?
“Pocas veces. Recuerdo un caso concreto: una foto de una reunión del Consejo de Gobierno en la que aparecían Román Rodríguez y Adán Martín. Curiosamente, tengo una anécdota sobre Adán Martín: fui la persona que le hizo la última foto en vida. También ocurrió lo mismo con Alfredo Kraus. He realizado muchas últimas fotografías, pero volviendo al tema, aquella imagen en la que ambos aparecían distendidos, revisando sus agendas y hablando sobre reuniones futuras, se utilizó días después en un artículo de opinión para insinuar que estaban peleados. No era cierto. Simplemente capturé un instante de su conversación, pero al estar de pie y en una postura relajada, la imagen fue malinterpretada y utilizada con otra intención.”
-Vaya, un buen ejemplo de descontextualización, algo con lo que tenemos que tener mucho cuidado los periodistas.
“Sí, ahora también debemos ser especialmente cuidadosos con las imágenes de niños. En mi empresa, de hecho, tenemos prohibido publicar fotos de menores sin el permiso expreso de sus padres. Con la inteligencia artificial, las imágenes pueden ser manipuladas y transformadas, lo que hace que tengamos que ser aún más rigurosos. Es fundamental que los periodistas seamos conscientes de estos riesgos y adoptemos medidas de protección para evitar que las fotografías sean utilizadas con intenciones equivocadas.”
-¿Cuál ha sido el mayor desafío al que te has enfrentado en su profesión?
“Cualquier escenario en el que esté presente el dolor humano es difícil de gestionar. Es fundamental tener un profundo respeto por las personas que están sufriendo. Además, está el propio impacto emocional que conlleva el trabajo. Hay momentos en los que la imagen traspasa la cámara y te afecta mucho. Aunque me esconda detrás del visor, la carga emocional de ciertas fotografías es inevitable.”
¿Ha llorado alguna vez en el ejercicio de tu profesión?
“Sí, muchas veces. Hay momentos que marcan, como la llegada de migrantes en circunstancias desgarradoras o el trágico accidente de Spanair. Hubo un juicio en particular que me conmovió profundamente. Era un caso de negligencia extrema, donde unos padres permitieron que su hijo muriera de inanición. Mientras su hermana crecía sana y escolarizada, él, nacido con labio leporino, fue prácticamente invisibilizado. Nunca recibió atención médica ni educación, hasta que, con tres años, su cuerpo tenía el peso de un bebé de nueve meses. Recuerdo cómo, en la sala del tribunal, se proyectaron imágenes de la autopsia. Fue tan devastador que el juez ordenó retirarlas de inmediato. Hay situaciones en las que uno intenta mantenerse firme y concentrarse en el trabajo, pero algunas realidades son demasiado duras. El coste emocional es muy grande.”
-Si hablamos de migración, ¿qué es lo que más le ha impactado al inmortalizar este drama?
“Uno de los momentos más impactantes de mi carrera fue en 1996. Me enteré de la llegada de un barco con polizones y, junto a una compañera, decidimos adentrarnos en la nave para documentarlo. Fuimos unas inconscientes, nos metimos en el barco sin saber qué nos encontraríamos. Al explorar la nave, vi un ojo de buey con barrotes soldados, como una prisión improvisada. Llamamos y apareció una carita detrás. Mi compañera, en medio francés, medio inglés, logró hablar con los muchachos. Yo aproveché ese instante y tomé la foto. Esa imagen sigue conmigo, la mirada atrapada en ese pequeño espacio, la incertidumbre de esos jóvenes. Lo que más pena me da es que nunca supimos qué pasó con ellos. El barco debía hacerse cargo, y su destino quedó en el misterio. No quiero insensibilizarme. Lo que fotografío son personas, son dramas humanos, son historias fuertes. Lo tengo siempre presente. Mi trabajo no es solo documentar, es sentir y darles voz a quienes no siempre pueden contar su historia.”
-Cubrió también el accidente de Spanair.
