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Carmen Fumero: “La danza termina de tomar forma cada vez que alguien la contempla, ya sea una persona, cuatro, cien o mil; siempre debe estar viva”

La bailarina y coreógrafa canaria abre la nueva temporada de artes escénicas del Auditorio de Tenerife los días 6 y 7 de septiembre con el estreno de 'Peces borrosos'
La bailarina y coreógrafa tinerfeña Carmen Fumero. / Fran Pallero

El Auditorio de Tenerife abre la próxima semana su programación de artes escénicas 2025-2026 con Peces borrosos, un espectáculo de danza de la compañía de Carmen Fumero y la taiwanesa Chang Dance Theatre. La coproducción del espacio escénico de la capital tinerfeña y Ritmos del Mundo Asociación, en la que colaboran el Centro Coreográfico Canal, la Compañía Nacional de Danza, el Centro Cultural Eduardo Úrculo y Chang Dance Studio, se podrá ver el sábado y el domingo, 6 y 7 de septiembre (19.30 horas). En pleno proceso de ensayos, DIARIO DE AVISOS conversó con la coreógrafa y bailarina tinerfeña.

-La próxima semana, el sábado y el domingo, estrenan ‘Peces borrosos’ en el Auditorio de Tenerife. Si partimos de que la danza es un lenguaje universal, ¿cómo ha sido, cómo está siendo, este encuentro de su compañía con la taiwanesa Chang Dance Theatre?
“Es fascinante. Unir dos culturas a través del cuerpo, hallar un espacio común mediante el lenguaje físico, a partir del trabajo con la materia de la danza, es una experiencia enriquecedora. Qué mejor que recurrir a ese lenguaje común para hacer confluir perspectivas tan distintas. Aunque hablamos de dos islas, Tenerife y Taiwán, que por ello presentan similitudes, encontramos muchas diferencias en sus culturas, en el olor de las ciudades, en las estéticas, en los colores, en las edificaciones… En nuestro caso, acercarnos a Taiwán despierta muchas emociones a nivel creativo. Es un encuentro entre dos culturas muy diferentes, pero que, al unirlas con el cuerpo y la danza, no lo son tanto. Pese a no hablar el mismo idioma, pese a tener construcciones sociales dispares, compartimos un lenguaje común. El cuerpo lo unifica todo y nos hace encontrarnos, disolvernos, transitar juntos”.

-¿Qué es ‘Peces borrosos’?
“Una pieza de danza contemporánea con música en directo en la que dos islas muy distanciadas se llegan a entender y a unificar hasta encontrar un lenguaje común. Lo borroso; lo diluido; lo que no tiene forma; lo que no se llega a ver, pero se entiende; lo que da la impresión de que carece de orden, pero en el fondo posee una estructura que le da sostén, eso es Peces borrosos. Es una invitación a leer entre líneas, a indagar entre lo que hay en medio de una idea y de otra; entre lo que pienso y lo que digo, o entre que pienso y actúo. Ese impás, ese entre medio de, me interesa mucho como propuesta creativa. Y también de vida, porque te plantea una actitud de observación constante, de estar en alerta, en presencia plena. Creo que Peces borrosos habla de esto. Cuando culturas tan diferentes se intentan unir, hay mucha presencia, mucha escucha, mucha atención todo el rato. Ahí se encuentra, además, la razón de decidir trabajar juntos y, al mismo tiempo, el trasfondo de esta propuesta”.

“Peces borrosos’ es también una invitación a leer entre líneas, a indagar entre lo que hay en medio de una idea y de otra”

-Firma la dirección artística junto a Miguel Zomas. ¿Suele ser similar el punto de partida que da lugar a una nueva obra o las ideas y su desarrollo se conducen de manera muy distinta en cada ocasión?
“Miguel y yo llevamos trabajando 10 años como compañía, al margen de que tengamos por separado nuestras carreras como bailarines. En los proyectos que hemos hecho juntos hasta ahora, hemos seguido la misma guía, pero cada vez de una manera más profunda. La forma de empezar el proceso creativo sigue siendo la misma, pero con más matices, con más madurez. Como punto de partida hay ciertas ideas y ciertos conceptos que nos inspiran y hacen que empecemos a desarrollar algo nuevo. Nos encanta comenzar con el cuerpo. Recurrimos a la improvisación, a una improvisación pactada, guiada, que luego, mediante la repetición, hace que la idea vaya cogiendo estructura, tomando forma, porque nos interesa trabajar con la espontaneidad, con la frescura. De modo que el método utilizado es el mismo que en las anteriores obras, solo que con más profundidad, con más investigación, con más trabajo artesanal”.

