“Acoger inmigrantes es una buena alternativa para que las economías no decrezcan”, proclamó en 2005 el expresidente de Estados Unidos William Jefferson Clinton, Bill Clinton, en Tenerife. Quién le iba a decir al exgobernador de Arkansas que, veinte años después, el mundo contemplaría atónito cómo uno de sus sucesores instalaría un régimen de terror entre millones de migrantes llegados a su país en busca de una oportunidad, a los que se persigue, acorrala, encarcela y deporta.
El talante de Clinton era muy distinto al de Donald Trump y así lo demostró durante una visita de dos días a la Isla, de la que se cumplen 20 años y en la que halló en Canarias “la cara del mejor futuro de África”. Se mostró convencido del papel estratégico del Archipiélago como “centro neurálgico” entre Europa, América y África y puente económico con el continente vecino para “reportar beneficios a la región, si bien puntualizó que los resultados se verían “a largo plazo”. En esa línea, aconsejó trabajar en la “generación de confianza y en la capacidad para atraer inversiones”.
En la conferencia, titulada Abrazando nuestra humanidad común; la seguridad y la prosperidad en el siglo XXI, Clinton recomendó a los países europeos y al suyo, que presidió entre 1993 y 2001, “estudiar con rigor” sus tasas de natalidad antes de establecer cualquier limitación al número de migrantes, porque, enfatizó, “con las cifras actuales no está garantizado el mantenimiento del sistema”.
En la conferencia, de algo más de media hora y por la que los 250 asistentes pagaron 1.200 euros por cabeza, Clinton se ganó el cariño de la selecta audiencia con varias referencias a la Isla. “He telefoneado a mi mujer y a mi hija para decirles que Tenerife es un lugar maravilloso por su gente, su paisaje y sus pueblos. Se enfadaron mucho y les he tenido que prometer que volvería pronto con ellas”, señaló.
En otro momento de su intervención, el exmandatario estadounidense confesó que había probado el plátano canario y lamentó no haber tenido más tiempo para poder visitar alguno de los parques eólicos de la Isla, por los que mostró un especial interés.
Al término de su disertación, recibió como regalo un timple, que le entregaron cuatro niños vestidos con el traje típico de la isla de Tenerife, una curiosa imagen que llegó a ser publicada por el periódico Washington Post. “Lo guardaré en la biblioteca presidencial, donde tengo una colección de instrumentos musicales”, aseguró entre los aplausos del auditorio.
Clinton se despidió de Tenerife con un almuerzo posterior a la charla. Mientras abandonaba el auditorio aún tuvo tiempo de contemplar una concentración en el exterior de manifestantes contra la construcción del puerto de Granadilla. Así concluía una visita de dos días que comenzó en la madrugada del 24 de julio de 2005. Tras aterrizar, pasada la medianoche en el aeropuerto Reina Sofía Tenerife Sur, se dirigió al hotel Botánico del Puerto de la Cruz, donde pasó su primera noche en la suite real, que hoy lleva su nombre.
Gran parte del día siguiente la dedicó a jugar al golf en el Club Abama, en el municipio de Guía de Isora, con el entonces alcalde de Santa Cruz, Miguel Zerolo, los empresarios Pedro Luis Cobiella y Pedro Suárez, y el golfista Alfredo García.
En las instalaciones sureñas fue recibido por Adán Martín, presidente del Gobierno de Canarias; José Segura, delegado del Gobierno en las Islas; Ricardo Melchior, presidente del Cabildo y artífice del viaje, que le regaló un cuadro del pintor tinerfeño Juan Galarza, y el director del establecimiento hotelero y del Club Abama.

AMABLE Y SONRIENTE
El expresidente demócrata, a quien acompañaba un equipo de una veintena de personas, la mayoría guardaespaldas, se mostró amable y sonriente y aceptó hacerse fotografías. Contempló La Gomera en el horizonte, preguntó qué distancia separaba las islas y expresó su asombro por el contraste de paisajes entre el norte y sur de Tenerife.
