Por Juanma Palerm. Estimado Fernando, permíteme que me enrede en una de las aportaciones que nos brindaste a lo largo de los años en tu frenética actividad entre la Poesía y las reglas jurídicas en la condición Urbana del habitar. Esta simbiosis entre urbanismo, gestión del territorio y Poesía que has trabajado técnica y humanamente, expresa la inquietante preocupación compartida, sobre la relación necesaria que se debe instaurar entre ambas y supone reconocer a la poesía como uno de los necesarios mecanismos en los procesos de la creación en la Ciudad, a través de la Arquitectura, el Urbanismo y de la gestión del territorio. La actualidad de estas disciplinas del fenómeno urbano y territorial, desgraciadamente se miden por parámetros muy alejados de sus principios fundacionales (teóricos y prácticos) y de los instrumentos que lo fusionan incluso con otras disciplinas, derivando en un ámbito disciplinar e intelectual de incertidumbre sin un necesario sustrato común.
Debemos reconocer la incapacidad instrumental de esta relación entre Poesía y Urbanismo en su aplicación, parece que todo debe estar legislado y normado, rígido e inflexible hasta el “cantar de los pájaros”. Con ello, el descorazonador sufrimiento de los que trabajamos en estas disciplinas por las excesivas contradicciones e intolerancias, engaños, des-informaciones y confusión entre muchos agentes e instituciones, técnicos y ciudadanos, que participan o han sido espectadores activos o pasivos del urbanismo y de la gestión del territorio en Canarias.
Esta situación se evidencia de forma singular en algunas ciudades del panorama Español adquiriendo una especial virulencia en el archipiélago dadas sus características geológicas, biológicas, arquitectónicas, sociales y económicas de su territorio.
Esta constatación no debe impedir, reconociendo su complejidad, ser crítico con la gestión y organización del territorio en Canarias; Critica fundamentada por la carencia de una reflexión y pensamiento especifico, cargada y contaminada de instrumentos fragmentados, amparados sesgadamente en una legalidad técnico-jurídica y de una encrucijada dialéctica en lenguaje técnico-político sobre identidad, participación ciudadana, sostenibilidad, ambiente y medios económicos, olvidando e incluso desconsiderando la cualidad formal (ética-estética) de la condición urbana y la imprescindible razón poética del habitar.
Esta situación penosa y falsa, ha encapsulado y secuestrado a la arquitectura, a la ciencia urbana y territorial y a los ciudadanos al ostracismo e indefensión. La razón poética, en esta situación queda tristemente relegada al ámbito estrictamente personal, íntimo y privado.
En este sentido parece imprescindible, como bien argumentabas tanto en tus disertaciones como en tus textos, incluso poéticos, no confundir los objetivos finales del Urbanismo en su vocación formal y en estricta vinculación con la Arquitectura, en resolver el hábitat y el espacio de la convivencia de los ciudadanos, la ciudad y su sentido público, con los instrumentos para su ejecución, el proceso para su desarrollo y los medios para desarrollarlo.
Ello conlleva situar en primer plano las razones poéticas de la reflexión sobre el espacio donde vivimos, lo que vemos y sentimos y las relaciones humanas que conlleva la dimensión publica de los ciudadanos y a partir de ello precisar los instrumentos para llevarlo a cabo.
En la actualidad cada uno de estos agentes funcionan independientemente. Son compartimentos estancos, sin capacidad de garantizar mínimamente la cualidad y calidad final del habitar y de su arquitectura, amparada en la mayoría de los casos en principios y soluciones de ensamblaje y copia de otros contextos y apariencias formales sin una entidad cultural verificada. Existe un divorcio entre el suelo y la cualidad de las acciones u objetos que se ejecutan sobre el mismo. En estas situaciones el territorio/suelo se convierte en mera mercancía a “ordeñar” convirtiendo la Arquitectura y el Urbanismo en espacio de conflicto.
Espacio solo valorado por la obligada licencia urbanística o certificación administrativa de conveniencia en el deseo de obtener el informe aceptado con el sello correspondiente de su tramitación más allá de la hipotética cualidad atribuida a la arquitectura como función social, ética y estética e incluso sobre la seguridad y responsabilidad estructural de lo construido. Confianza en suponer que esta tramitación conlleva implícita su cualidad y razón de ser.
Lamentablemente esto ya no es así, falta y se carece de formación y voluntad social de dar respuesta a nuestro tiempo, se han transformado el gusto mediático y personal en una aspiración individual que determina la diferencia de exclusividad como un nuevo logro y reivindicación del lujo, único, el de cada uno, pero al alcance de todos, pero por muy cutre y de pésimo gusto que sea.
Sin la razón estética la Poesía queda desamparada. En tu poesía sobre el “Guerrero” (escultura de H Moore en la Rambla), expresas esta razón estética que transforma una obra de autor en un deseo común a través de tu pesia. Esperemos que los ciudadanos y los políticos soliciten e impulsen la necesidad imprescindible de ofrecer más y mejores razones estéticas y cultivemos un poco más la poesía, verdadero artífice para rendir soportable y más bello el Espacio de la convivencia de las personas.