-¿Existe margen para que una obra de danza evolucione una vez que ya se ha estrenado?
“Una obra termina de tomar forma cada vez que hay un público que la ve, ya sea una persona, cuatro, cien o mil. Cuando la pieza comienza a rodar, vas descubriendo cosas que dan pie a que sea susceptible de transformarse, a que esto que antes duraba dos minutos, ahora dure cinco, y que aquello que duraba diez, se desarrolle en cuatro. Al empezar a mostrar ese trabajo, va cambiando. Por sí solo o porque lo sientes así. En la danza, a lo mejor bailas hoy una pieza y no vuelves a hacerlo hasta dentro de tres meses. Y el cuerpo no está igual. Esa actualización del cuerpo, pero también de tu estado emocional, es una bendición: cada vez que expones de nuevo una obra, la llevas a tu presente. Ya solo por eso, las piezas están en continua transformación. Una cosa que hacemos en la compañía es mantener el trabajo vivo. Entonces, ya sea la semana que viene o dentro de seis meses, esa voluntad de que la obra permanezca viva te hace encontrar nuevos matices”.

-Su compañía cumple 10 años. ¿Recuerda el momento en el que decidió emprender esta aventura y cuáles fueron las principales motivaciones?
“El proceso se fue dando solo, pero siempre tuve la inquietud creativa. Comencé a trabajar como profesional a los 17 años, en la compañía de Ana Beatriz Alonso. Ella me animó a crear cosas y yo tenía la inquietud de descubrir cuál era mi manera de hacerlo. Crear surge también como necesidad. Si el trabajo como intérprete para otras compañías disminuye, sientes que debes seguir en la rueda, explorando, investigando y creciendo. Una de las formas de lograrlo es crear tus propios proyectos. Así que hay veces que prima la inquietud y en otras es la necesidad de continuar avanzando en el circuito artístico de la danza. Me gusta esa sensación de estar siempre generando”.

“Si el suelo de las artes escénicas fuese más estable, si lograse más apoyos, el mucho talento que hay en España se multiplicaría”

-Como bailarina, ¿cuál es la principal diferencia entre un proyecto propio y asumir uno que le llega desde el exterior?
“Si te implicas en un proyecto solo como intérprete, tu cabeza se centra únicamente en lo que tienes que hacer, en lo que un director o una directora te pide, y te pones al servicio de esas ideas que están presentes en la obra. En casos como Peces borrosos, cuando asumo también el rol de coreógrafa, el esquema mental cambia, porque también aportas ideas para que los demás las hagan suyas. Es como que tu cabeza está dentro y fuera al mismo tiempo. Dentro, pues debes experimentar esas ideas, y fuera, porque debes contemplar el paisaje, todo lo que se va creando, y tomar decisiones coreográficas y relativas a la logística de la producción”.

-Y como coreógrafa y como autora, ¿qué cuestiones le interesa abordar? ¿Cuáles diría que son las constantes, las inquietudes que siempre suelen estar presentes en su trabajo?
“La pura investigación del movimiento, sus cualidades y la propia presencia en escena, las texturas, al margen de lo que queramos plasmar, es una constante en todo mi trabajo. Y luego hay algo innato que tiene que ver con cómo veo el mundo, con el campo emocional y con el ámbito de las ideas. Las obras se construyen desde ahí. Al final, uso todo lo que soy y todo lo que aprendo. Ese bagaje, esas experiencias que voy acumulando, se plasma siempre en cada proyecto. A veces de manera más diluida, más inconsciente, y en otras, de una forma muy concreta. A menudo no sé cómo aparece, pero esa semilla siempre está ahí, germinando”.

“Crear unas veces parte de una inquietud y otras de la necesidad de avanzar; me gusta la sensación de estar siempre generando”

-‘Peces borrosos’ es una producción del Auditorio de Tenerife y Ritmos del Mundo Asociación en la que participan otras entidades. De forma general, ¿existe suficiente implicación en España a la hora de plasmar proyectos de estas características?
“Creo que hay poca implicación. Casos como el que se está dando ahora, una coproducción entre el Auditorio de Tenerife y Ritmos del Mundo Asociación, que te brindan un recurso tan potente, con unas bases muy sólidas, para poder construir un proyecto como Peces borrosos, no resulta tan habitual. Existen, claro que sí, pero para la cantidad de talento que tenemos en España es algo que sucede pocas veces. Tenemos creadores y creadoras maravillosos: me estalla la cabeza cada vez que veo los trabajos que hacen otras compañeras y otros compañeros. Si el suelo de las artes escénicas fuera más estable, si contase con más apoyos, ese talento se multiplicaría”.

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