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El bar más antiguo de Tenerife sigue abierto tras 120 años: así es por dentro

Su legado le ha valido la Medalla de Oro de la Isla, otorgada por el Cabildo a los negocios con más de un siglo de actividad ininterrumpida
El bar más antiguo de Tenerife sigue abierto tras 120 años: así es por dentro

El bar más antiguo de Tenerife sigue funcionando como el primer día. En tiempos donde los negocios cambian de manos o desaparecen con rapidez, Chucho–Casa Emiliano, en La Orotava, se mantiene como un símbolo de la tradición canaria. Un local cargado de anécdotas, recuerdos y ese sabor auténtico que ya solo conservan unos pocos establecimientos del Archipiélago.

Fundado en 1899 —aunque algunos vecinos aseguran que abrió incluso antes—, este bar ha sobrevivido a dos guerras mundiales, el nacimiento y caída de la II República, la Guerra Civil, casi cuarenta años de franquismo y la llegada de la democracia. Nunca cerró sus puertas, ni durante la gripe de 1918 ni con la pandemia de la COVID-19, un hecho que refuerza su condición de lugar histórico.

Un patrimonio vivo reconocido en toda la Isla

Su legado le ha valido la Medalla de Oro de la Isla, otorgada por el Cabildo a los negocios con más de un siglo de actividad ininterrumpida. También el Ayuntamiento de La Orotava le ha dedicado un homenaje especial. Ambos reconocimientos están expuestos en las paredes del bar, que se ubica en la zona de la Cruz del Teide, un antiguo cruce de caminos donde antaño había fábricas de mármol, bloques, piedra pómez y el matadero municipal.

Cuatro generaciones sosteniendo la historia

El negocio nació gracias a Domingo González González, bisabuelo del actual propietario, Jesús González Domínguez, conocido por todos como Chucho. Domingo abrió una pequeña bodega de vino y “chochos” en un punto estratégico: la carretera que comunicaba el casco con La Perdoma.


Después tomó el relevo su hijo Hermenegildo, y posteriormente su nieto Modesto, llamado Emiliano, nombre que también quedó ligado para siempre al local. Junto a su esposa Milagros, ampliaron la oferta con una tienda de comestibles que se convirtió en referencia del barrio.

En 1977, Chucho asumió el mando. Desde entonces ha mantenido intacta la esencia del bar, aunque incorporando mejoras puntuales y una terraza exterior, hoy fundamental para su éxito.

El punto de encuentro del barrio durante más de un siglo

El bar siempre fue lugar de reunión. Allí se jugaba al dominó, al futbolín, al billar y, sobre todo, al tradicional pericón, un juego muy arraigado en La Orotava. Chucho recuerda que en esas mesas se formaron algunos de los mejores jugadores de la zona.
Incluso en 1995, el local se convirtió de forma improvisada en colegio electoral, después de que el espacio previsto inicialmente quedara inutilizado a última hora.

Reinventarse para seguir vivo

Durante la pandemia, el Ayuntamiento permitió de forma temporal la instalación de una terraza. La acogida fue tan buena que terminó convirtiéndose en fija. Gracias a ella, el bar abrió una nueva etapa con más clientela, especialmente por las mañanas, gracias a sus bocadillos de tortilla, ya un clásico para quienes madrugan por la zona.

Con más de 120 años de historia, Chucho–Casa Emiliano es mucho más que un bar: es un pedazo de la identidad de La Orotava. Y aunque su propietario no desvela planes concretos, admite que algún familiar podría continuar la tradición. Si así ocurre, este emblemático rincón aún tiene siglos por delante.