cultura

Patricia Santana muestra hasta finales de agosto ‘Habitar la salina’ en la Sala de Arte Contemporáneo

Conceptos como antropización sostenible, paisaje cultural y territorio atraviesan el sentido profundo del proyecto artístico que se exhibe en Santa Cruz de Tenerife
Patricia Santana expone hasta el 31 de agosto en la SAC. / DA

Habitar la salina, la nueva exposición individual de Patricia Santana, nace desde una premisa clara: observar la naturaleza, especialmente el paisaje de Canarias, y explorarla a través de la pintura. Bajo esa mirada, reúne una serie de obras en las que las salinas son protagonistas, como forma visual y como espacio cargado de sentido estético.

La exposición reflexiona sobre la belleza y la singularidad de este paisaje, moldeado por sus variaciones cromáticas y su organización geométrica. Como señala la artista, “las salinas no se imponen al medio, sino que se adaptan a él, tanto física como funcionalmente”.

Conceptos como paisaje cultural, territorio y la idea de una antropización sostenible atraviesan el sentido profundo de esta exposición.

La muestra puede visitarse hasta el 31 de agosto en la Sala de Arte Contemporáneo (SAC), ubicada en la Casa de la Cultura de Santa Cruz de Tenerife, junto al parque de La Granja, y gestionada por el Gobierno de Canarias.

Habitar la salina está estructurada en tres bloques que representan distintas fases de investigación pictórica: una etapa figurativa, otra casi abstracta y una final inmersiva. Así, la primera parte presenta pinturas de fuerte carácter figurativo, que comienzan a deslizarse hacia lo abstracto mediante fragmentaciones del motivo. Estas obras remiten directamente a la naturaleza fraccionada de las salinas, con una paleta de tonos quebrados y armónicos que aporta una atmósfera delicada. Su autora utiliza técnicas como las reservas y los esgrafiados para generar texturas que dialogan con el propio terreno.

En un segundo apartado, la obra se adentra en una abstracción más pronunciada: se intensifican los colores, se juegan perspectivas, se entrecruzan planos y se experimenta con distintas densidades matéricas. A través de estos recursos, la artista evoca procesos naturales como la sedimentación, el paso del tiempo y la transformación de la materia, fundamentales en la producción de sal.

La última etapa es una invitación a habitar la salina desde dentro: no se trata ya de representar el paisaje, sino de sumergirse en él simbólicamente: nadar en su vida microscópica, observar la bacteria Dunaliella salina y dejarse llevar por su cromatismo vibrante. Las obras de gran formato buscan crear una experiencia inmersiva, casi onírica. Un gesto cargado de lirismo y paradoja: sumergirse en una salina es físicamente imposible, pero esa imposibilidad abre paso a una narrativa sugerente y poética. ‍