Vestido con pantalón claro y un polo naranja a rayas, permaneció durante cinco horas sobre la alfombra verde y entre hoyo y hoyo optó por comerse un par de bocadillos de jamón, queso y atún que acompañó con un refresco de cola light. Apenas probó las exquisiteces del cocinero vasco Martín Berasategui a base de cherne, pimientos, papas, mojo, queso y salpicón de frutas.
En sus 48 horas de estancia, el expresidente americano tuvo tiempo para recorrer a pie el centro del Puerto de la Cruz, acompañado por una docena de escoltas. Caminó por la plaza del Charco y cenó en el restaurante El Monasterio, en Los Realejos, donde fue invitado por la concejal de Turismo del municipio, Rosario Hernández, que se encontraba en ese momento cenando con su familia. Clinton correspondió a los 560 euros de la cuenta posando con ella en una foto que publicó este periódico.
No fue la única curiosidad del viaje. La noche anterior, nada más llegar al hotel, se encontró en la recepción con una boda en pleno banquete. Ante la sorpresa general, Clinton no dudó en acercarse a los recién casados para felicitarles. Casualmente, el novio era de nacionalidad estadounidense.
Finalizada la visita, en una conversación con DIARIO DE AVISOS, Ricardo Melchior desveló que el exmandatario se quedó sorprendido con la prosperidad hallada en Tenerife, “con sus avances en energía eólica, sus infraestructuras y sus hoteles, que le agradaron especialmente dado que venía de visitar algunos de los países más pobres del mundo, tanto en el África Occidental como Oriental”.
El presidente del Cabildo resaltó que no fue necesario explicarle lo que fácilmente dedujo el exlíder demócrata: que el Archipiélago era la plataforma necesaria para canalizar las ayudas y desarrollar políticas de apoyo a las naciones más desfavorecidas del continente vecino.
Esa conclusión la resumió en una frase que salió de la boca del ilustre visitante cinco meses después, cuando volvió a coincidir con Melchior, al que invitó a Nueva York para asistir a la cumbre de la Fundación Iniciativa Global Clinton: “Canarias es un portaaviones de paz frente a África, el lugar que el mundo necesita para llegar a ella”.
En ese encuentro -hubo varios más en los años siguientes- el también senador por Tenerife coincidió con el primer ministro británico Tony Blair; el presidente francés Jacques Chirac; el rey jordano, Abdullah II, y el secretario general de la ONU, Kofi Annan. Y allí conoció a Hillary Clinton, que le disputaría la Presidencia de la primera potencia mundial a Donald Trump, aunque sin éxito, en 2016. “Hillary nos dijo que su esposo le había explicado la importancia estratégica de Canarias con vistas a África y que esperaba venir algún día al Archipiélago, pero no sabía cuándo”, explicó Melchior.
Aunque el expresidente del Cabildo reconoció el trato “amable” de Hillary, destacó que “él es más carismático y cariñoso”, y subrayó su “dimensión humana y su personalidad arrolladora”.
A pesar del impacto internacional de la visita de Bill Clinton a Tenerife, no faltaron algunas voces críticas por el coste de la misma, alrededor de 300.000 euros, aunque gran parte de esa cantidad, según explicó el propio Ricardo Melchior, se sufragó a través de las aportaciones de medio centenar de empresarios isleños.

Un viaje de gran impacto mediático regional y nacional
La visita de 48 horas de Bill Clinton a Tenerife ocupó destacados titulares en la prensa regional, nacional e internacional. Algunos medios estadounidenses se hicieron eco de su estancia en la Isla.
El primer día, DIARIO DE AVISOS le dedicó la portada con el título “Bill Clinton habla en Tenerife sobre seguridad y prosperidad”, mientras que 24 horas después, el Decano de la prensa de Canarias llevó a su primera página una frase del expresidente: “Canarias puede ser la cara del mejor futuro de África”.







