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Antonia Molinero: “La literatura juvenil no tiene por qué ser menor: puede mirar al dolor sin edulcorarlo”

La escritora, que dirige la Escuela Literaria de Tenerife, surgida en 2004, publica en Ediciones La Palma la novela 'Cochinita'
La escritora Antonia Molinero. / Miguel Ángel Roldán

Antonia Molinero (Madrid, 1964) acaba de publicar Cochinita (Ediciones La Palma), una novela juvenil en la que, a través de su protagonista, Cixi, aborda un periodo de nuestras biografías, el de la adolescencia, cuya complejidad a menudo aparece minusvalorada. En esta charla con DIARIO DE AVISOS, la fundadora y directora de la Escuela Literaria de Tenerife, una experiencia formativa que en 2026 cumple 22 años, relata la razón de ser de este nuevo libro, presentado el viernes en el Centro de Información Juvenil (CIJ) del Cabildo de Tenerife. Una motivación que tiene que ver con el deseo de contribuir a romper los espacios de silencio que invaden a la adolescencia y con la facultad de la literatura para “nombrar lo que duele y no se ha dicho o no se ha sabido decir”. Que también es una manera de superarlo y seguir adelante.

-‘Cochinita’ se presenta como una novela de formación en torno a una adolescente y la necesidad de hallar su lugar en el mundo, pero ¿cuál fue el punto de partida de este relato?
Cochinita nace de una urgencia. De la necesidad de dar voz a una adolescente y poner en su boca palabras que a su vez hablan de otros adolescentes. En los jóvenes hay muchos espacios de silencio que no ayudan en nada. Ante los problemas que les afectan en esa etapa de la vida, en lugar de mentirles, debemos escucharles. Una parte importante de mi trabajo se desarrolla con jóvenes, creando espacios seguros y de confianza que tienen que ver con lo literario. Ahí comprobé que, en ocasiones, sus textos no son de ficción, sino que tienen que ver con sus vidas, que a menudo resultan complicadas”.

-El abandono, el acoso, la sexualidad, el amor, la diferencia, el racismo… ¿En qué consistió el desafío de imbricar estas y otras cuestiones en la historia de Cixi, la protagonista?
“Reunir todos esos temas en una novela podría parecer exagerado. Sin embargo, estaban presentes de forma natural en las circunstancias de Cixi. No se trató de sumar problemas, pero lo cierto es que cuando eres adolescente se te acumulan. Con este personaje, cuyo origen está en Chinita [su primera novela, publicada en 2019], hablamos de una joven china que en su día fue adoptada. Ahí, de entrada, aparece el tema del racismo, a lo que se añade que su novio es un chico negro, un migrante africano. Esta realidad la podemos comprobar de primera mano, al observar cómo no todo el mundo mira estupendamente a los migrantes. Ese era un conflicto que quise abordar en el libro. Pero hay otros, como las relaciones familiares tóxicas, que es un asunto que también está muy silenciado y es un melón que hay que abrir. A los adolescentes no les damos la voz, pero cuando empiezan a hablar, podemos quedarnos con la boca abierta”.

“Contar las cosas con la mayor verdad; escribir sirve para nombrar lo que duele y no se ha dicho o no se ha sabido decir”

-Al adoptar la mirada de una adolescente, ¿qué ha sido más importante para la escritora, su propia memoria o su relación con los jóvenes en el presente?
“La relación con los jóvenes. Cixi es una joven de hoy, por lo que su lenguaje no podía ser igual al mío. Son radicalmente distintos. Así que debí emprender una especie de estudio acerca de su manera de expresarse. También se ha tratado de una escucha activa hacia estos jóvenes que me han relatado sus problemas o me los han puesto por escrito. Diría que eso ha sido lo más complicado: adoptar ese lenguaje, esas palabras que muchas veces la gente de mi generación no entiende. Y quise combinar ese lenguaje con el de la abuela de Cixi, que se manifiesta desde su conciencia, porque ya ha fallecido. Mostrar cómo resuena en su mente la voz de quien sí la escuchó. Los abuelos suelen ser los que mejor escuchan. Esta es una novela no solo para jóvenes. También ha sido escrita para recordarnos lo que significó para nosotros ser jóvenes. Mi generación se callaba muchas cosas, al igual que la generación actual”.

