Una turista británica lucha por su vida tras caer por las escaleras de un hotel y golpearse la cabeza, cuando una infección provocada por las picaduras de mosquito le provocó un desmayo.
Emma Hickey y su pareja, Stephen Brougham, se llevaron a sus dos hijos de vacaciones a la zona de Costa Adeje, en el sur de Tenerife, el pasado 13 de junio, para disfrutar de una escapada de 12 días.
Pero dos días antes de finalizar sus vacaciones, la madre se despertó con un “caso muy grave” de picaduras de mosquito, por lo que acudió al hospital y le recetaron unas inyecciones, según ha informado el medio británico Daily Mail.
A pesar de sentirse indispuesta durante los días siguientes, la mujer de 42 años “aguantó las vacaciones” por el bien de su familia, pero el 23 de junio, mientras bajaban las escaleras del hotel camino de una farmacia, comenzó a sentirse mareada y desplomó de cabeza por un escalón de hormigón.
Su marido, de 44 años, afirma que fue “horrible” ver a su mujer convulsionar en los escalones de cemento tras desmayarse, y ser trasladada inmediatamente al hospital. La mujer presentaba una hemorragia cerebral y fracturas en el cuello, por lo que fue sometida a un coma inducido.
Ahora, un amigo de la familia ha creado una página en GoFundMe para ayudarlos mientras esperan en Tenerife a que la señora Hickey se recupere, ya que podría pasar “mucho tiempo” hasta que la mujer británica esté lo suficientemente bien como para volver a casa, en caso de que el seguro de viaje no cubriera los crecientes costes médicos.
El marido aclara: “Hemos venido a pasar unas agradables vacaciones en familia y ha sido una pesadilla. No se ha sentido bien en toda la semana, así que solo podemos suponer que las picaduras de mosquito, la medicación, el calor y el hecho de que intentara aguantar las vacaciones por el bien de los niños, lo causaron”.
Tras revisar su historial médico, esperan que el seguro de viaje le ayude a hacer frente a los crecientes gastos médicos. Por el momento, el ingreso hospitalario supone una factura de 1.400 euros al día, sumado a los gastos del hotel y alimentar a los niños. “Ahora no trabajo porque estoy aquí”, añadía el marido.





