Alexandra Delgado tiene desde hace casi 10 años agorafobia, un trastorno mental y del comportamiento caracterizado por ansiedad y miedo irracional, en su caso tras sufrir varios desmayos en el colegio cuando era niña. Esta experiencia traumática le ha condicionado la vida y evita actividades como acudir presencialmente a clase, utilizar la guagua o el tranvía, visitar a su familia o salir con amigos, mientras siente incomodidad al acudir al supermercado, al médico, etc.
A sus 29 años, esta santacrucera denuncia “el abandono” que sufren las personas con un trastorno mental por parte de las instituciones y asociaciones que deberían velar por su inserción laboral. Delgado solicita un empleo, que debe ser en la modalidad de teletrabajo para salir de esta situación. “Estoy atrapada y sin poder progresar, como un hámster en su rueda, sin llegar a ninguna parte. El trabajo me permitirá desarrollarme y pagar a un profesional que me cure”. Su correo es alexandradelco@hotmail.com.
Alexandra tiene un grado superior de integradora social, además de un buen nivel de inglés, y se ha formado a través de Inserta (Fundación ONCE) y Simpromi (IASS Cabildo), entidades que ayudan a la inclusión laboral de personas con discapacidad, en cursos de atención al cliente (quejas, sugerencias) y otras labores que se pueden desempeñar de forma online desde casa. “He tenido varias entrevistas de trabajo y las empresas me dijeron que tenía un buen perfil por mi formación, habilidades sociales y de comunicación”, pero al final no ha sido contratada debido a que solo contemplan el teletrabajo “para personas que por su discapacidad física no puedan moverse de su casa. Estoy decepcionada”, afirmó.
También se ha dirigido a AFES Salud Mental, “pero ellos rechazaron ayudarme afirmando que solo llevaban enfermedades mentales graves”, también ha expuesto su caso a algunos representantes públicos locales y “me han respondido mal, me han avergonzado y he salido deprimida” por sus respuestas y actitudes. “Me dijeron que no pueden darme un trabajo directamente, es ilegal, pero tiene que haber alguna forma en la que me pueda ayudar”.
Esta tinerfeña afirma sentirse “desesperada, han pasado meses y no me responden, me ignoran”, todas las administraciones públicas a las que se ha dirigido “me han dejado abandonada. No estoy teniendo ayuda de nadie, pese a que les recalco que por mi trastorno mental, la única posibilidad que tengo es un teletrabajo desde mi casa, que no es por comodidad, es la forma de demostrar mi valía, ya que no puedo salir de casa por mi condición, pero no me están dando la oportunidad, me están cerrando las puertas, y si no consigo trabajar no puedo pagar la consulta de mi terapeuta”, denunció.
Por tanto, esta joven dice que se encuentra “atrapada en una espiral destructiva, me siento completamente inútil, porque tener un trabajo no es solo por contar con dinero, es que te da ganas de levantarte cada mañana, sentirte útil y realizada”.

Discapacidad
Alexandra cuenta con una discapacidad del 65%, sin embargo, se siente incomprendida por las entidades de inclusión. “Simpromi es una vergüenza, llevo años siendo usuaria y no me ha podido proporcionar un teletrabajo, porque tiende a esperar a la buena voluntad de las empresas, y no hay nada que le obligue a ofrecer a las empresas a gente como yo, entonces estamos parados hasta que alguien nos venga a rescatar”.
Además, insiste en que “alguien tiene que alzar la voz y decirles a Simpromi o Inserta que pongan especial atención a este caso, porque la chica está mal, o a otros similares y que sean ellos los que ofrezcan a las empresas perfiles como los nuestros”. “Ustedes son los que tienen que echarnos una mano, si no consigo recursos para poder pagar el tratamiento, para poder sobrevivir, para ser independiente, para formación o inserción laboral ¿Cómo puedo salir de esta situación?”.
Abandono
Por tanto, con esta entrevista al DIARIO DE AVISOS, Alexandra Delgado quiere “criticar el abandono que sufrimos las personas con trastornos de salud mental”, que somos muchas y cada vez más. “Yo soy una persona de 29 años que me he formado, que tengo todas las ganas del mundo de trabajar y creo que lo valgo, pero que no pueda hacerlo, es muy triste. También lo es que nadie tienda una mano para ayudar”.
Lamenta todo este tiempo perdido, que no haya podido trabajar y pagar la terapia para haberse recuperado. “Necesito romper este bucle negativo”.
Alexandra ha recibido muestras de cariño, afecto y apoyo por parte de muchas personas y familias que están en su misma situación, por tanto, asegura que “me cuesta mucho creer que las instituciones no se muevan y que no hayan empresas que no puedan darnos una oportunidad de trabajar, en mi caso ofrecerme un teletrabajo”.
Pánico a salir sola
En muchísimas ocasiones Delgado no puede salir de su casa, y cuando debe hacerlo, por obligación, lo hace siempre dependiendo de un acompañante que le ofrezca apoyo, confianza y continúe la gestión en el caso de que tenga que huir. “Pienso que cuando salgo a la calle me voy a desmayar, comienza esa sensación de ansiedad y me asustó tanto que no quiero salir, me he recluido casi por completo en casa. Hay familiares que no he visto hace ocho años”.
Alexandra ha tenido siempre una constitución física muy delgada, y un peso habitualmente reducido. “Hasta hace dos años simpre he pasado 37 kilos, estaba tan flaca que parecía que me iba a volar”, y eso considera que ha sido “por la depresión”.
Recuerda cómo acudía a clase en un centro en la Rambla, y como para su edad era pequeña y delgada de lo normal, “me desmayé dos o tres veces” y por aquel entonces, también comenzó a tener miedo en subirse al transporte público. Esas experiencias traumáticas le condicionarían su vida. A partir de los 12 años, ya ponía excusas para no ir a clase y, cuando estaba en el colegio, le dolía la barriga, se encontraba mal y su madre tenía que ir a buscarla.
“No prestan ninguna ayuda psicológica a la gente, la atontan a medicación”
Desde muy pequeña Alexandra Delgado tiene problemas con la ansiedad, sin embargo solo ha acudido en cuatro ocasiones a sesiones al Febles Campos, “el resto lo he pagado yo y mi familia con esfuerzo”, y denuncia la espera de un año para una cita.
“Si eres una persona con una ideación suicida, porque muchas veces he pensado que no sirvo para estar aquí, porque no veo salida, no pueden darte una cita para dentro de un año. Me avergüenza que la psicóloga, sin apenas escucharte, te diga Te voy a pasar con la psiquiatra que lo único que hará es recetar una medicación y decirte nos vemos en seis meses, a ver cómo te sentó, cuando lo que necesito es una terapia cognitivo-conductual”.
“Nos atontan a medicación y a saber qué efectos secundarios tendrá”. Y si vas por un ataque de ansiedad a Urgencias, te recetan un Trankimazin y para casa. No prestan ninguna ayuda psicológica a la gente, así hay tantos suicidos”.







