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Liliana Fernández se sincera en “Tras la meta”, adiós a la arena olímpica y hola a una nueva etapa

Cuatro Juegos, una vida en la arena

Liliana Fernández no necesita presentación para cualquiera que haya seguido el vóley playa en España. Pero escucharla en el último episodio de “Tras la meta” es otra cosa… porque aquí no habla solo la atleta: habla la persona. La jugadora repasa su recorrido tras haber competido en cuatro Juegos OlímpicosLondres 2012, Río 2016, Tokio 2020 y París 2024— y pone palabras a un momento delicado: cerrar una carrera de leyenda para abrir nuevos caminos, más personales, más familiares.

Sin dramatismos. Con una serenidad que, curiosamente, también se entrena.

Una inspiración infantil: Atlanta 96 como punto de partida

En la entrevista, Liliana se va a sus orígenes. Cuenta que su amor por el deporte nació viendo por televisión los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Aquella niña que soñaba con estar algún día en un estadio olímpico no tenía, además, demasiados espejos en los que mirarse: por entonces el vóley playa femenino español aún no contaba con referentes que marcaran el camino.

Aun así, se lanzó. Y lo hizo desde un lugar muy reconocible: la frustración de los comienzos. Reconoce que al principio “no le salían las cosas” en la arena, pero convirtió esa sensación en gasolina. En lugar de abandonar, se lo tomó como un desafío personal: mejorar, insistir, aprender. El resultado fue Londres 2012, el sueño cumplido.

Klagenfurt, 8.000 voces y una derrota inolvidable

Entre los recuerdos más potentes de su carrera, Liliana destaca uno que todavía le pone la piel de gallina: la final del Campeonato de Europa en Klagenfurt. Perdieron, sí, pero el escenario —con 8.000 personas volcadas— fue una experiencia que se queda grabada para siempre. “De esas que no se olvidan”, viene a decir, porque el deporte también es eso: momentos que te superan y te colocan en un lugar único.

La “oficina” frente al mar y una vida construida alrededor del deporte

Fernández habla del vóley playa como algo más que competición. Para ella ha sido una forma de vivir, un entorno diario hecho de arena, mar y viajes. Y también, un lugar donde pasó lo más importante fuera del marcador: conoció a su marido y formó una familia. Cuando define la pista como su “oficina” y recuerda que no todo el mundo puede decir que trabaja con el mar enfrente, suena a despedida bonita… de esas que duelen un poco, pero dejan paz.

Alimentación: “menos miedo” y más sentido común

Otro de los puntos llamativos del episodio llega cuando Liliana se detiene en la nutrición. La jugadora intenta derribar un mito habitual: el temor a los carbohidratos. Explica que, para una persona activa, son una fuente esencial de energía y defiende una alimentación equilibrada, tanto en deportistas como en familias, con una idea sencilla: comer bien no es prohibir, es entender y ajustar.

El final del ciclo olímpico y un proyecto familiar en marcha

Tras París 2024, Liliana confirma su decisión de no pensar en Los Ángeles 2028. El motivo no tiene que ver con falta de ambición, sino con cambiarla de sitio: quiere dedicar más tiempo a su familia y, especialmente, apoyar el proyecto profesional de su marido, que ha estado a su lado durante años.

Ahora ambos están centrados en un negocio familiar de fisioterapia y podología, un reto que él llevaba tiempo persiguiendo. Liliana lo resume de forma clara: toca parar… y empezar a disfrutar de otras metas, igual de grandes aunque no se midan en medallas.

Próxima invitada: Noelia Ramos

El episodio se despide con un avance del siguiente programa: Noelia Ramos, que hablará de su experiencia como Guante de Oro en el Mundial Sub-17. Otra historia de alto nivel… pero, como siempre, contada desde dentro.

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