cultura

Lluís Miñarro: “Crear una película lo asumo como una responsabilidad hacia los demás; lo que hacemos queda en el ambiente: lo bueno y lo malo”

El director, guionista y productor estrena el día 19 'Emergency exit', un largometraje, rodado en parte en Tenerife y La Gomera, que supuso el adiós a la gran pantalla de Marisa Paredes
El cineasta catalán Lluís Miñarro. / Óscar Orengo

El cineasta Lluís Miñarro (Barcelona, 1949) preestrenó este jueves en los Multicines Tenerife de La Laguna, de la mano de la Asociación Cultural Charlas de Cine, su película Emergency exit, que llega a la cartelera el 19 de diciembre. El largometraje, protagonizado por Marisa Paredes -de la que este mes se cumple un año de su fallecimiento-, Emma Suárez, Oriol Pla, Albert Pla y Francesc Orella, se rodó en parte en Tenerife y La Gomera, para lo que contó con la productora canaria El Viaje Films.

El director, guionista y productor catalán, que define Emergency exit como un cuento que toca temas serios de forma traviesa, aborda en esta charla con DIARIO DE AVISOS las distintas vertientes desde las que contempla el arte con el que lleva comprometido desde su juventud.

-Ha preestrenado en la Isla ‘Emergency exit’, que es descrita como una ‘road movie’ coral. ¿Cómo la presentaría usted?
“Es una fantasía. Un cuento en el que se habla de cosas serias de forma entretenida, traviesa. No es una comida de coco. A Emergency exit la veo como un puzle, como un juego, como un artefacto, un objeto artístico que espero que conecte con el espectador porque creo que le ofrece una variedad de lecturas. Se abordan temas trascendentes, a la vez que hay diversión”.

-La película se rodó en Tenerife, La Gomera y Cataluña. ¿Qué aportan estos escenarios a la construcción del film?
“Rodar en Canarias era muy importante para mí porque tiene un paisaje de fantasía. El Garajonay posee un punto de realismo mágico que era la atmósfera que buscaba. Por eso la rodamos en Tenerife y La Gomera, con el asesoramiento que nos brindó la productora canaria El Viaje Films. También fue fundamental para las retroproyecciones en las ventanas de la guagua de Emergency exit. Pero hay otros anclajes, como el silbo gomero o el hermanar dos volcanes que amo: el Teide y el Fujiyama, en Japón. O sea, que introduje unas licencias para asociar el film al Archipiélago. Es más, si nos fijamos en los títulos de crédito, vemos que está dedicado a la memoria de Marisa Paredes y a Valle Gran Rey. Siento gran afinidad por Valle Gran Rey. La parte que se rodó en Cataluña responde, sobre todo, a la practicidad. Filmar con una guagua en las carreteras de las Islas, con los cortes de tráfico que eso hubiera implicado, habría sido complejo. Así que opté por esta estética de los años 70 al poner la guagua en un plató y hacer las retroproyecciones en las ventanas, lo que a su vez facilitó el trabajo con los actores, la creación de las atmósferas, el uso del vestuario y el resto de elementos de un rodaje”.

“El paisaje de Canarias posee un punto de realismo mágico que justo era la atmósfera que buscaba para ‘Emergency exit”

-Este fue el último film de Marisa Paredes (1946-2024). ¿Cómo era trabajar con ella?
“Aparte de ser una gran profesional y una actriz muy glamurosa, la mayor experiencia, y eso es algo que me emociona, es la amistad que creamos. Aunque yo ya la conocía de antes, a través de los ensayos, de sus viajes a Barcelona y del rodaje en sí, además de que coincidíamos ideológicamente en varios aspectos, forjamos una amistad muy bonita. Entonces, claro, fue duro experimentar de forma abrupta que todo eso se rompiera. Sin embargo, soy consciente de aquí cada uno está lo que debe estar. Venir a este planeta es una experiencia, es una escuela, y un día nos vamos. No hay que dramatizar demasiado: es ley de vida y de muerte. Creo que las cosas están muy bien diseñadas: estamos en un mundo que gira, se hace de día y de noche… La muerte no tiene por qué ser algo oscuro y dañino”.

