tribuna

Bloqueo al Puerto de Tenerife: El sinsentido del Dique Sur y el ataque a la independencia económica

El Dique Sur del Puerto de Santa Cruz de Tenerife es, sin duda, uno de los activos portuarios más valiosos del Archipiélago. Una infraestructura capaz de recibir buques de más de 300 metros de eslora y calados superiores a 12 metros, y que, entre su dique exterior y el muelle de ribera, puede albergar hasta cinco cruceros a la vez. Es una joya técnica y estratégica.

El problema no es la capacidad. El problema es el uso político que se está haciendo de ella.

La Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife mantiene bloqueado todo el Dique Sur para el tráfico de cruceros, priorizándolo sobre cualquier otro tipo de actividad industrial o logística y lo hace, aunque los propios datos oficiales de la temporada de cruceros, de octubre a abril ya que el resto de año las escalas de cruceros son prácticamente nulas, demuestran que esa decisión carece de toda lógica.

Solo 6 días al año coinciden cinco cruceros en el puerto y apenas 32 días adicionales coinciden cuatro cruceros. En total, 38 días de alta ocupación en toda una temporada.

El resto del año, más de 300 días, el Dique Sur permanece vacío o infrautilizado, mientras se expulsa o se sanciona a quienes generan empleo real y valor añadido.

La pregunta es obvia:

¿Por qué se reserva una infraestructura crítica de casi 700 metros de atraque y gran calado para un uso tan marginal? ¿A quién beneficia de verdad esta estrategia?

El pasado sábado 18, por ejemplo, el barco perforador Scirocco 360 fue obligado a cambiar de atraque bajo amenaza de una sanción de 584.343 euros por día si no abandonaba el muelle antes del 21 de octubre. Todo ello, pese a que no será hasta el 9 de noviembre cuando, por primera vez, coincidan cinco cruceros en la dársena.

Esto no es una simple mala planificación. Esto es una forma de castigo y control sobre el tejido productivo que no depende de las subvenciones ni de los favores.

Porque el puerto, con toda la dureza de sus profesiones, es uno de los pocos espacios de la economía canaria donde se generan salarios altísimos, empleos estables y profesionales independientes y eso molesta.

Molesta porque el puerto no se puede comprar con migajas ni con promesas de contratos menores. Molesta porque en el puerto no se reparte “ayuda”, sino que se reparte trabajo, conocimiento y riqueza real.

Durante años hemos visto cómo se favorecen intereses prebendarios que viven de la dependencia, mientras se asfixia a quienes producen valor genuino. El puerto se ha convertido en un campo de batalla ideológico, donde se castiga a los que prosperan sin pedir permiso y se premia a los que saben esperar su parte del reparto.

No se trata de estar en contra del turismo de cruceros. Se trata de gestionar con eficiencia. Si se limitaran a tres los atraques destinados exclusivamente a cruceros, solo se perderían 38 escalas en toda la temporada, y se liberaría espacio para actividades industriales y marítimas que sí sostienen la economía los 365 días del año.

¿Por qué no desplazar esas 38 escalas a los puertos de las islas menores que tantísima necesidad tienen de un impulso turístico?

Canarias tiene el talento, la energía y la posición geoestratégica para liderar la economía azul del Atlántico, pero mientras sigamos encadenando el desarrollo a decisiones políticas sin sentido y a favores cruzados, seguiremos varados en el muelle, viendo pasar las oportunidades.

El puerto no necesita favores: necesita libertad y la libertad económica solo nace cuando el trabajo se impone sobre la prebenda.

CEO de Tenerife Shipyards

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