cultura

Ángela Banzas: “No concibo la vida sin escribir; es mi forma de moldear el mundo, lo que entiendo y lo que no, lo que quiero cambiar a través de las palabras”

La escritora ha presentado en Tenerife, en el Teatro El Sauzal, 'Cuando el viento hable', la novela finalista del Premio Planeta
La escritora gallega Ángela Banzas. / Javier Ocaña

Ángela Banzas (Santiago de Compostela, 1982) presentó el pasado miércoles en el Teatro El Sauzal Cuando el viento hable, la novela con la que resultó finalista del Premio Planeta 2025. Un encuentro en Tenerife con las lectoras y los lectores en el que estuvo acompañada por Juan del Val, ganador del certamen literario con Vera, una historia de amor. En esta entrevista con DIARIO DE AVISOS, la escritora gallega, que debutó en la novela hace apenas cinco años y desde entonces ha publicado otros tantos títulos, aborda la razón de ser de una obra que es definida como una exploración del “poder de la imaginación frente al horror, y el amor como última esperanza”. Pero también habla de cómo concibe su literatura, construida a partir de tres capas, que denomina alma, corazón y piel.

-Quizás podemos decir que ‘Cuando el viento hable’ trata de la imaginación, de la imaginación que se construye a través de las palabras, como contrapeso a un mundo que no es justo. ¿Cuánto de importante es la literatura en la vida de Sofía, la protagonista de su novela?
“Es muy importante. Ella encuentra en la literatura un refugio; le permite evadirse de todo lo que está viviendo y también, sobre todo, le da las herramientas que necesita para imaginar sus propias historias. Dentro de la novela, su padre comienza leyéndole las Meditaciones de Marco Aurelio y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll. Esas son las dos únicas obras literarias que se mencionan en Cuando el viento hable. De algún modo, estas lecturas tienen como finalidad forjar el carácter de Sofía. Por un lado, brindarle esa resistencia, ese estoicismo, y, por otro, la capacidad de imaginar para atravesar el espejo y encontrar una habitación cálida en la que siempre se va a poder refugiar”.

“Sofía, mi personaje, se enfrenta a los miedos que paralizan, no solo a una niña, sino a la sociedad de aquel tiempo”

-En esta novela retrata un tiempo gris, el de la España de la posguerra. ¿Qué posibilidades le brindaba ese escenario y esos silencios impuestos frente a la curiosidad de una niña que no deja de hacerse preguntas?
“Lo que considero más original es justo eso: mostrar la mirada de la infancia. Cómo Sofía se va haciendo preguntas y cómo únicamente se va encontrando con silencios. No hay respuestas, pero aun así ella, y esto está relacionado con esa forma de ser que comentábamos antes, continúa buscándolas durante todo el tiempo que abarca la novela y al final acabará encontrándolas. Es una manera no solo de dar sentido al silencio, sino también de enfrentarse a los miedos que paralizan. Que paralizan a una niña y paralizan a una sociedad, la de aquel tiempo”.

-Como usted ha señalado, el ingreso de la protagonista en el Hospital Real de Santiago es un reflejo literario de la propia experiencia de la autora. Un hospital es un lugar en el que el tiempo se ha detenido. Sin embargo, en su historia eso no quiere decir que ahí no pasen muchas cosas…
“Tenía la necesidad de volver a transitar un episodio que viví durante la infancia. Cuando en la novela Sofía pasa un tiempo en el hospital, ese lugar, el Hospital Real de Santiago de Compostela, que se levantó para dar cobijo a los pobres peregrinos en el siglo XVI, representa mucho más que la función que cumple en la realidad en la que se ubica Cuando el viento hable. Allí el tiempo es de piedra, como sus paredes, pero además ese lugar simboliza la parte más oscura de la época que están viviendo. Todo eso lo recogen las sensaciones que siente la protagonista, principalmente. No obstante, resulta curioso que allí también sea donde encuentra la esperanza, una esperanza que se puede entender como el sentido de la vida. Siempre digo que en los hospitales unos llegan, otros se van y todos esperan. Eso se aprecia muy bien en las miradas que se anclan a las ventanas. No a otro lugar, sino a las ventanas. Como si fueran la promesa de un mañana más esperanzador”.

