El aumento de la prevalencia de los problemas de salud mental infanto-juvenil trasciende de lo que es una cuestión médica para convertirse en una preocupación social.
El importante incremento en la prevalencia de trastornos mentales, del comportamiento y emocionales en los niños y adolescentes se deben a múltiples factores y variables que se interaccionan y potencian entre sí, y que tras la pandemia se ha triplicado y cuadriplicado la prevalencia por la limitación de la socialización de los menores y la sobre utilización de pantallas y de las redes sociales, con una deficiente regulación a nivel internacional.
El aumento de esos trastornos emocionales ha cogido de improviso a los gestores sanitarios que han tardado en responder con recursos, unidades, servicios y personal especializado. Hay la enorme demanda para recibir atención, con una lista de espera y demora alta tanto en la sanidad pública (más de siete meses para una primera cita) y en las consultas privadas (superan los tres meses).
Reconocen que están “desbordados” y el problema principal “es que no hay capacidad suficiente para formar especialistas en salud mental infanto-juvenil a mayor velocidad”, lamentó Pedro Rodríguez Hernández, pediatra especialista en psiquiatría Infantil del Hospital de Día Infantil y Juvenil Doctor Guigou, y codirector del libro Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia; y otros sobre autolesiones y conducta suicida.
-Con 30 años de experiencia, ¿esperaba un repunte tan importante de esta problemática?
“Antes de la pandemia, ya habíamos detectado un incremento progresivo de las prevalencias de los trastornos mentales en niños y adolescentes. Sin embargo, después de la pandemia hubo un incremento muy grande de trastornos mentales, del comportamiento y, sobre todo, emocionales en niños y adolescentes con unas tasas de prevalencia que se han triplicado o cuadriplicado en algunos trastornos, sobre todo ansiedad, depresión, trastorno de comportamiento alimentario, trastornos del sueño, autolesiones, ideación e intentos de suicidio y consumados. Muchos compañeros estamos asustados y preocupados porque nos desbordan en las consultas. La mayoría de los estudios postpandemia indican que el 30% de niños y adolescentes hasta 18 años podría desarrollar un trastorno mental”.
-Han comprobado que no hay una única causa que haya originado este alarmante aumento
“Cierto, el análisis de las variables es complejo porque son 10 o 12 e interaccionan y se potencian entre sí. Las causas son múltiples e intervienen factores como el empeoramiento de las pautas de crianza de los hijos limitada por las dificultades de conciliación y el menor soporte y vinculación familiar en esa crianza; también hay factores genéticos muy importantes, cada vez tenemos hijos a una mayor edad y eso se resiente en la carga y en la calidad genética, también cuantos más mayores son los padres menos energía tienen para criar y jugar con sus hijos; hay un al aumento de la prematuridad de los bebés (el 10% de los nacimientos son prematuros) y la supervivencia de los bebés se ha disparado y esos factores inciden mucho en el neurodesarrollo, hablamos de determinadas enfermedades como las meningitis neonatales, síndromes metabólicos, determinadas metabolopatias que antes no habían tantas condiciones para que tuviesen una supervivencia larga. También influyen los factores socio-económicos de la familia, como son las dificultades que puede tener para llegar a fin de mes, pagar la hipoteca o el alquiler, o si está algún padre en desempleo. Hay que tener cuidado con las noticias que transmitimos a los hijos en un cerebro en desarrollo”.

-¿Entonces factores como la crianza, la poca socialización y el abuso de redes sociales están detrás?
“La dedicación a la crianza de los hijos cada vez está más limitada por los requerimientos y las dificultades de conciliación laboral y cada vez hay menos soporte familiar, ya los abuelos o tíos hacen la vida por su lado. Hemos pasado de que a los niños los cría la tribu (la familia), a que ahora los cría la llave que lleva colgada en el cuello porque llega a casa a las 14.00 horas, come y permanece solo hasta las 20.00 horas, cuando llegan los padres. Hay mucho tiempo que dedica a ver la televisión o horas interminables de videojuegos, o la sobreutilización de pantallas, internet y las redes sociales. El uso de pantallas y dispositivos se sabe que interfiere en el neurodesarrollo. Tenemos que tomar medidas preventivas ante la sobreexposición, que ahora mismo no están claras, y muchos de los planes que las sociedades científicas de psiquiatría infantil y de pediatría estamos intentando implementar tienen que ver con cómo regulamos la sobreutilización de pantallas y la utilización de las redes sociales. Durante el confinamiento de la pandemia y los meses siguientes se limitó la socialización, que es muy grave para el neurodesarrollo, al ser un factor muy importante de protección y es lo que más aporta felicidad al ser humano. También se ha producido un estrés postraumático, que en niños y adolescentes puede sobrevenir años después”.
-¿Le preocupa el aumento de la violencia y los suicidios en la infancia y juventud?
“A través de las redes sociales comienzan a aparecer en mayor medida todo tipo de formas de acoso y conductas como son las autolesiones y los intentos de suicidio. Tenemos estudios que nos indican que hasta el 25% de los adolescentes se autolesionan en algún momento de su desarrollo. Son conductas que se contagian y se potencian a través de las redes sociales. También ha aumentado la ideación autolítica, como expresión del incremento de los trastornos emocionales, la depresión y la ansiedad. Es más vulnerable un niño que llega a la casa y permanece solo toda la tarde, que puede tener problemas con los compañeros de su clase o de su colegio o a través de las redes sociales, y que ve e intenta repetir patrones de autolesión, empieza a tener ansiedad, sintomatología depresiva o se quiere suicidar porque en su instituto ya otro se suicidó”.
-¿Llegan a la consulta menores por consumo de tóxicos y trastornos mentales?
