Por Benjamín Reyes / Saturnino García (Bariones de la Vega, León, 1935) acaba de recibir la Estrella Polar del XX Festivalito La Palma, que se concede a aquellos profesionales del sector audiovisual que siguen la filosofía, valores e ideales del singular certamen palmero. Saltó a la fama siendo sexagenario con Justino, un asesino de la tercera edad (1994), que le valió un inopinado Goya al actor revelación. En 2023 le reconocieron con la Biznaga de Plata de Málaga a la mejor interpretación masculina por su papel en Tierra de nuestras madres, en la que encarna a una anciana. A sus 90 años sigue al pie del cañón, haciendo cine, teatro y recitales poéticos.
-¿Qué sintió cuando le dieron el premio del Festivalito?
“Sentí todo lo contrario a cuando te dan un castigo [risas]”.
-Debuta en el mundo audiovisual con 42 años. ¿A qué se dedicaba antes?
“Naciendo en una aldea, lo primero a lo que me dediqué fue a la agricultura. En aquel entonces los niños alternábamos la escuela con la labores en el campo. A sí fue hasta los 17 años. Después fui peón metalúrgico. Por anhelos de intelectualidad me metí en el mundo del teatro. En 1969 fundé una compañía de teatro. Según Ortega y Gasset, un intelectual es un amante del saber”.
-Su primer papel en el audiovisual fue la popular serie ‘Curro Jiménez’ (1977). ¿Cómo recuerda ese debut?
[Hace un gesto de desdén] “Hice solo una mañana de rodaje para hacer de un camarero que servía una copa. Eso no tiene leyenda ninguna”.
-Ha trabajado bajo las órdenes de Fernando Fernán Gómez, Carlos Saura, José Luis Cuerda, Vicente Aranda o Álex de la Iglesia. ¿Cada maestrillo tiene su librillo?
“Todos los seres humanos somos copias de otros seres humanos. El filósofo Kierkegaard decía: ‘Traedme un niño de siete años y después ya os los podéis llevar’. Quería decir que a los siete años ya tienes la herencia para toda la vida. Siempre tendrás la huella en tu personalidad de lo que hicieron de ti hasta los siete años”.
– ‘Justino, un asesino de la tercera edad’ (1994) marcó un antes y después en su carrera cinematográfica.
“Tenía 60 años. Yo empecé tarde en el mundo del cine. Hasta los 50 años no había hecho cine. Piensa que hasta los 18 años yo no vi una película porque en mi pueblo no había cine. Sin embargo, creo que recibíamos más cultura que los niños de ahora porque se hacía teatro aficionado. En tiempos antiguos había canciones que las compusieron analfabetos. Muchas tradiciones famosas de ahora las crearon analfabetos. Ojo con eso”.
-En 1997 rodó en El Hierro el cortometraje ‘La raya’. ¿Cómo recuerda aquel rodaje?
“Lo recuerdo muy bien. La rodó Andrés Koppel. Eran mis primeros impulsos en el cine y recuerdo que tenía mucha afición. Fue un cortometraje que tuvo mucha repercusión”.
-En su filmografía destaca su presencia en el cine de terror (‘El día de la Bestia’, ‘Wax’, ‘Vampus Horror Tales’). ¿Es el género que más le ha gustado?
“A mí como espectador no me gusta el cine de terror. Los directores me escogen por mi faz. Ten en cuenta que yo fui educado en la estética dramatúrgica. A mí me gustaba Valle-Inclán o Jacinto Benavente”.
-Llegó a coincidir con Paul Naschy en un par de rodajes (‘Rojo sangre’ y ‘Empusa’) ¿Cómo fue su relación con él?
“Para mí no era Paul Naschy, era Jacinto Molina. Lo conocí a través de un amigo común, el director y escritor Víctor Matellano. Jacinto era un tipo de pueblo como yo, era un hombre llano nada sofisticado”.
-Usted ha trabajado en el cine del siglo XX y del siglo XXI. ¿Qué diferencias percibe en el cine de antes y el de ahora?
“Globalmente, no solo hablando de cine, mi mundo no es de este reino. Quiero decir que no conozco este mundo. Me parece un mundo muy frívolo donde todo el mundo está encantado de conocerse. Aunque tengo móvil porque lo necesito para mi oficio”.
“La poesía es lo más cerca que vas a estar del alma humana”
-¿Cuál es su escena favorita de la historia del cine?
“Qué pregunta más difícil. Pues mira, te voy a decir el discurso de Spencer Tracy en Adivina quién viene a cenar esta noche, previo a la cena con los padres del novio. Ese discurso y esa puesta en escena me parece de las escenas más memorables de la historia del cine”.
-¿Qué podrá encontrar el lector en su autobiografía ‘Del dónde y cómo al por qué’ (2006)?
“Narro los tres tiempos del curso de mi vida”.
-¿Por qué le gusta tanto la poesía?
“Sobre todo me gusta la poesía española. Me gusta porque la poesía es lo más cerca que vas a estar del alma humana. En la poesía está lo más entrañable del sentimiento humano. Yo hago muchos espectáculos cuyo texto es poesía”.
-En ‘Tierra de nuestras madres’ encarna a una mujer.
“Aquí hago de la vieja Rosario, la madre más brava del pueblo. Es una mujer que tiene valentía y tiene empeño en defender a su pueblo, en defender la vida rural. Es la primera vez que hago de mujer. Intenté ser natural y no representar a la mujer. Pensé en mi abuela Emiliana y sin más afectación. Así de sencillo”.
-¿Sabe lo que es el edadismo?
“No había escuchado nunca esa palabra [se la explico: apartar de la sociedad a las personas ancianas por su edad]. ¡Ah!, edadismo es eso. Me encuentro con facultades y sigo trabajando como otros, como José Sacristán o Lola Herrera. En mi caso, con menos razones porque no tengo su dimensión. Sigo trabajando porque hacer cine o teatro me parece el mejor entretenimiento. Ser actor no es trabajo. No quiere decir que no me paguen [risas]”.
-¿Qué proyectos tiene en mente?
“Yo soy un actor de que me llamen. A ver si me llaman”.





