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Emotivo homenaje en Santa Cruz de Tenerife a los policías víctimas de la barbarie terrorista

Hubo mención especial para el ariquense José Benito Díaz y el capitalino José Francisco Hernández, asesinados en el País Vasco
Juan de Dios Díaz y Francisco Marrero, dos de los homenajeados. Sergio Méndez

Honor para nuestros servidores públicos que pagaron tan alto precio por defender la democracia de la violencia de los autoritarios. Ayer se recordó con un emotivo homenaje a los 188 policías víctimas de atentados terroristas entre 1968 y 2015 en la Comisaría Provincial de la Policía Nacional en Santa Cruz de Tenerife, con la presencia del subdelegado del Gobierno, Javier Plata; el jefe superior de Policía en Canarias, Jesús Gómez Martín, y el comisario principal provincial, Eloy Román López.

De entre los policías nacionales reconocidos, asistió ayer el tinerfeño Juan de Dios Díaz que, junto al también isleño Francisco Javier Marrero, allá por 1980 en Guipúzcoa fueron ametrallados por ETA, sufriendo secuelas físicas de diferente entidad a pesar de que lograron repelar la agresión.

También acudió Francisco Torres, quien estaba destinado en Bilbao en 1981 cuando, al paso de los vehículos oficiales, estalló un artefacto explosivo y fue ametrallado. Resultó herido de gravedad, y todavía sufre secuelas físicas.

Como no podía ser de otra manera, especialmente reconocidos fueron los policías nacionales Javier Benito Díaz, Rafael Valdenebro y José Francisco Hernández, que perdieron su vida por la barbarie terrorista.

Díaz, natural de Porís de Abona, murió en 1978 en Bilbao tras ser ametrallado por etarras cuando iba en un coche patrulla a un hospital. Estaba casado y tenía un hijo pequeño fruto de su matrimonio.

Valdenebro, oriundo de Córdoba, falleció en 1978, como consecuencia de las lesiones que le fueron producidas por el estallido de un artefacto explosivo colocado en una papelera de La Laguna por un atentado del Mpaiac. Dejó mujer y dos hijos.

Y Hernández, natural de Santa Cruz de Tenerife, perdió la vida en 1990 en Vizcaya por un coche bomba puesto por ETA. Estaba casado y tenía dos hijos pequeños.

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