“Esta novela transcurre en Galicia porque puse la mirada en mi niñez y en el lugar donde crecieron mis emociones”

-En ese hospital Sofía conoce a Julia. ¿Cómo definiría esa relación de amistad? ¿Qué le aporta la una a la otra?
“Muchísimo. Esto de algún modo es el reflejo de todo lo que en ocasiones nos pueden marcar ciertas personas, aunque no pasen demasiado tiempo en nuestras vidas. Sofía le entrega a Julia las herramientas que posee gracias a su padre, un bibliotecario: la capacidad de imaginar, de dar color a esas paredes que, por desgracia, son las únicas que Julia conoce, pues lleva toda su vida encerrada en un hospital. Le da la capacidad de cerrar los ojos e imaginar su propia noche esmaltada y cubrirla de estrellas, como una Sherezade más. En el caso de Julia, en cambio, ella no tiene esperanza, sino algo que va más allá: optimismo. Posee esa cualidad de mirar por la ventana y ver siempre el sol tras las nubes. Eso es algo que le sorprende a Sofía: cómo esa niña es capaz de disfrutar de la lluvia y de la promesa de sol. Esto es lo que se van dando mutuamente. Una la ayuda a vivir en el presente y la otra le entrega futuro”.

-Galicia, la tierra en la que nació, siempre está presente en sus novelas. ¿Se trata de una decisión premeditada, por decirlo de alguna forma, o es el propio acto de escribir el que le va llevando hasta ella?
“Premeditado cuando escribo suelo tener más bien poco. Pero sí que es cierto que esta novela en concreto, como también, aunque de otra manera, las anteriores, tenía que transcurrir en Galicia porque para escribirla he mirado a mi propia infancia, he lanzado la mirada hacia mi niñez que, como diría Rilke, es mi patria. En Galicia es donde han crecido mis emociones y por eso me siento muy vinculada a ella. Cuando escribo, trabajo con todos los sentidos. Procuro tenerlos muy activos para justamente proporcionar al lector una inmersión, digamos, multisensorial. Que quien lea sienta la humedad, el frío, la bruma… Que experimente, en definitiva, Galicia. Y aquí, en Cuando el viento hable, Santiago y esa mirada atlántica hacia el fin del mundo”.

-Al observar su trayectoria, llama la atención que sus cinco novelas las haya escrito en los últimos cinco años. Pero uno supone que la vocación literaria nació mucho antes. ¿Recuerda ese momento en el que decidió que iba a dedicarse de manera plena a la escritura?
“Sí, para mí fue un momento de cierta valentía. Cuando publiqué mi primera novela [El silencio de las olas (2021)] y observé la acogida tan positiva que obtuvo esa historia por parte de los lectores, decidí hacer una apuesta por dedicarle mi tiempo a algo que me ha apasionado siempre. No concibo la vida sin escribir, es la forma que tengo de moldear el mundo, lo que entiendo y lo que no entiendo, lo que quiero cambiar a través de las palabras”.

“En mi cabeza hay muchos personajes haciendo cola, al igual que muchas historias que están deseando cobrar vida”

-Una historia puede contarse de muchas maneras. Usted, en buena medida, ha escogido el misterio, el suspense, para construir sus tramas. ¿Qué ha encontrado en esta forma?
“Yo escribo en capas, que en mi caso se llaman alma, corazón y piel. En el alma siempre estoy pensando en ese sustrato, en ese poso, que como autora necesito atravesar, trabajar, y que también me gustaría que se quedase en el lector, tanto en lo que tiene que ver con una caricia como en lo que puede entenderse como una agitación, que pueden ir de la mano. Luego está el corazón, que es donde están los personajes, que para mí es lo más importante de cada novela que escribo y me preocupo mucho de que estén bien construidos. Y también está la piel. Soy consciente de los tiempos que vivimos y de que necesitas atrapar desde el primer momento a quien se pone a leer tu libro. Me gustan las ambientaciones ligadas al suspense, la intriga, el misterio, que resultan muy útiles para animar al lector a seguir leyendo, para continuar avanzando dentro de una novela. Me atrae trabajar con las emociones, pero esa mezcla entre sentimientos y misterio también la disfruto en calidad de lectora. Con esa intuición escribo para ofrecérsela a los lectores de mis novelas”.

-En medio de todo lo que ha supuesto el ser finalista del Premio Planeta, ¿ha habido tiempo para que surjan nuevas ideas, esbozos de nuevos relatos?
“Pues sí. De hecho, ya estoy trabajando en una nueva novela y, en medio, he tenido ideas para más. Lo que siempre me cuesta es decantarme por una historia o por otra. Creo que a raíz de comenzar más tarde a escribir novela, pues desde niña ya escribía, pero poesía, tengo a muchos personajes haciendo cola y muchas historias dentro de mi cabeza que están deseando cobrar vida. Me lo paso muy bien. Ahora necesito algo más de tiempo, pero en mi mente ya se están gestando nuevos relatos”.

TE PUEDE INTERESAR