El PP de Madrid -ese vivero de pijos de medio pelo con código postal premium- ha decidido elevar su tolerancia al ridículo. Porque esta vez los motes no vienen dados por la prensa, ni siquiera por la oposición: se los ponen ellos solitos. Con orgullo. Entre copa y copa, al parecer, así se refieren públicamente los unos a los otros. Ahí están los Pocholos, que iban de élite técnica hasta que salieron por la puerta de atrás del gabinete de la presidenta. Vintage del bueno. En plena expansión, los Panceta, nuevo núcleo duro y orgulloso de serlo. No es fácil declararte miembro de “los Panceta” mientras pagas tres mil euros de hipoteca en el barrio de Salamanca, pero el PP madrileño siempre encuentra formas creativas de rebajar el listón. Y al fondo, los Serrano, vieja guardia con mando en la fontanería interna. Todo bajo la atenta mirada de Isabel Díaz Ayuso y su fiel escudero Miguel Ángel Rodríguez, que dirige la criba con entusiasmo quirúrgico. En el PP de Madrid no hay corrientes ideológicas: hay casting de lealtades con nombres de charcutería fina. Luego se preguntan por qué cuesta tomarlos en serio.
Ayuso y su charcutería fina: ‘Pocholos’ en fuga, ‘Pancetas’ al mando y ‘Serrano’ en la trastienda
Esta vez los motes no vienen dados por la prensa, ni siquiera por la oposición: se los ponen ellos solitos