“También, han seguido aumentando, pero ahora quizás está un poquito más estable pues dentro de la gravedad que supone el elevado consumo sobre todo de alcohol y de cannabis en la adolescencia, sobre todo a los pediatras nos preocupan todos esos tóxicos emergentes, por ejemplo, el vaper que ha aumentado su consumo y que realmente todavía no tenemos datos sobre la gravedad de la toxicidad que produce, porque muchas veces va más rápido que la capacidad y posibilidad de investigar cómo esa sustancia actúa sobre el organismo”.
-También hay una alta prevalencia de trastornos alimentarios
“Nos preocupa muchísimo esos trastornos del comportamiento alimentario, el aumento de la anorexia y la bulimia nerviosas, los trastornos por atracón, el seguimiento de dietas, la restricción de alimentos y los ayunos influenciados por las redes sociales, muchos más en niñas, pero también cada vez más en niños. Además, hay que valorar los altos índices de la obesidad en la población infanto-juvenil como un síntoma a veces de la ansiedad que puede llevar a comer en exceso alimentos poco saludables”.
-¿Cómo ha sido la respuesta de las administraciones sanitarias ante esos incrementos?
“Se ha mejorado, hace 21 años cuando comenzamos, en esta provincia habían dos psiquiatras infanto-juveniles, ahora somos 10 y la previsión a corto plazo es que aumente, a medida que vayamos aumentando dispositivos de intervención. Por ejemplo, está pendiente y en desarrollo Hospitalización domiciliaria y está pendiente de desarrollo un Centro de media estancia para trastornos psiquiátricos infanto-juveniles. Hay que destacar que ya tenemos la especialidad de psiquiatría infanto-juvenil y el primer residente de esta especialidad propia en la provincia, vinculado al Hospital Universitario de Canarias (HUC). Es el tercer año que hay residentes en España, en el primer año habían 18 plazas, en el segundo 40, y este año ya hay 48 para toda España y lo lógico es que cada año vayan aumentando. Pero todavía falta mucho, sobre todo porque la psicoterapia juvenil no solamente es el psiquiatra infanto-juvenil, también es el psicólogo, el profesor, el pedagogo, también intervienen servicios sociales, etc., entonces, muchas veces estamos tan desbordados que tenemos poco tiempo para coordinarnos. Un aspecto fundamental es el pediatra o el médico de familia de Atención Primaria porque son la puerta de entrada, tenemos que estar bien coordinados y que ellos tengan una buena formación para la detección precoz, porque cuanto antes se detecten estos trastornos va a ser más probable que la intervención sea efectiva. También es fundamental la implicación de los docentes y los colegios”.
-Muchos padres denuncian siete meses o más de espera para la primera cita. ¿Cómo se puede mejorar la atención?
“Poco a poco se van incorporando más dispositivos y más personal. Si sumamos todos los profesionales que ahora mismo trabajamos en salud mental infanto-juvenil dentro del Servicio Canario de Salud en la provincia de Santa Cruz de Tenerife podríamos hablar de unos 80 profesionales. Nosotros en el Hospital de Día Infantil y Juvenil Doctor Guigou somos unos 20, después hay en unidades en La Orotava, el HUC; Arona-Adeje, Santa Cruz Tenerife y en La Palma, así como una Unidad de Internamiento en el HUC. En salud mental hay que incluir también a auxiliares de enfermería, enfermera clínica, trabajadoras sociales, terapeutas ocupacionales, psicomotricistas, psicólogas clínicas, psiquiatras clínicos, administrativos, celadores, etc. Entonces, si hace 20 años éramos cuatro y ahora rondamos los 80, se ha aumentado muchísimo, pero es tan grande la demanda que estamos desbordados y no damos para atender a todos, porque con la pandemia se retrasaron algunos tratamientos, y posteriormente se han hasta cuadriplicado los casos, así las listas de espera son grandes y a medida que crecen los recursos, también se requiere una capacidad de organización y planificación grande. Es cierto que hay espera pero el problema es que está todo desbordado, tanto en la atención pública como en las consultas privadas. El problema principal es que no hay capacidad suficiente para formar especialistas a más velocidad. Este boom de casos ha cogido un poco a los gestores de improviso”.
-¿Cuántos pacientes atienden en el Doctor Guigou?
“En el Hospital de día atendemos aproximadamente a unos 75 niños y adolescentes cada semana que vienen de toda la provincia. Hay unos que vienen una hora, otros varios días, y otro todos los días cinco horas. Mientras ellos están trabajando y haciendo actividades en grupo con la psicomotricista, la terapeuta ocupacional o la enfermera especialista en salud mental, el psiquiatra y el psicólogo vamos interviniendo y los sacamos del grupo, con algunos estamos 10 minutos, con otros dos horas…, y después también hay que atender y trabajar con la familia. Yo hago más trastornos del neurodesarrollo, dificultades de aprendizaje, TDH, autismo, problemas de comportamiento… Es importante trabajar con la familia, al igual que en el colegio porque los niños están la mitad del tiempo en clase. Cuando trabajas con la mente plástica en desarrollo de los niños y adolescentes, tienes que hacerlo con todo el entorno”.
-¿La creación de la dirección general específica es positiva?
“Todo lo que sea ayudar en la planificación y organización es importantísimo, sobre todo porque los trastornos de salud mental están creciendo y es una de las áreas prioritarias en cuanto a nuevos recursos. Tienes que tener una estructura y personas que puedan desarrollar los programas, conseguir fondos, analizar datos y viendo qué recursos faltan en cada sitio. Además ahora mismo necesitamos un Plan Nacional de Prevención del Suicidio y otro de Regulación de las nuevas tecnologías”.