-¿Y qué permanece, qué es una constante entre la adolescente que fue y lo que contempla en los jóvenes de hoy?
“Ese silencio. Un silencio que no protege. Por eso escribí este libro, porque creo que la protección viene al ponerle palabras a lo que les duele. El personaje de Cixi nace de la necesidad de contar lo que durante años se calla por miedo. La literatura juvenil no tiene por qué ser menor: puede mirar de frente a ese dolor sin edulcorarlo. Es lo que hay que hacer, en lugar de quitarle importancia con aquello de ‘bueno, esto se te pasará’, ‘es que eres una adolescente y no entiendes el mundo’… Sí, vale, pero es que lo estás viviendo ahora y la adolescencia dura bastante. No quise suavizar la adolescencia, sino contarla con toda la verdad que me fue posible. La literatura sirve para nombrar lo que duele y no se ha dicho o no se ha sabido decir”.

“Cochinita’ nace de la urgencia de dar voz a una adolescente y poner en su boca palabras que a su vez hablan de otros jóvenes”

-La abuela de Cixi es un fantasma. ¿Qué papel desempeña en la vida de la joven, en contraste con la compleja relación que mantiene con sus padres?
“La abuela fue la única que la escuchó cuando era niña. Al fallecer, hay un vacío. Cixi tuvo una relación tan buena con ella que de algún modo sigue presente en su ADN. Eso lo reflejo en frases que piensa. Se trata de acordarte, en momentos de dificultades, de quien te aconsejaba. La voz de la abuela representa a esa figura que te cuida cuando nadie más lo hace. Es un fantasma, una conciencia que resuena en tu mente, alguien que viene para sostenerte”.

-¿Cómo es ese vínculo amoroso entre Cixi y Himmi? ¿Qué tipo de relación quiso mostrar?
“No quería presentar al amor como una tabla de salvación ni como la llegada de un príncipe azul. No, lo que busqué es mostrar a Himmi como alguien que ve cómo eres, que te ama con lo que tienes. El de ella es un amor juvenil hacia alguien que sabe escuchar, como su abuela. Alguien que también ha sufrido y sabe que la vida no es fácil. Himmi posee, básicamente, un papel de escucha. En ocasiones le cuenta su historia, la de un joven migrante que llega a España. Él fue acogido por una congregación religiosa. Le gusta mucho la música, es dj, y, más que a hablar, está acostumbrado a escuchar. Esta relación también me sirve para abordar el tema del sexo juvenil. Con el descaro que el sexo presenta en los jóvenes, pero con el respeto absoluto que él muestra hacia ella. Con un modelo de masculinidad por el que Cixi también lo ama. Quizás sea el elemento más o menos idílico que tiene el relato, porque el amor es una de las pocas cosas que le salen bien. Otro tema es el de la maternidad temprana. Y ahí, claro, hay otro conflicto”.

“Esta no es una obra dirigida solo a los jóvenes, también ha sido escrita para recordarnos qué significó para nosotros serlo”

-Usted creó y dirige la Escuela Literaria de Tenerife. ¿Está presente en la escritora la mirada de quien dedica buena parte de su tiempo a ayudar en la expresión de la creatividad de otros o más bien son ámbitos completamente diferentes?
“Transcurren de forma paralela. Lo que ocurre es que en la escuela dedico tanto tiempo a enseñar a escribir que no lo tengo para hacerlo yo [ríe]. Por eso esta novela ha tardado tanto: cinco años. Solo he podido escribir durante los huecos que tenía los fines de semana. Conseguir esa voz juvenil que buscaba no ha sido fácil. Quería que no rechinase en ningún momento y creo que lo he conseguido. Eso, en lo que respecta a la parte técnica. Lo interesante fue sacar esa voz para poder visibilizar una serie de problemas juveniles que están ahí y, a mi juicio, no son atendidos por la sociedad”.

-¿Y como escritora necesita tener todo concretado antes de ponerse a plasmar un relato o es un proceso que, a grandes rasgos, consiste en dejarse llevar?
“Es un proceso en el que se dan los dos caminos. Por un lado, debes tener muy claras una serie de cuestiones. Saber quién es tu personaje, conocerlo a la perfección, es lo más complejo. Si una novela no tiene un personaje, no es una novela. Hay una parte técnica que es muy importante; llené dos cuadernos de apuntes previos sobre Cochinita. Luego, una vez que tienes el alma del personaje, la historia va fluyendo. No lo conoces todo, porque si así fuera te aburrirías. Tienes que dejar que te sorprenda tu propia novela, sin que por ello pierda coherencia, claro. De manera que, como digo, los dos caminos son importantes. Por eso creo también que es esencial que alguien te asesore un poco. Y luego ya tú, con tu capacidad, te pongas a escribir. La parte técnica es fundamental. En absoluto estoy de acuerdo con eso de que todo vale. Y no digo que haya que ir a una escuela literaria sí o sí, pero deberías de tener a alguien que te ayude. Por eso mezclo la escuela con el hecho de ser escritora”.

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