El estudio de los investigadores sobre la incidencia de la erupción del volcán de Cumbre Vieja en la salud de la población de la Isla tiene una gran importancia científica dado que ha sido un evento de gran magnitud en una isla muy poblada que ha tenido una distancia al volcán frecuentemente corta, porque lo usual en otros territorios es que la erupción apenas llegue ni afecte a núcleos habitados.
“Evidentemente el volcán de La Palma no es solamente el momento en que entró en erupción y los 85 días que estuvo arrojando contaminantes a la atmósfera, sino que también están los gases que sigue emanando y todo ese material particulado que ha depositado en los suelos de la Isla, elementos inorgánicos algunos catalogados como contaminantes persistentes, y que con el viento, la lluvia, los movimientos de terrenos que se están realizando en las diferentes obras o terrenos de labranza va volviendo a la atmósfera o va penetrando en el subsuelo, llega hasta acuíferos naturales, etcétera, y que pueden llegar a la población al respirar o al consumir agua o alimentos”, reconoció la Epidemióloga María del Cristo Rodríguez.
Además de la toma de muestras, el laboratorio de toxicología clínica de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, está realizando un análisis toxicológico a la sangre de los participantes para determinar “cuáles son los niveles de los 43 elementos que detectamos, muchos de ellos son metales pesados, porque éstos elementos normalmente no se metabolizan ni se eliminan, sino se depositan. Su afección en la salud humana es una incógnita “todo dependerá de su biodisponibilidad y según su vida media, permanecerán depositados o terminarán por desaparecer o transformarse”.
Un laboratorio en Francia colabora con cultivos in vitro para ver qué daño causan a las células epiteliales, sobre células renales o sobre células pulmonares. “El problema es que estos elementos se depositan en órganos, el sistema endocrino, el sistema nervioso central, en el riñón… Su seguimiento en los próximos 10 años nos puede dar la clave de cómo afectarán a la salud de la población”.
Por otro lado, especialistas en Neumología de La Candelaria empezarán a trabajar para “asociar los resultados de las pruebas de función pulmonar en el momento de la erupción y observar si hay cambios cuando realicemos el seguimiento”.
Umbrales de alerta por el volcán de La Palma
Otro gran problema al que se enfrentan los investigadores es que “los que nos dedicamos al estudio de estos tóxicos no hay rangos claros, para determinar el daño en la salud. No hay, como por ejemplo, en el caso del colesterol, la glucosa o otros biomarcadores, que sabemos que por encima de un rango estamos en un nivel alto y peligroso para la salud”.
“Si en los próximos estudios esos niveles continúan o aumentan en sangre pensaremos que probablemente siga teniendo demasiada exposición y tras comprobar los cuestionarios podremos conocer cómo es su alimentación, de dónde y cuál es el agua que consume, etc., para intentar encontrar dónde está la fuente de exposición. Si la medida desciende o cuando el elemento se metabolice, evidentemente pensaremos que fue fruto de la exposición inicial a la erupción. Por tanto, tenemos que ser muy cautos a la hora de comunicar y no preocupar sin fundamento a la población al comprobar un elevado rango de tóxicos o elementos inorgánicos, y hasta no tener un gráfico evolutivo de esos niveles y una evidencia científica clara”, resaltó Rodríguez.







