La inteligencia artificial ya no es una promesa de futuro: está en los móviles, en las aulas, en el trabajo… en la vida en general. Para Nino Cervera (43 años), docente y formador tinerfeño, el debate no pasa por decidir si la IA debe usarse o no en las aulas de las Islas, sino por algo mucho más complejo: cómo integrarla sin renunciar al pensamiento crítico y la educación real.
“La IA es como un tsunami”, resume a DIARIO DE AVISOS. “Ha llegado y tú puedes decidir darle la espalda y que te revuelque o intentar surfearlo de alguna manera”, esboza una sonrisa.
Desde su experiencia, Cervera insiste en que la escuela no puede vivir de espaldas a una tecnología que ya forma parte del día a día. “Si educamos para la vida -y si no, no tiene sentido-, la inteligencia artificial tiene que estar presente. La pregunta no es si sí o si no, sino de qué modo”.
Ese “cómo” es la clave. Según explica el docente isleño, el aprendizaje no está en la herramienta, sino en lo que el alumnado hace con ella. “Está demostrado desde la psicología educativa que el aprendizaje es el resultado de lo que el estudiante hace y piensa. Y solo de eso”.
“El ‘dime las partes de la célula’ no nos obligaba a pensar”
“Si se utiliza para responder de manera automática, copiar y entregar, está castrando el pensamiento. Pero eso ya pasaba antes: el ‘dime las partes de la célula’ no obligaba a pensar tampoco”, reflexiona Nino Cervera.
En su opinión, la solución pasa por cambiar el enfoque: más debate, más oralidad, más defensa de ideas. “Aprender haciendo y pensando”. Y es que la IA, bien usada, puede ser un “aliado” en ese proceso, no un sustituto.
“La clave no es la herramienta, es la metodología”, insiste, recurriendo a una comparación muy gráfica: “Un cuchillo es bueno o malo según cómo lo uses. Es bueno si lo usas para cocinar y malo si te dedicas a clavárselo a la gente”.
Riesgos reales
Cervera reconoce que la inteligencia artificial también tiene riesgos importantes. El principal, delegar decisiones. “Si empiezas a dejar de pensar por ti mismo, se homogeneiza el pensamiento. La IA no puede pensar por ti. Puede errar”.
Por eso defiende un uso crítico de este tipo de herramientas, entre las que se encuentran Chat GPT, Grok o Gemini. Para el profesor isleño es obligatorio contrastar, desconfiar, entender límites. “Hay que aprender a usarla a tu favor, no a delegar el pensamiento en ella”.
El otro debate: redes sociales y menores
En un contexto en el que se debate elevar la edad mínima para el uso de las redes sociales, Nino Cervera habla sin pelos en la lengua: “Vivimos en una orfandad digital”.
“Hemos enchufado un móvil a niños muy pequeños sin acompañamiento. Les hemos dado estímulo, dopamina, luz y color, pero no educación. Y ahora, como hay riesgo, prohibimos”.
Para él, prohibir sin educar no funciona. “No dejas de beber alcohol porque esté prohibido, sino porque sabes las consecuencias”. A su juicio, puede haber límites, sobre todo cuando el cerebro está en desarrollo, pero siempre con acompañamiento. “Prohibir hasta los 16 y luego entregar el móvil sin educación previa no soluciona nada”.
Además, rechaza que sea solo un problema juvenil. “Hay mucho adultismo. Adultos que quieren prohibir mientras usan el móvil ocho horas al día”. Y apunta también a las grandes tecnológicas: “No es solo un problema adolescente, es global”.
La IA y el profesorado: menos burocracia, más educación
En el ámbito docente, Cervera subraya un aspecto menos visible del debate: el impacto de la IA en el bienestar del profesorado. “Puede aligerar la burocracia, la corrección, la evaluación. Te permite personalizar o crear materiales distintos para diferentes niveles”.
El ahorro de tiempo es clave. “Antes tardaba diez horas en preparar una presentación; ahora una. ¿Qué hago con las otras nueve? Estar mejor, tener más salud mental y hacer mejor mi trabajo”.
Ese tiempo, sostiene, debería destinarse a lo verdaderamente importante: “Diseñar clases inolvidables, aumentar el pensamiento crítico o convertir el aula en una experiencia social”.
Lo que la IA no podrá sustituir
Antes de despedirse, el profesor y formador tinerfeño apunta que “la IA puede dar respuestas, pero no puede sustituir la empatía, la comunicación entre personas, la gestión emocional, la ética o el sentimiento de pertenencia”.
Por eso lanza una advertencia que resume toda su posición: “La tecnología es un empleado útil, pero un jefe peligroso. Hay que tenerla como empleado y no como jefe”.








