Un gen bautizado como npmA2 ha irrumpido en la escena científica con una capacidad alarmante: anula completamente la eficacia de los aminoglucósidos, una familia de antibióticos fundamentales en el tratamiento de infecciones graves en unidades de cuidados intensivos. El hallazgo, publicado tras el análisis de casi dos millones de muestras bacterianas, alerta sobre una amenaza global que ya ha sido detectada en seis países —Reino Unido, Alemania, Francia, Estados Unidos, China y Australia—, tanto en humanos como en animales y entornos naturales.
Este gen no es nuevo: fue identificado por primera vez hace dos décadas en Japón, pero no había vuelto a aparecer hasta que un brote hospitalario en Países Bajos lo sacó de su letargo. Desde entonces, se ha expandido de forma silenciosa y transversal. “En estos años, ese gen se ha diseminado por el mundo entero, y no solo en humanos, sino también en animales y el medio ambiente”, explica Bruno González-Zorn, catedrático de Sanidad Animal en la Universidad Complutense de Madrid y responsable del estudio internacional.
Anula antibióticos
La preocupación es máxima: el gen confiere una resistencia total a los aminoglucósidos, lo que compromete uno de los recursos más eficaces frente a bacterias multirresistentes. En España, las bacterias relacionadas con estas infecciones hospitalarias presentan una tasa de mortalidad del 30%, y aunque npmA2 aún no se ha detectado en el país, los expertos no descartan que esté presente. “No lo hemos buscado activamente y es lo que vamos a hacer ahora”, señala González-Zorn. “Antes de que emerja en alguna UCI, vamos a intentar controlarlo de la mejor manera posible”.
El impacto potencial es devastador. “Si este gen se introduce en nuestros hospitales, perderemos una herramienta clave para luchar contra las superbacterias”, advierte el investigador. Ante este escenario, los autores del estudio insisten en que la vigilancia microbiológica, la reducción del uso innecesario de antibióticos y la inversión en nuevas estrategias terapéuticas son más urgentes que nunca. “Si no actuamos ya, nos abocamos a una era donde una simple infección vuelva a ser mortal”, concluye González-Zorn.