‘Emergency exit’ fue la última película que rodó la actriz española Marisa Paredes. / DA

-Además de director y guionista, cuenta con una amplia trayectoria como productor. ¿Resulta hoy más sencillo o más complejo levantar un proyecto cinematográfico con respecto a cuando usted comenzó?
“Más difícil. Se supone que, después de casi 40 años trabajando en esto y de 40 películas, entre producidas y coproducidas, debería contar con cierta facilidad para abordar los proyectos, pero no es así. Y lo que me pasa a mí le pasa a todo el mundo: cada vez es como empezar de nuevo. Tienes que conseguir recursos económicos, convencer a una televisión para que invierta en tu proyecto, ponerlo en marcha, posproducirlo y, lo más difícil, que llegue al público, que se pueda ver en las salas de cine y tenga un circuito de exhibición acertado. Con este tipo de películas de autor, independientes, lo más complicado es que lleguen al público al que deben llegar. Porque hay público para todo y ha de haber contenidos específicos para todos los gustos. Eso es parte de la riqueza cultural. Igual que hay un cine comercial, hegemónico, el que predomina en el 90%, también debe existir un cine autoral, con propuestas de otras características. Pero, a mi juicio, cada vez se respeta menos eso, porque, entre otras cosas, los hábitos del espectador han cambiado a partir de la pandemia. En el sentido de que se consume más contenido audiovisual en casa, la gente se moviliza menos, está en auge el formato de las plataformas, de las series… Ahora cuesta más que estas películas de autor circulen por los festivales, o circulan menos. Los festivales se han comercializado más y hay ciertos contenidos que ya no exhiben. Y aunque todo es más complejo, también puede cambiar en cualquier momento. No hay que alarmarse ni tirar la toalla, sino continuar trabajando: hay que mantener la resiliencia”.

“Aparte de ser una gran actriz llena de glamur, mi mayor experiencia con Marisa Paredes fue la amistad que creamos juntos”

-La lista de directores con los que ha trabajado es extensa y abarca diferentes formas de acercarse al hecho cinematográfico. ¿Pero existe algún elemento común, alguna constante que le haga a usted decidirse a implicarse en sus proyectos?
“La sinceridad, la verdad del proyecto de ese realizador y su grado de implicación. Cuando veo que un proyecto nace por arrogancia, por el deseo de alcanzar la fama, lo descarto. Cuando se busca un público amplio, también lo excluyo. No puede primar el hipotético resultado sobre la calidad ni la sinceridad. Y otra cosa que tengo muy en cuenta son los referentes cinematográficos y culturales. Se trata de conocer al individuo para comprobar si hay sintonía. Un proyecto cinematográfico te lleva mínimo tres años, por lo que, cuando te embarcas junto a alguien, ha de ser una persona en la que puedas confiar, que te aporte cosas y tú a ella. Hacer una película por encargo es lícito, pero a mí no me interesa”.

-Una de sus relaciones artísticas y profesionales me llama especialmente la atención, la que mantuvo con Manoel de Oliveira. Su última colaboración fue en ‘El extraño caso de Angélica’, que se estrenó cuando el cineasta portugués ya contaba con 102 años. ¿Cuál fue la principal enseñanza que recibió de él?
“Ninguna compañía de seguros quería asegurarlo [ríe], pero tenía las pilas bien cargadas y era un modelo de resolución. Los rodajes de sus películas estaban perfectamente diseñados, algunos de ellos incluso dibujados, para que otra persona lo pudiese relevar en el caso de que se produjera su fallecimiento. Para mí era un ejemplo en muchos sentidos. Primero, de que la edad es una ficción. Mientras uno esté vivo, siempre puede aportar creativamente. Y si tiene la capacidad, debe poder hacerlo. También fue un ejemplo de ética, en el trato con las personas y en la manera de hacer, y de rigurosidad. Su cine tenía un perfil nada comercial y muy asociable al alma portuguesa, y no hacía concesiones en ese sentido”.

“Buscar un público amplio no debe primar sobre la calidad ni la sinceridad; no me interesan esos proyectos”

-Usted ejerció también como crítico, un oficio que podría entenderse como la reflexión compartida que hace un espectador sobre aquello que ve en la pantalla. ¿Cómo ha transcurrido su vínculo con el cine?
“Ejercí de crítico siendo muy joven, en Dirigido por y en Destino, y también escribí artículos en alguna que otra revista más. Era un hobby, porque yo trabajaba en publicidad. También ayudé a formar dos cineclubs y a fomentar las sesiones de cine al otro lado de la frontera hasta la muerte de Franco. Me moví en ese ambiente y luego, a la que pude, cree la productora Eddie Saeta y me fui dedicando cada vez más al cine desde dentro. Todo esto me sirvió para reflexionar acerca de que es muy difícil e injusto criticar una película, por el gran esfuerzo que hay detrás, que normalmente no se conoce. Y también me permitió aprender muchas cosas, como aquello de que al decidir dónde va la cámara ya estás haciendo política. Cómo trabajas con los actores, dónde sitúas esa cámara, qué historias estás contando… Todo eso debes tenerlo muy en cuenta, pues forma parte de tu responsabilidad hacia los demás. Lo que hacemos queda en el ambiente. Lo malo y lo bueno”.

TE PUEDE INTERESAR