Lo que un día fue un ambicioso proyecto turístico, hoy permanece oculto a unos 17 metros de profundidad frente a la costa de Santa Cruz de La Palma. Se trata del parque temático submarino inspirado en los célebres enanos de la Bajada de la Virgen, del que apenas queda una decena de figuras en pie y que ha permanecido prácticamente inaccesible durante 10 años.
El atleta y apneísta profesional Jesús Crossa, junto a su compañero Andrés Guillén, ha logrado recientemente localizar lo que queda de este museo olvidado tras más de 60 inmersiones. “Sabía que existía, pero no había coordenadas, ni balizas, ni referencias claras. Solo tenía la certeza de que quería encontrarlas”, explica Crossa, que invirtió más de dos horas en rastrear el fondo marino antes de dar con las siluetas. “Fue emocionante. Se nos erizó la piel al verlas”.
El proyecto tiene una larga historia. Concebido en los años 60 como un arrecife artificial con valor simbólico y turístico, no fue hasta 2014 cuando se colocaron las primeras siete figuras de hormigón —cada una de más de metro y medio de altura y 450 kilos— con la idea de representar la popular danza de los enanos, uno de los símbolos más queridos de las Fiestas Lustrales. Más adelante se añadieron otras 24 estatuas, con el objetivo de consolidar un museo submarino que formara parte de las rutas oficiales de buceo de Canarias.
Sin embargo, la iniciativa se paralizó al poco tiempo y, desde entonces, el conjunto quedó abandonado en el lecho marino. El deterioro y la escasa accesibilidad han hecho que muy pocas personas hayan podido visitar el lugar, que hoy en día sigue siendo casi desconocido incluso para los buceadores locales.
Lo que pretendía ser una atracción singular para vecinos y visitantes se ha convertido en un secreto bajo las aguas, solo al alcance de los más perseverantes.
Aprovechando la celebración de la semana grande de las Fiestas Lustrales de la Bajada de la Virgen de las Nieves, Crossa ha querido regresar al lugar para comprobar su estado actual. “Solo puede hacerse si el mar está en calma y el agua clara. Además, no se puede ir solo, y es imprescindible una buena señalización, porque por esa zona transitan habitualmente barcos de pesca que no esperan encontrarse buceadores”, señala.
Para él, esta iniciativa merece una segunda vida. Considera que, con una nueva ubicación, podría convertirse en un recurso cultural y turístico de gran valor tanto para la ciudadanía como para quienes visitan La Palma. Y tiene claro cuál sería el enclave ideal: “Podrían trasladarse al espigón norte de la playa de Santa Cruz de La Palma. Es una zona rocosa, a unos tres metros de profundidad, accesible, protegida de las corrientes y resguardada del viento”.
Las imágenes captadas por Crossa durante sus recientes inmersiones pretenden llamar la atención de las administraciones, con la esperanza de que este proyecto olvidado durante más de diez años sea recuperado y pase a integrarse como parte activa del patrimonio marino y festivo de la isla.





