Ayer se cumplieron 55 años del triple parricidio de una familia alemana en Santa Cruz de Tenerife que conmocionó a todo el país y que ocupó las portadas de periódicos españoles y germanos.
Frank Alexander, de 16 años, descuartizó a su madre tras ver en ella los “ojos del diablo” y después mató y mutiló a sus dos hermanas, mientras su padre, Harald, tocaba el piano.
El tribunal que les juzgó contempló la eximente de enajenación mental y ambos acabaron ingresados en un psiquiátrico penitenciario de Madrid.