“Me tocó vivir uno de los momentos más duros de mi carrera. Desde la llegada de los féretros hasta el recibimiento por parte de las familias, todo fue desgarrador. Asistí a muchos entierros, pasé por tanatorios y, con el tiempo, también cubrí los homenajes anuales y las ruedas de prensa de la Asociación de Víctimas del Vuelo. A lo largo de los años, he seguido de cerca este acontecimiento. No siempre estuve presente, pero me tocó vivir muchos homenajes y ruedas de prensa. La llegada de los fallecidos a la base militar de Gando fue especialmente difícil. Recuerdo una señora que perdió a toda su familia en el accidente. Su dolor era inmenso, y con el tiempo, en un homenaje, tuvo un momento de desahogo desesperado. Fue necesario calmarla, ayudarla a sentarse y tranquilizarla. Con los años, dejó de participar en los homenajes; el peso del duelo era demasiado. Son historias difíciles de procesar, pero forman parte de mi recorrido y de mi compromiso con mi profesión.”
-¿Cómo fue su experiencia cubriendo las erupciones de La Palma y El Hierro?
“En El Hierro fui a sustituir a un compañero que llevaba días esperando que algo ocurriera, y cuando nos acercábamos en avión, el piloto, quizás saltándose un poco las restricciones, se acercó más de lo esperado. Desde la ventanilla, vi aquella gran mancha verde en el mar y, sin pensarlo, me desabroché el cinturón -la azafata casi me mata- pero logré captar la primera imagen aérea de la mancha. Ya en tierra, recuerdo perfectamente la sensación de los temblores bajo mis pies. Cuando nos permitieron acercarnos un poco más, algunos medios conseguimos registrar las primeras imágenes del burbujeo, justo cuando el material volcánico intentaba salir a la superficie. Por otro lado, la erupción del volcán de La Palma fue una experiencia increíble. Trabajé como un animal, como se suele decir, pero fue algo que jamás olvidaré. Cuando llegué y me llevaron a verlo por primera vez, no podía creer lo que tenía delante. Era impresionante. Llamé a toda mi familia y les dije: Busquen la forma de venir, porque esto hay que verlo en persona. Nos turnábamos para ir. Yo viajé al volcán cinco veces, desde el inicio de la erupción hasta su extinción, incluyendo la conferencia de presidentes en Tenerife y la visita de los reyes. Las imágenes fueron estremecedoras. Casas completamente sepultadas bajo toneladas de ceniza. Recuerdo estar tomando fotos mientras una señora, a mi lado, lloraba viendo la lava llevarse su hogar con todos sus recuerdos. También recuerdo a un hombre desesperado en el cruce de Las Manchas, cuando aún no se podía pasar por ahí. Quería entrar para rescatar los restos de su hijo, que estaba en el cementerio, pero ya era imposible: la tumba había quedado bajo toneladas de lava. “Ahora ya no tengo dónde ir a llorarle o hablar con él”, decía. Fue terrible. Hay historias que no se han contado. Y muchas de ellas siguen marcando a la gente que lo vivió.”
-En el mundo del fotoperiodismo, cada vez es más común que aficionados con teléfonos móviles capturen imágenes y las difundan como si fueran profesionales. ¿Cómo percibe esta evolución y qué impacto crees que tiene en la profesión?
“Es cierto que hoy en día cualquiera con un móvil y una cámara se cree fotógrafo. Sin embargo, la fotografía no está en el dispositivo, sino en la mirada. Puedes tener la mejor cámara del mercado, pero si no sabes ver la imagen, no lograrás transmitir nada. Los móviles han facilitado mucho el proceso, pero el talento y la visión siguen siendo lo esencial. Además, el intrusismo profesional es una realidad. Me ha sucedido que personas sin formación se colocan frente a mí en eventos importantes, sin comprender la técnica, la composición o el significado detrás de la imagen. Fotografiar no es simplemente capturar una escena, sino narrar una historia con luz y enfoque.”
-¿Hay alguna fotografía que aún sueñe con capturar?
“He tenido la fortuna de fotografiar casi todo tipo de acontecimientos: desde accidentes aéreos hasta visitas de líderes políticos y miembros de la realeza. He viajado, he estado en congresos y he visto la historia desarrollarse frente a mi cámara. Pero más allá de los grandes sucesos, mi mayor deseo siempre ha sido capturar una imagen capaz de alegrar la vida de las personas. En plena pandemia, cuando todo era tristeza y silencio, decidí buscar algo que pudiera traer esperanza. Me levanté antes del amanecer y salí en busca de un nuevo día. Afortunadamente, el cielo estaba despejado, y el sol apareció con un tono naranja espectacular. Esa fotografía fue mi pequeño aporte para devolverle el ánimo a la gente.”





